España introduce por primera vez bisontes europeos en monte público pese a las advertencias de los biólogos y ya hay 9 pastando en Guadalajara

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Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 20:38
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Nueve bisontes europeos en el recinto de adaptación del proyecto de introducción en monte público de Guadalajara.

Nueve bisontes europeos pastan ya en El Recuenco, un pequeño municipio de Guadalajara situado en el entorno del Alto Tajo. No han llegado allí por accidente. Forman parte de un proyecto impulsado por Rewilding Spain, con apoyo del Ayuntamiento y de varias entidades científicas, para estudiar si esta especie puede adaptarse a ecosistemas mediterráneos y ayudar en la gestión de la vegetación.

La imagen es poderosa, casi de documental. Pero detrás de esos animales grandes, tranquilos y llamativos hay una pregunta incómoda. ¿Estamos restaurando naturaleza o estamos creando una versión nueva de ella? El problema es que el bisonte europeo no está reconocido como especie extinguida en España, y el propio Comité Científico del MITECO ya recomendó no incluirlo en ese listado por falta de pruebas.

Un experimento vigilado

El proyecto de El Recuenco no es una suelta libre sin control. Según Rewilding Spain, los nueve ejemplares, cinco hembras y cuatro machos, proceden de una finca privada de El Espinar, en Segovia, donde ya vivían en semilibertad y estaban aclimatados a condiciones de la meseta.

Tras un periodo inicial de adaptación, la manada vivirá en una parcela de monte público de 400 hectáreas, propiedad del Ayuntamiento, con cercado perimetral. Los animales están geolocalizados con GPS y dos miembros del equipo de Rewilding Spain harán seguimiento permanente sobre el terreno. No es poca cosa.

La parte científica también es relevante. El estudio analizará hormonas, inmunoglobulinas y dieta a partir de muestras fecales, además del impacto de los bisontes sobre la vegetación leñosa. En la práctica, se quiere saber si estos grandes herbívoros pueden funcionar como una herramienta más para mantener el monte menos cerrado y más resistente al fuego.

El problema de Altamira

El gran símbolo que pesa sobre esta historia es Altamira. Muchos lectores piensan en los bisontes pintados en la cueva y dan por hecho que se trata del mismo animal. Pero ahí empieza el lío.

El Comité Científico del MITECO recordó en 2020 que la presencia prehistórica documentada en España corresponde al bisonte de estepa, Bison priscus, ya extinto, y no al bisonte europeo actual, Bison bonasus. Por eso concluyó que no había base científica suficiente para tratar al bisonte europeo como especie extinguida en España ni para darle cobertura como reintroducción oficial.

Esto no significa que el debate esté cerrado para siempre. La ciencia avanza a golpe de huesos, ADN y paciencia. Pero, con las pruebas disponibles hasta ahora, presentar al bisonte europeo como un simple «regreso» a la fauna ibérica es, como mínimo, demasiado rápido.

Lo que dicen los críticos

La postura crítica no se limita a una discusión de nombres. En 2024, un grupo de 40 investigadores de 25 universidades y centros de investigación de nueve países publicó un artículo en Conservation Science and Practice en el que desaconsejaba incorporar el bisonte europeo a la fauna ibérica.

Según esa lectura, el animal no puede restaurar hábitats perdidos en España ni cumplir mejor que herbívoros autóctonos o ganado extensivo funciones como controlar matorral, prevenir incendios o ayudar frente al cambio climático. El argumento de fondo es sencillo. Si ya hay especies adaptadas al territorio, ¿por qué traer otra que necesita cercados, vigilancia y manejo constante?

El debate siguió en 2026 con una respuesta científica en la misma revista. Los autores críticos defendieron que la gestión del bisonte europeo exige pruebas sólidas y una evaluación prudente de riesgos, y señalaron que las hipótesis favorables aún no aportan una confirmación clara sobre la presencia pasada de Bison bonasus en Iberia.

El argumento a favor

Los promotores miran la cuestión desde otro ángulo. No hablan solo de historia natural, sino de funciones ecológicas. En muchos pueblos, el abandono del pastoreo y de los usos tradicionales ha dejado montes más cerrados, con más combustible vegetal y menos actividad económica. Ese paisaje lo conoce cualquiera que haya visto cómo los caminos se llenan de matorral año tras año.

Un estudio publicado en Biodiversity and Conservation analizó la dieta de bisontes europeos, ciervos y gamos en una finca mediterránea de la Sierra de Andújar. Los resultados mostraron diferencias en la alimentación según las estaciones y un consumo relevante de plantas leñosas, lo que apunta a una posible capacidad del bisonte para usar recursos del monte mediterráneo.

La UAB y el CSIC destacaron además el consumo de lentisco por parte del bisonte y su posible papel en el control del matorral. Aun así, una cosa es demostrar que come ciertos recursos en una finca concreta y otra muy distinta convertirlo en solución general para los incendios forestales de España. Ahí conviene pisar el freno.

La pieza nueva de Navarra

En febrero de 2026 apareció un dato que añade más interés al debate. El Gobierno de Navarra anunció el hallazgo en la Sima de Arrafela, en Urbasa y Andía, de un esqueleto casi completo de bisonte de hace unos 4000 años, con una punta de flecha de cobre alojada entre las costillas.

Los primeros estudios morfológicos apuntan a un animal de tamaño similar al bisonte europeo, pero la identificación definitiva depende de los análisis genéticos. El propio Gobierno navarro fue prudente y explicó que podría tratarse de Bison bonasus o del llamado «Clado X», todavía mal conocido.

Si se confirma que es bisonte europeo, sería la primera evidencia de esta especie en la península ibérica. Eso cambiaría parte del mapa científico. Pero mientras no haya ADN concluyente, el hallazgo no puede usarse como permiso automático para convertir cada proyecto con bisontes en una reintroducción.

Qué debe pasar ahora

El caso de El Recuenco puede ser útil si se trata como lo que realmente es, un experimento controlado. Puede aportar datos sobre dieta, estrés, adaptación y efecto sobre la vegetación. Esa información vale mucho, sobre todo en un país donde el abandono rural y los incendios obligan a buscar herramientas nuevas.

Pero también puede ser peligroso si se vende como una respuesta sencilla a un problema complejo. Los incendios no se evitan solo con animales grandes. Hacen falta ganadería extensiva, gestión forestal, prevención, empleo rural, planificación y una administración que sepa distinguir entre restaurar un ecosistema y fabricar un relato bonito.

En el fondo, el bisonte de Guadalajara nos obliga a mirar una cuestión más grande. Qué naturaleza queremos recuperar, con qué pruebas y bajo qué límites. 

La nota de prensa oficial del proyecto ha sido publicada por Rewilding Spain, y el debate científico más reciente puede consultarse en Conservation Science and Practice.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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