Mientras Noruega lleva 12 años intentándolo, Japón acaba de estrenar la primera central osmótica de Asia que produce energía limpia utilizando residuos que antes acababan en el mar

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Publicado el: 28 de junio de 2026 a las 08:04
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Central osmótica de Fukuoka en Japón que genera electricidad mediante la diferencia de salinidad entre aguas residuales y agua de mar concentrada.

Japón acaba de poner en marcha una central que obtiene electricidad de un lugar que casi nadie mira cuando piensa en renovables. No viene del sol, ni del viento, ni de una presa tradicional. Sale de la diferencia de sal entre dos corrientes de agua.

La instalación funciona en el centro de desalinización Uminonakamichi Nata, conocido como Mamizupia, en Fukuoka. Es la primera planta de generación osmótica de Japón, la primera de Asia en operación de este tipo y la segunda del mundo, según la documentación oficial publicada por las autoridades locales y la empresa participante. Empezó a generar electricidad el 5 de agosto de 2025. No es una central gigantesca, pero sí puede marcar un camino interesante.

Electricidad donde se juntan dos aguas

La idea parece sencilla, aunque la ingeniería no lo es tanto. Si se coloca agua con poca sal a un lado de una membrana y agua muy salada al otro, el agua menos salada tiende a cruzar hacia la más salada. Lo hace para equilibrar la concentración.

Ese movimiento genera presión. Y si esa presión se dirige hacia una turbina, puede producir electricidad. En Fukuoka, el sistema aprovecha la llamada energía de gradiente salino, también conocida como energía azul o generación osmótica.

Aquí está el detalle importante. La planta no usa simplemente agua dulce y agua de mar común. Utiliza «agua de mar concentrada» procedente del proceso de desalinización y agua residual tratada de una planta cercana. Dicho de otro modo, dos corrientes que normalmente serían un problema pasan a tener una segunda vida.

Cuánta energía produce

Las cifras ayudan a poner los pies en el suelo. La planta tiene una potencia neta aproximada de 110 kW y una generación anual máxima estimada de 880 000 kWh. Según los datos oficiales, eso equivale a unas 290 viviendas de Fukuoka o a la producción anual aproximada de dos campos de fútbol cubiertos con paneles solares.

No es una central capaz de iluminar una ciudad entera. Y conviene decirlo claro. Su valor está en otro punto, porque puede funcionar con una tasa de utilización cercana al 90% y sin depender de si hay sol, nubes, viento o lluvia. Ahí está la diferencia.

En la práctica, esto significa una fuente limpia y estable para ayudar a una instalación que ya consume mucha energía. Una desalinizadora necesita electricidad todos los días, también de madrugada, cuando no hay sol y la factura sigue contando. Y eso se nota.

Por qué Fukuoka encaja tan bien

Mamizupia no está ahí por casualidad. El área metropolitana de Fukuoka tiene millones de habitantes y no dispone de grandes ríos cerca, por lo que la desalinización es una pieza importante de su suministro de agua. La planta puede producir unos 50 000 metros cúbicos de agua dulce al día, suficiente para cubrir las necesidades de unas 250 000 personas.

Pero fabricar agua potable desde el mar deja un residuo incómodo. La salmuera o agua de mar concentrada tiene más sal que el agua marina normal. JapanGov recoge que esta corriente ronda el 8% de sal, más del doble que el agua de mar habitual, situada cerca del 3,5%.

Antes, esa salmuera debía gestionarse con cuidado para evitar daños en los ecosistemas marinos. Ahora se usa como parte del proceso de generación eléctrica. No desaparece el reto ambiental de la desalinización, pero se aprovecha mejor una corriente que ya existía.

La lección de Noruega

La energía osmótica no es nueva. Noruega ya abrió en 2009 el primer prototipo mundial en Tofte, impulsado por Statkraft. Fue un hito tecnológico, pero no llegó a convertirse en una solución comercial.

En 2013, Statkraft anunció que dejaba de invertir en esta tecnología. Su explicación fue muy directa. El principal problema era «hacer la tecnología lo bastante eficiente» para competir con otras fuentes energéticas. La empresa reconoció que el concepto funcionaba, pero no veía una vía económica clara en aquel momento.

Entonces, ¿qué cambia ahora? Fukuoka no parte de cero ni busca mezclar un río con el mar en una instalación aislada. Usa salmuera de una desalinizadora y agua tratada de una depuradora, con infraestructura ya disponible. Dinamarca también se adelantó con un proyecto de SaltPower en 2023, de unos 100 kW, ligado a salmuera industrial.

El cuello de botella

La palabra clave es membrana. Sin una membrana eficiente, resistente y barata, la energía osmótica se queda en promesa. IRENA ya advirtió que las membranas pueden suponer entre el 50% y el 80% del coste de capital y que su precio tendría que bajar mucho para competir mejor con otras renovables.

Además, no toda la energía química disponible acaba convertida en electricidad útil. Hay que bombear agua, mover caudales y superar pérdidas dentro del sistema. Por eso la cifra que importa no es la energía teórica, sino la potencia neta que sale después de descontar lo que consume la propia instalación.

¿Podría verse algo así en España? Sobre el papel, las zonas con desaladoras y depuradoras cerca del mar podrían estudiar proyectos parecidos. Pero no basta con tener costa. Harían falta salmueras adecuadas, permisos ambientales, membranas competitivas y una economía que cuadre.

El paso que viene

El objetivo a largo plazo es más ambicioso. Hirokawa Kenji, responsable de Mamizupia, señaló que esperan llegar algún día a generar electricidad osmótica usando «agua de mar ordinaria, no concentrada». Si eso se consigue, el campo de aplicación sería mucho mayor.

De momento, la planta japonesa es un primer paso realista. No sustituye a la solar ni a la eólica, pero puede sumar algo que cada vez vale más en un sistema eléctrico limpio, energía constante. Esa que llega cuando el sol se ha ido y el viento no sopla.

El comunicado oficial sobre el inicio de operación de la planta de generación osmótica ha sido publicado por el Consorcio de Agua del Distrito de Fukuoka.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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