Julián, ingeniero agrónomo: «Nuestro vino no va a poder competir con el de Argentina, siguen usando un producto que nos quitaron a nosotros»

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Publicado el: 11 de junio de 2026 a las 22:01
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Firma del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea en Paraguay en enero de 2026.

El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur ya no es una discusión lejana de Bruselas. Desde el 1 de mayo de 2026 se aplica de forma provisional el Acuerdo Comercial Interino entre la UE y los países del Mercosur, entre ellos Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Y eso, para muchos agricultores españoles, no es poca cosa.

En ese clima de enfado, el testimonio de Julián, ingeniero agrónomo y viticultor de La Mancha, ha tocado una fibra sensible. Denunció que el vino español tendrá que competir con productos elaborados bajo reglas distintas y afirmó que en Argentina se usa un producto que en Europa se retiró en 2003, «a base de arsénico». La frase es potente, pero necesita contexto. Mucho contexto.

La frase que encendió al campo

«Nuestra uva, nuestro vino, no va a poder competir con el de Argentina», dijo Julián en una intervención radiofónica recogida en la información aportada. Su preocupación no va solo de vino. Va de costes, normas, tratamientos, burocracia y precios en el supermercado.

La idea que sobrevuela el campo es sencilla de entender. Si un agricultor europeo tiene menos herramientas fitosanitarias, más exigencias ambientales y más papeleo, siente que juega con una mochila más pesada. Luego llega al lineal y compite con un producto más barato. Ahí empieza el enfado.

Qué pasó en 2003

El producto al que alude la denuncia encaja con el arsenito de sodio, una sustancia usada históricamente en viñedo frente a enfermedades de la madera como la yesca. En la Unión Europea quedó dentro del Reglamento CE 2076/2002, que ordenaba retirar autorizaciones de productos fitosanitarios con varias sustancias activas antes del 25 de julio de 2003. En esa lista aparece el «arsenito de sodio».

No era un producto cualquiera. Los derivados minerales del arsénico, como el arsenito de sodio, fueron usados en agricultura y en viticultura durante décadas, pero están clasificados como carcinógenos por organismos internacionales y europeos. En Francia, por ejemplo, se estudió la exposición de trabajadores de viñedo a pesticidas arsenicales usados hasta su prohibición.

El matiz sobre Argentina

Aquí conviene pisar el freno. Que el arsenito de sodio se retirara en Europa en 2003 es un dato comprobable. Otra cosa distinta es afirmar, sin más, que el vino argentino actual se produzca con ese producto y llegue así a la UE.

De hecho, una resolución argentina de 2009 señala que productos de alto riesgo como compuestos arsenicales, talio y sales de arsénico habían sido discontinuados o prohibidos por las áreas competentes del SENASA para uso agrícola. En la misma norma aparecen listados el arsenito de sodio, el arsenito de potasio y el arseniato de sodio.

Por eso, la denuncia debe leerse como una alarma del sector, no como una prueba cerrada contra todo el vino argentino. La pregunta útil es otra. ¿Cómo se garantiza que lo que entra en la Unión Europea cumple de verdad con las mismas reglas que se exigen dentro?

Mercosur cambia el tablero

La Comisión Europea sostiene que las normas sanitarias y fitosanitarias de la UE no cambian por el acuerdo. Según Bruselas, cualquier alimento vendido en el mercado europeo, sea producido dentro o importado, debe cumplir los estándares comunitarios. También habla de auditorías, controles fronterizos, controles documentales y muestreos dentro del mercado.

Además, la normativa europea de residuos de pesticidas funciona con límites máximos de residuos. La propia Comisión explica que esos límites son los mismos para los alimentos y piensos que se venden en la UE, tanto si proceden de un Estado miembro como si llegan de un país tercero.

Sobre el papel, el filtro existe. El problema es que muchos agricultores no discuten solo el papel. Discuten la capacidad real de vigilar miles de partidas, muchos puertos, muchos operadores y cadenas comerciales cada vez más largas. Y ahí la confianza se gana con datos, no con discursos.

El vino español mira el precio

El vino es uno de los sectores que el Gobierno español presenta como beneficiado por el acuerdo. El Ministerio de Agricultura ha defendido que Mercosur abre oportunidades para exportar y ha señalado que no entrará ningún producto que no cumpla las normas sanitarias de la UE.

Comercio también destaca que el vino embotellado europeo se liberalizará en Mercosur en un periodo de 8 años, que los espumosos de mayor precio lo harán desde la entrada en vigor y que el vino a granel queda excluido de la liberalización. Es decir, hay oportunidades, pero no todos los vinos juegan la misma partida.

Para un viticultor pequeño, la teoría comercial puede sonar muy lejos. Él mira su parcela, la poda, el coste del gasóleo, la mano de obra, la bodega y la factura de la luz. Después mira el precio que le pagan por la uva. Y ahí es donde Mercosur deja de ser un tratado y se convierte en una preocupación diaria.

El arsénico en el vino

El arsénico no es un asunto menor cuando se habla de alimentos. La Organización Internacional de la Viña y el Vino revisó el límite máximo de arsénico en vino y fijó 0,1 mg/L para los vinos elaborados a partir de la campaña de 2023, sustituyendo el límite anterior de 0,2 mg/L.

Esto no significa que el vino sea peligroso por sistema. Significa que las autoridades y los organismos técnicos consideran necesario mantener el arsénico lo más bajo posible. En la práctica, el consumidor no puede analizar una botella en casa. Depende de los controles, de la trazabilidad y de que las normas se apliquen igual a todos.

Qué debe mirar el consumidor

Lo primero es mirar el origen. Parece una tontería, pero no lo es. Saber de dónde viene un vino, una carne, una miel o una fruta ayuda a decidir con más información y no solo por el precio más bajo.

También conviene fijarse en sellos como denominaciones de origen, indicaciones geográficas, producción ecológica o certificaciones reconocibles. No son una garantía mágica, pero obligan a cumplir reglas adicionales y facilitan la trazabilidad. En tiempos de mucho ruido, eso cuenta.

La clave está en la reciprocidad

El campo español no pide solo protección. Pide reciprocidad real. En otras palabras, que quien venda en el mercado europeo compita con controles equivalentes, límites claros y sanciones si incumple. No es una petición difícil de entender.

Si Bruselas quiere que el acuerdo funcione, tendrá que demostrarlo en los controles. Si el sector quiere sostener su denuncia, también necesitará datos concretos, partidas, sustancias y pruebas. Entre una cosa y otra está el consumidor, que solo quiere algo bastante básico, comprar comida segura y saber qué está pagando.

El comunicado y el texto oficial del Acuerdo Comercial Interino UE-Mercosur han sido publicados por la Comisión Europea..


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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