La Voyager 1 no se ha quedado muda. Sigue enviando señales desde una distancia que ya supera los 25 000 millones de kilómetros, pero cada mensaje llega con menos margen de seguridad. La NASA acaba de confirmar otro paso delicado para mantenerla viva, el apagado de uno de sus instrumentos científicos el 17 de abril de 2026.
Lo importante es no confundir el problema. El fallo de 2023, cuando la Voyager 1 dejó de mandar datos legibles, fue localizado y corregido en buena parte. Ahora la carrera es distinta. Ya no se trata solo de reparar un ordenador antiguo, sino de ahorrar cada vatio para que la nave pueda seguir hablando con la Tierra. Y eso, a casi 49 años de su lanzamiento, no es poca cosa.
Una señal sin contenido
El 14 de noviembre de 2023, la Voyager 1 dejó de enviar datos científicos y técnicos que pudieran leerse correctamente. La señal de radio seguía llegando, así que la nave no estaba perdida. El problema era más extraño, porque era como recibir una llamada en la que alguien está al otro lado, pero solo se escucha ruido.
La NASA terminó vinculando la avería al subsistema de datos de vuelo, conocido como FDS. Este ordenador es el encargado de empaquetar la información científica y técnica antes de enviarla a la Tierra. Si esa parte falla, la sonda puede estar funcionando y aun así mandar información inútil.
En abril de 2024, los ingenieros confirmaron que alrededor del 3 % de la memoria del FDS estaba corrupta. Parece poco, pero en una máquina de los años 70 esa pequeña zona puede bloquear todo el flujo de datos. La propia NASA señaló dos posibles causas, el impacto de una partícula energética del espacio o el desgaste tras 46 años de servicio.
Una reparación de paciencia
Como no podían arreglar físicamente el chip dañado, los ingenieros hicieron algo más fino. Reubicaron partes del código afectado en otros huecos de memoria, porque no había un solo espacio lo bastante grande para guardarlo entero. Fue un rompecabezas enviado desde la Tierra al espacio interestelar.
La orden clave se envió el 18 de abril de 2024. Cada señal tardaba unas 22 horas y media en llegar a la Voyager 1, y otro tanto en volver. El 20 de abril, el equipo confirmó que la modificación había funcionado y pudo leer de nuevo datos técnicos de la nave.
Después llegó la recuperación científica. En mayo de 2024 volvieron dos instrumentos y, el 13 de junio, NASA confirmó que los cuatro instrumentos activos de entonces ya estaban devolviendo datos útiles. La crisis de la memoria había pasado, al menos en lo esencial. Pero la Voyager 1 no había rejuvenecido.
La energía manda
El verdadero límite está ahora en la electricidad. Las Voyager usan generadores termoeléctricos de radioisótopos, que convierten el calor del plutonio en energía. Con el paso del tiempo producen menos, y NASA calcula una pérdida de unos 4 vatios por año en cada nave.
Por eso el 25 de febrero de 2025 se apagó el subsistema de rayos cósmicos de la Voyager 1. Y el 17 de abril de 2026 llegó otro corte importante, el apagado del instrumento de partículas cargadas de baja energía. Tras esa decisión, la Voyager 1 mantiene activos dos instrumentos científicos, el magnetómetro y el subsistema de ondas de plasma.
Kareem Badaruddin, responsable de la misión Voyager en el JPL, lo resumió de forma clara al explicar que apagar un instrumento «no es la preferencia de nadie», pero sí la mejor opción disponible. En la práctica, es como bajar luces en una casa durante un apagón para conservar encendida la radio.
Propulsores casi olvidados
La energía no es el único dolor de cabeza. Para hablar con la Tierra, la Voyager 1 necesita mantener su antena apuntando con enorme precisión. Eso depende de pequeños propulsores, algunos de ellos afectados por residuos en sus tubos de combustible tras décadas de uso.
En mayo de 2025, los ingenieros del JPL lograron reactivar unos propulsores de alabeo que se consideraban inutilizables desde 2004. No eran piezas nuevas guardadas en un almacén, sino componentes que llevaban más de veinte años dormidos en una nave que viaja por el espacio interestelar. Suena casi absurdo. Pero funcionó.
La maniobra era urgente por otro motivo. Desde el 4 de mayo de 2025 hasta febrero de 2026, la antena DSS-43 de Canberra entraba en una fase larga de mejoras. La Red de Espacio Profundo tiene complejos en California, Madrid y Australia, pero NASA explicó que DSS-43 era la única antena con potencia suficiente para enviar órdenes a las Voyager.
El plan Big Bang
Ahora NASA prepara una operación más ambiciosa, llamada por el equipo «Big Bang». La idea consiste en cambiar varios sistemas alimentados a la vez, apagando algunos y sustituyéndolos por alternativas de menor consumo. No es una actualización de lujo. Es una forma de ganar tiempo.
El plan previsto por NASA era probar primero esta maniobra en la Voyager 2 durante mayo y junio de 2026. Tiene algo más de margen eléctrico y está más cerca, así que es el banco de pruebas más seguro. Si todo sale bien, la misma operación podría intentarse en la Voyager 1 no antes de julio de 2026.
¿Podría volver a encenderse algún instrumento apagado? NASA deja esa puerta entreabierta, aunque con cautela. Si el ahorro funciona y aparece margen suficiente, incluso el instrumento LECP de la Voyager 1 podría reactivarse algún día. De momento, lo sensato es contar con dos instrumentos y cuidar la comunicación.
Lo que aún nos cuenta
La Voyager 1 y la Voyager 2 son las únicas naves que operan fuera de la heliosfera, la burbuja de partículas y campos magnéticos creada por el Sol. Voyager 1 cruzó esa frontera en 2012 y Voyager 2 lo hizo en 2018. Por eso sus datos no son una curiosidad histórica, sino mediciones directas de una región a la que ningún otro instrumento humano ha llegado.
La propia página de seguimiento de NASA indica que la Voyager 1 se acerca este año al umbral de un día luz. Eso significa que, cuando llegue a esa distancia, una señal tardará alrededor de un día en ir desde la Tierra hasta la nave. Luego habría que esperar otro día para recibir respuesta. Paciencia elevada a escala cósmica.
La lección es sencilla. La Voyager 1 no está enviando una señal misteriosa que nadie entiende ya. Está sobreviviendo con tecnología antigua, energía menguante y reparaciones que se hacen a decenas de miles de millones de kilómetros. Mientras pueda seguir transmitiendo, cada dato será una pequeña postal desde el borde de nuestro entorno solar.
El comunicado oficial más reciente de NASA sobre el apagado del instrumento LECP y el plan «Big Bang» ha sido publicado en el blog de la misión Voyager de la agencia espacial.







