Investigadores creen haber descubierto el mayor tesoro natural de la historia debajo de los Alpes y los Pirineos: el hidrógeno del futuro viene de las profundidades de la Tierra y no de las fábricas como creíamos hasta ahora

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Publicado el: 7 de junio de 2026 a las 22:07
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Vista aérea de los Pirineos, una de las zonas con mayor potencial para albergar hidrógeno natural bajo tierra según un estudio científico.

¿Y si una parte de la energía del futuro no hubiera que fabricarla, sino encontrarla? Un nuevo estudio internacional apunta a que grandes cordilleras europeas, como los Alpes y los Pirineos, podrían reunir condiciones favorables para generar y guardar hidrógeno natural bajo tierra. No hablamos de una promesa lista para explotar mañana, pero sí de una pista geológica que empieza a llamar mucho la atención.

La clave está en unas rocas profundas del manto terrestre que, al entrar en contacto con el agua, pueden liberar hidrógeno mediante un proceso conocido como serpentinización. La investigación, liderada por científicos vinculados a la Universidad de Lausana y al GFZ Helmholtz Centre for Geosciences, señala además un factor inesperado. La erosión puede ayudar a crear ese hidrógeno, pero también puede destruir las condiciones necesarias para conservarlo. Y ahí está lo interesante.

Un hidrógeno que no sale de una fábrica

El hidrógeno natural, también llamado hidrógeno blanco, se diferencia del que hoy se produce de forma industrial. En la actualidad, gran parte del hidrógeno utilizado depende todavía de combustibles fósiles, mientras que el hidrógeno verde necesita electricidad renovable y sigue siendo caro en muchos casos.

Por eso este recurso despierta tanta curiosidad. Si se pudiera localizar en cantidades aprovechables, sería una fuente de energía baja en carbono formada por procesos naturales. No haría falta «fabricarlo» desde cero, sino extraerlo allí donde la geología lo haya generado y atrapado.

El problema es que el subsuelo no entrega sus secretos fácilmente. Encontrar hidrógeno no basta. También hace falta que se haya acumulado en rocas porosas y que exista una especie de tapa natural que impida que el gas se escape.

El papel de la erosión

Los investigadores han usado modelos numéricos avanzados de tectónica de placas para estudiar qué ocurre cuando una antigua zona de rift acaba convertida en una cordillera. En esas regiones, las placas primero se separaron durante millones de años y después volvieron a converger, levantando montañas.

Durante ese proceso, rocas profundas del manto pueden acercarse a la superficie. Si la temperatura es adecuada y hay agua, esas rocas reaccionan y liberan hidrógeno. En la práctica, la montaña funciona como una enorme maquinaria geológica, lenta y silenciosa.

Pero la erosión cambia las reglas. Según Frank Zwaan, autor principal del estudio, «la erosión resulta ser un factor clave y ambivalente en la producción natural de hidrógeno». Si es moderada, ayuda a elevar las rocas del manto hacia zonas donde pueden reaccionar con el agua. Si es demasiado intensa, puede romper los depósitos o alterar las temperaturas necesarias para formar el gas.

Pirineos y Alpes bajo la lupa

El estudio compara varios escenarios europeos, incluidos los Alpes, los Pirineos y la Cordillera Bética, en el sur de España. Los resultados no colocan a todas las montañas al mismo nivel. Los Pirineos aparecen como una zona especialmente favorable, mientras que los Alpes también muestran un potencial interesante.

Esto no significa que bajo los Pirineos haya ya una bolsa de hidrógeno lista para llenar depósitos y camiones. Significa algo más prudente, pero también importante. Los modelos indican dónde tendría sentido mirar con más detalle.

La cuenca de Mauléon, en el suroeste de Francia, aparece en el material científico asociado como un área destacada para la exploración. Para España, la mención a la Cordillera Bética también resulta relevante, aunque los propios investigadores insisten en que harán falta más estudios de campo para afinar las zonas concretas.

No todas las montañas valen

Una cordillera no es automáticamente una reserva de hidrógeno. Hace falta una combinación bastante precisa de ingredientes. Rocas adecuadas, agua, temperatura, tiempo geológico, estructuras que permitan la circulación de fluidos y capas capaces de almacenar el gas.

Zwaan lo compara con los sistemas petroleros, aunque el recurso sea muy distinto. Para que haya acumulaciones importantes, todos los elementos deben estar en el lugar correcto y en el momento adecuado. Es una especie de rompecabezas bajo tierra.

Por eso el hallazgo no debe leerse como una carrera inmediata por perforar montañas. Primero habrá que medir, perforar, analizar gases, estudiar fallas y comprobar si las acumulaciones existen a una escala útil. La energía limpia también necesita pruebas. No vale con una buena idea.

Una oportunidad con muchas cautelas

El atractivo del hidrógeno natural está claro. Podría servir para industrias difíciles de electrificar, para ciertos usos de movilidad pesada o para apoyar sistemas energéticos con menos emisiones. Además, al producir solo agua cuando se utiliza en una pila de combustible, encaja bien en los objetivos de descarbonización.

Pero aún quedan muchas preguntas abiertas. No se sabe con precisión cuánto hidrógeno puede haber en estos sistemas, cuánto se regenera, cuánto se pierde por filtraciones y cuánto sería realmente rentable extraer sin dañar el entorno. Ese último punto es clave, sobre todo cuando hablamos de cordilleras con alto valor ecológico, paisajístico y social.

La transición energética no necesita solo nuevos recursos. Necesita saber dónde están, cómo se usan y qué impactos dejan. Y eso se nota especialmente en territorios sensibles, donde una mala decisión puede pesar durante décadas.

Lo que viene ahora

Los resultados sirven, sobre todo, para orientar la exploración. En palabras de Zwaan, «estos nuevos resultados nos dan una mejor idea de dónde investigar». Pero el propio investigador advierte de que hacen falta más trabajos para precisar dónde podrían explorarse recursos naturales de hidrógeno.

El siguiente paso será pasar del modelo al terreno. Eso implica campañas geológicas, mediciones de gases, estudios de rocas y análisis de posibles reservorios. También hará falta evaluar si estos sistemas pueden mantenerse activos durante largos periodos o si solo conservan pequeñas acumulaciones aisladas.

De momento, los Alpes y los Pirineos entran con fuerza en el mapa del hidrógeno natural. No como una solución mágica, sino como una posibilidad real que la ciencia quiere entender mejor. Bajo las montañas podría haber algo más que roca antigua. Podría haber una pista para la energía limpia del futuro.

El estudio completo ha sido publicado en Journal of Geophysical Research: Solid Earth.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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