Ingenieros australianos crean la primera grúa del mundo convertida en una impresora 3D capaz de construir edificios en tiempo récord en un giro sin precedentes en la industria de la construcción

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Publicado el: 27 de junio de 2026 a las 09:48
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Grúa impresora 3D ASCEND A27 de Luyten construyendo un edificio de varias plantas con hormigón impreso.

La impresión 3D aplicada a la construcción llevaba años prometiendo viviendas rápidas, obras más limpias y menos desperdicio de materiales. El problema era fácil de entender. Muchas máquinas podían imprimir piezas o casas bajas, pero no estaban pensadas para subir de verdad en una ciudad llena de torres.

Ahora la empresa australiana Luyten ha presentado ASCEND Series A27, una impresora 3D de hormigón montada sobre una grúa torre y diseñada para trabajar en edificios de hasta 100 metros de altura, unas 30 plantas. La idea no es menor. Si funciona a escala real, la grúa dejaría de ser solo una máquina que mueve cargas y pasaría a convertirse en la propia impresora del edificio.

Una grúa que imprime

El cambio está en el enfoque. En lugar de montar una impresora dentro de una estructura baja de pórticos, Luyten usa una máquina que ya forma parte del paisaje de cualquier obra grande, la grúa torre.

En la práctica, el cabezal de impresión queda suspendido en la grúa y deposita el hormigón por capas a partir de un modelo digital. La compañía define el sistema como una impresora de construcción para edificios de varias plantas, grandes infraestructuras y automatización avanzada.

Ahmed Mahil, fundador y consejero delegado de Luyten, lo resumió con una frase muy directa. «Convertimos la propia grúa torre en un robot», afirmó en declaraciones recogidas por Interesting Engineering.

Las cifras clave

La ficha oficial de ASCEND A27 habla de una altura de trabajo de hasta 100 metros. También sitúa su radio de trabajo en 45 metros, una cifra clave porque determina cuánto terreno puede cubrir desde una sola posición.

Según 3D Printing Industry, el paquete de impresión pesa 1900 kilos, el sistema puede estar listo en uno o dos días, necesita suministro eléctrico de 400 a 415 VAC y tiene una clasificación de viento de 20 metros por segundo. Son datos técnicos, sí, pero en una obra importan mucho. El viento, el montaje y la precisión son el pan de cada día.

Crane & Transport Briefing también recoge esa altura máxima de 100 metros y ese radio de 45 metros. Además, señala que la grúa conserva una capacidad de 4 toneladas, aunque en este caso su papel principal es llevar y posicionar el cabezal de impresión.

Por qué importa al clima

La construcción no es un sector cualquiera. El último informe de UNEP y GlobalABC recuerda que edificios y construcción concentran alrededor del 37 % de las emisiones globales de CO2 y casi la mitad de la extracción mundial de materiales. Esa cifra ayuda a entender por qué cada cambio en cómo levantamos edificios importa.

También está el problema de los residuos. En la Unión Europea, Eurostat calcula que la construcción generó el 38,4 % de todos los residuos en 2022. Basta pasar junto a una obra para ver contenedores, restos de materiales y encofrados. No todo se puede evitar, pero reducirlo sería una buena noticia.

Luyten afirma que su tecnología reduce la necesidad de encofrados, mejora el uso del material y baja la dependencia de mano de obra intensiva. Su página corporativa habla de recortes de residuos y CO2, aunque esas cifras deben leerse como afirmaciones de empresa hasta que haya proyectos medidos de forma independiente.

El punto delicado

La máquina utiliza Ultimatecrete, un material propio de Luyten diseñado para impresión aditiva a gran escala. La empresa dice que busca buena bombeabilidad, resistencia y unión entre capas. Y ahí está una de las claves de todo esto.

El hormigón no es tinta. Si se deposita una capa sobre otra cuando la anterior ya ha empezado a fraguar, la unión entre ambas se vuelve crítica. En una vivienda baja puede ser un reto importante, pero en un edificio de 30 plantas se convierte en una pregunta estructural de primer orden.

Además, un edificio alto no se sostiene solo con hormigón impreso. Necesita armaduras, cálculos, controles, permisos y una respuesta clara frente a cargas, viento y movimientos. No es poca cosa.

El cemento sigue ahí

Conviene no confundir automatización con descarbonización automática. La Agencia Internacional de la Energía advierte que el cemento no está en camino de cumplir una trayectoria de cero emisiones netas y que su intensidad directa de CO2 ha permanecido prácticamente plana en los últimos años.

Esto significa que imprimir mejor no basta. Para que una tecnología así sea realmente ecológica debe usar menos material, sustituir parte del clínker, mejorar la eficiencia, controlar la energía usada en obra y demostrar que el edificio dura lo que debe durar.

La ventaja potencial está en la precisión. Si el sistema coloca solo el material necesario y reduce encofrados, transportes internos y desperdicio, puede abrir una puerta interesante. Pero esa puerta aún necesita datos de obra real.

Falta la prueba real

La gran pregunta es sencilla. ¿Puede una grúa imprimir con la precisión suficiente cuando trabaja a tanta altura y en una obra expuesta al viento? Luyten dice que el sistema combina automatización, rutas de impresión generadas por inteligencia artificial y control en tiempo real.

Eso suena prometedor, pero faltan resultados públicos con edificios altos terminados, certificados y comparados con obras convencionales. También falta ver cómo se resuelve el armado de las piezas y cómo responden las interfaces entre capas con el paso del tiempo.

En arquitectura, una tecnología no se vuelve importante solo por ser espectacular. Se vuelve importante cuando pasa del vídeo y la ficha técnica al edificio seguro, asegurable, mantenible y permitido por la normativa. Ahí estará el verdadero examen.

La obra del futuro

ASCEND A27 no significa que todos los edificios de las ciudades vayan a imprimirse mañana. Tampoco elimina de golpe el impacto ambiental del hormigón. Pero sí plantea una idea poderosa. Usar una grúa común para convertir la obra en un proceso más digital, más preciso y, quizá, menos derrochador.

¿Qué significa esto para una ciudad con falta de vivienda, ruido de obras y calles llenas de camiones? En el mejor escenario, significaría obras más rápidas, menos material perdido y edificios levantados con mayor control. En el peor, sería otra promesa tecnológica que necesita más pruebas.

Por ahora, lo prudente es quedarse en el punto medio. Luyten ha mostrado una máquina que resuelve el límite de altura de muchas impresoras 3D de hormigón. Ahora toca comprobar si también resuelve lo más difícil, que es construir alto, seguro y con menos impacto.

La ficha oficial más reciente sobre ASCEND Series A27 ha sido publicada por Luyten.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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