Biólogos marinos se quedan sin palabras tras descubrir un lago en las profundidades del océano con su propia orilla que funciona como una trampa mortal a 1.000 metros de profundidad

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Publicado el: 8 de junio de 2026 a las 20:37
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Lago de salmuera descubierto en el fondo del mar Rojo con una orilla visible a 1.770 metros de profundidad.

A simple vista parece imposible. En el fondo del mar, a unos 1.770 metros de profundidad en el golfo de Aqaba, los investigadores han descrito un conjunto de lagos de salmuera con superficie propia, orillas y una frontera tan densa que el agua normal del océano apenas se mezcla con ella. No es un lago como los que vemos en tierra, sino una masa de agua extremadamente salada atrapada en una depresión del fondo marino.

El hallazgo llama la atención porque reúne dos ideas que parecen contradecirse. Dentro de esa salmuera, el ambiente es casi imposible para la mayoría de los animales. Pero justo en el borde, donde se tocan el agua marina y esa «sopa» salada, viven microbios, bivalvos y camarones que han aprendido a sacar partido de una química extrema. Y eso no es poca cosa.

Un lago dentro del mar

El equipo dirigido por Sam J. Purkis, de la Universidad de Miami, localizó las llamadas NEOM Brine Pools durante una expedición del buque OceanXplorer. El estudio describe una piscina principal de unos 10.000 metros cuadrados, acompañada por tres más pequeñas de menos de 10 metros cuadrados cada una. La mayor mide unos 260 metros de largo y 70 metros de ancho.

Lo más curioso es que estas masas de agua tienen una «superficie» visible. No flotan como aceite, pero se comportan casi como otro cuerpo líquido dentro del océano, porque su salinidad es mucho más alta y su densidad también. En la práctica, es como encontrar un lago escondido dentro del propio mar.

No es el único caso conocido en el planeta. Las cuencas de salmuera profundas se han documentado sobre todo en el golfo de México, el Mediterráneo y el mar Rojo, aunque siguen siendo formaciones raras y difíciles de estudiar. El océano todavía guarda muchas habitaciones cerradas. Esta es una de ellas.

Por qué no se mezcla

La clave está en la sal. En el caso de las NEOM Brine Pools, el agua de mar situada encima tenía una salinidad de 40 PSU, mientras que los análisis de laboratorio dieron 160 PSU dentro de la salmuera. Dicho de forma sencilla, era unas cuatro veces más salada que el agua que la cubría.

Esa diferencia crea una frontera muy marcada. Por encima hay agua marina con oxígeno. Por debajo, el oxígeno cae con rapidez hasta valores muy bajos, compatibles con un ambiente casi sin oxígeno. Para un pez o un cangrejo que entre demasiado, el cambio puede ser fatal.

¿Qué significa esto en la práctica? Que no hablamos de un charco raro en el fondo marino, sino de un sistema físico y químico estable. La salmuera pesa más, se hunde y queda acumulada en las partes bajas del relieve submarino. Como cuando el aire frío se queda pegado al suelo en una mañana de invierno, pero bajo miles de metros de agua.

Una trampa natural

Estos lagos submarinos pueden ser mortales para muchos animales. La falta de oxígeno y el choque químico hacen que algunos organismos queden aturdidos o mueran al entrar en la salmuera. Por eso se han descrito como trampas naturales del océano profundo. Suena duro, pero allí abajo la supervivencia funciona con otras reglas.

El estudio observó camarones del género Plesionika reunidos en zonas elevadas del borde de la piscina. Algunos se aventuraban sobre la superficie de la salmuera y recogían pequeños organismos debilitados por ese ambiente extremo. Es una escena extraña, casi como si aprovecharan una frontera tóxica para alimentarse.

Purkis resumió la casualidad del hallazgo con una frase muy directa. «Tuvimos mucha suerte», señaló, al explicar que el descubrimiento llegó en los últimos minutos de una inmersión de diez horas con un vehículo operado a distancia. A veces la ciencia también depende de mirar cinco minutos más.

Vida en el borde

Lo más importante no está solo dentro de la piscina, sino alrededor. En el borde de estos lagos aparecen comunidades microbianas que tiñen los sedimentos con tonos grises y anaranjados. Allí, la vida no depende de la luz solar, porque a esa profundidad no llega. Depende de reacciones químicas.

En las NEOM Brine Pools, los investigadores detectaron comunidades de microbios asociadas a la interfaz entre el agua marina y la salmuera. También observaron el bivalvo Apachecorbula muriatica viviendo en una franja de unos 20 centímetros por encima de esa frontera. Una zona estrecha, sí, pero llena de actividad.

En otras cuencas de salmuera, como las estudiadas en el golfo de México, se han descrito mejillones quimiosintéticos que viven gracias a bacterias capaces de transformar metano y otros compuestos en energía. Es una vida que no se parece a la de una playa ni a la de un arrecife iluminado. Pero es vida al fin y al cabo.

Un archivo del pasado

Estos lagos submarinos también interesan por otra razón. Al haber muy poco oxígeno, casi no hay animales removiendo el fondo. Eso permite que los sedimentos se acumulen en capas más limpias, como páginas de un libro que nadie ha mezclado.

Según el estudio, la piscina principal conserva una secuencia sedimentaria de al menos 1.200 años. En esas capas hay señales de inundaciones repentinas, actividad sísmica y posibles depósitos vinculados a tsunamis en el golfo de Aqaba. Para los científicos, no es solo un ecosistema extremo, también es un archivo natural del pasado.

Y aquí está una de las claves ambientales. Si entendemos mejor estos lugares, también podemos comprender cómo responden los ecosistemas profundos a cambios bruscos, movimientos de tierra y alteraciones químicas. No son paisajes muertos. Son laboratorios naturales.

Lo que conviene saber

Este descubrimiento no significa que haya aparecido «otro océano» escondido bajo el mar. Lo correcto es hablar de lagos de salmuera en depresiones del fondo marino. Son raros, extremos y muy difíciles de observar, pero tienen una explicación geológica.

Tampoco conviene venderlos solo como piscinas de la muerte. Ese nombre llama la atención, pero se queda corto. Dentro de la salmuera las condiciones son muy duras, pero en el borde se concentra una biodiversidad muy especializada. La naturaleza, una vez más, encuentra huecos donde parecía que no los había.

El mensaje de fondo es claro. El océano profundo sigue siendo uno de los lugares menos conocidos del planeta, y cada expedición puede cambiar una parte de lo que creemos saber. En un mundo que habla mucho de Marte, quizá todavía nos falta mirar mejor hacia abajo, a nuestro propio planeta.

El estudio completo ha sido publicado en Communications Earth & Environment.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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