China no ha construido un puente entero de bambú, y ese matiz es importante. Lo que sí ha hecho es usar paneles compuestos de bambú en una parte muy visible del puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, la gran infraestructura de 55 kilómetros que une Hong Kong, Zhuhai y Macao y que está considerada el paso marítimo de puente y túnel más largo del mundo.
La noticia llama la atención porque esos paneles llevan instalados desde la apertura del puente en 2018 y, según Science and Technology Daily, han soportado exposición solar, corrosión marina y tifones durante más de seis años. En una zona donde el salitre se come casi todo y el clima no perdona, no es poca cosa.
El récord no está donde parece
El puente Hong Kong-Zhuhai-Macao no es una pasarela cualquiera. La web oficial del proyecto explica que sus 55 kilómetros incluyen la carretera de enlace de Hong Kong, el puente principal y la carretera de enlace de Zhuhai. En el tramo entre el puerto de Hong Kong y los puertos de Zhuhai y Macao, el recorrido ronda los 42 kilómetros.
En la práctica, esto permite reducir mucho los tiempos de viaje en el delta del río Perla. La propia página oficial indica que el trayecto de unos 42 kilómetros puede hacerse en unos 40 minutos. Antes, moverse entre estas zonas podía convertirse en un viaje largo, con ferris, esperas y bastante más paciencia.
Pero el dato más ecológico de esta historia no está en el tamaño del puente. Está en un detalle más pequeño, casi escondido bajo los pies de quienes pasan por sus plataformas paisajísticas.
Dónde entra el bambú
Según Science and Technology Daily, la superficie de las plataformas paisajísticas de las islas artificiales del puente se cubrió con paneles exteriores de bambú de alta durabilidad. La zona alcanza más de 20.000 metros cuadrados, una escala suficiente como para probar el material fuera del laboratorio.
La clave está en que no se trata del bambú tal como lo imaginamos en una caña natural. Son paneles compuestos, procesados para resistir mejor la humedad, el sol y el uso diario. Es decir, bambú transformado en material de construcción.
Desde 2018, esos paneles han estado expuestos a condiciones duras. Sol intenso, aire marino, agua salada y tifones. El informe citado por el medio chino asegura que se han mantenido firmes tras más de seis años de servicio. Y eso cambia la conversación.
Por qué China mira al bambú
El bambú crece rápido, tiene buena resistencia y puede usarse para sustituir madera, plástico o algunos materiales más intensivos en carbono en determinadas aplicaciones. No sirve para todo, claro. Nadie debería pensar que va a reemplazar de golpe al acero en un viaducto de esta escala.
Pero sí puede ocupar espacios donde hoy se usan materiales más contaminantes o menos renovables. Suelos exteriores, paneles, cubiertas, mobiliario urbano o elementos no estructurales son algunos ejemplos más realistas. Ahí es donde el bambú puede empezar a jugar fuerte.
China tiene además una ventaja evidente. Science and Technology Daily señala que el país es el mayor productor y exportador mundial de bambú, con una industria que generó 541.200 millones de yuanes en 2023 y exportaciones superiores a 16.000 millones de yuanes. También cuenta con más de 6,67 millones de hectáreas de bosques de bambú.
El problema es la durabilidad
El bambú tiene un punto débil muy claro. Al crecer rápido y contener almidones y azúcares, puede pudrirse o llenarse de moho si no se trata bien. Cualquiera que haya dejado madera o fibras vegetales a la intemperie lo entiende rápido.
Por eso, el avance no está solo en elegir bambú, sino en procesarlo mejor. El equipo de Lou Zhichao, de la Universidad Forestal de Nanjing, trabaja desde 2016 en tecnologías de bambú reconstituido de bajo carbono. Entre ellas aparece una técnica de pirólisis suave que busca retirar nutrientes internos sin destruir la celulosa.
Lou lo explicó de forma directa. «La nueva técnica de pirólisis suave fue diseñada para reducir a más de la mitad tanto la temperatura como el tiempo del tratamiento térmico, además de recortar el consumo de energía». Si ese proceso se consolida, el bambú dejaría de ser solo un material bonito para convertirse en una opción industrial más seria.
Una obra verde con matices
Aquí conviene no dejarse llevar por el brillo del récord. Que una parte del puente use bambú no convierte automáticamente a toda la infraestructura en ecológica. Un puente de 55 kilómetros sobre un estuario tiene impactos, ocupa espacio y cambia un territorio muy sensible.
De hecho, un estudio de la Universidad China de Hong Kong publicado en 2025 alertó del fuerte impacto humano sobre los delfines blancos chinos en aguas del norte de Lantau. La investigación cita la pérdida de hábitat por rellenos, el tráfico marítimo rápido y la contaminación, e incluye entre los cambios de la zona la isla artificial del puente Hong Kong-Zhuhai-Macao. La población de delfines blancos chinos en Hong Kong pasó de 158 individuos en 2003 a 37 en 2020, según los datos recogidos por la universidad.
También hay estudios que ofrecen una lectura más matizada. Una investigación publicada en Frontiers in Marine Science analizó avistamientos antes, durante y después de la construcción y señaló que las aguas próximas al puente seguían siendo un hábitat importante para estos delfines, aunque también reconoció que la reducción de actividad humana durante la pandemia pudo influir en algunos resultados.
Qué puede cambiar
La lección más interesante no es que el mundo vaya a llenarse de puentes gigantes de bambú. Eso sería exagerar. Lo importante es que un material vegetal, bien tratado, puede resistir en una infraestructura marítima real durante años.
Para la construcción sostenible, ese detalle pesa. Las ciudades necesitan suelos, paneles, cubiertas y elementos urbanos que aguanten calor, lluvia, humedad y uso constante. Si parte de esos materiales pueden venir de recursos renovables y con menor huella de carbono, la factura ambiental baja. Poco a poco, pero baja.
El puente Hong Kong-Zhuhai-Macao sigue siendo una megaobra de acero, hormigón, túneles e islas artificiales. Pero sus plataformas de bambú dejan una pregunta abierta. ¿Cuántos materiales naturales hemos descartado demasiado pronto solo porque no sabíamos tratarlos bien?
El comunicado sobre el uso de bambú en esta infraestructura ha sido publicado por Science and Technology Daily.












