Francia acaba de dar un paso que puede cambiar la forma en la que se construyen viviendas sociales en Europa. En Bezannes, cerca de Reims, Plurial Novilia ha entregado ViliaSprint², un edificio de 12 viviendas sociales y 800 metros cuadrados habitables cuya estructura portante y muros fueron realizados con impresión 3D de hormigón directamente en la obra. Según la promotora, es el mayor edificio de este tipo en Europa.
Lo importante no es solo el récord. La fase de impresión empezó en marzo de 2025 y terminó en 34 días efectivos, cuando al principio se preveían unos 50. En un sector con falta de mano de obra, costes altos y mucha presión para reducir emisiones, la pregunta es evidente. ¿Estamos ante una rareza tecnológica o ante una pista real de hacia dónde puede ir la construcción?
Un edificio en 34 días
ViliaSprint² tiene tres plantas, 12 pisos sociales y una superficie habitable total de 800 metros cuadrados. No se imprimió una maqueta ni una vivienda aislada, sino un edificio colectivo en altura, algo bastante más complejo que levantar una pequeña casa experimental. Y eso se nota.
La impresión se hizo con un pórtico robotizado COBOD BOD2 operado por PERI 3D Construction. La máquina fue depositando capas sucesivas de hormigón para formar los muros de fachada y los interiores portantes. En la práctica, funciona como una impresora enorme, pero en lugar de tinta usa una mezcla de hormigón preparada para resistir cargas reales.
Menos obra dura
Plurial Novilia quiso comparar el sistema con la construcción tradicional y levantó en la misma parcela un edificio casi idéntico con métodos convencionales. La diferencia más clara apareció en la mano de obra. Para la impresión hicieron falta tres operarios, frente a seis en la estructura tradicional.
Además, los trabajadores controlaron el proceso con tabletas y en una posición más ergonómica. Esto reduce el esfuerzo físico, la manipulación de cargas pesadas y el riesgo de lesiones musculares, un problema habitual en el sector de la construcción. Menos golpes, menos ruido y menos desgaste diario. No es poca cosa.
La clave ambiental
El proyecto no se vende solo como una obra rápida. También intenta responder a una cuestión cada vez más incómoda para el sector. ¿Cómo construir más viviendas sin disparar los residuos y las emisiones?
Para imprimir los muros se utilizó un hormigón imprimible desarrollado por Holcim a partir de TectorPrint y dentro de la gama ECOPact. Según el comunicado de Plurial Novilia, ofrece una reducción de emisiones de CO₂ de al menos el 30 % frente a un hormigón tradicional comparable. Conviene matizarlo bien, porque el dato se refiere al material usado, no a que todo el edificio emita un 30 % menos.
La precisión de la impresión también permitió reducir los residuos previstos de obra del 10 % al 5 %. Además, al fabricar y transformar el material directamente en el terreno, se redujeron desplazamientos de camiones y movimientos alrededor del solar. Para cualquiera que haya vivido junto a una obra, esto significa menos tráfico, menos polvo y menos ruido durante parte del proceso.
Formas curvas sin disparar costes
Una de las ventajas más visibles de la impresión 3D aparece en la forma del edificio. Las fachadas redondeadas y los elementos curvos no son solo una decisión estética. En una obra tradicional, hacer muchas curvas suele elevar el precio por los moldes y encofrados especiales.
Aquí, la impresora siguió el diseño digital capa a capa. Según los datos del proyecto, esa libertad de forma permitió observar un ahorro cercano al 10 % de hormigón frente al edificio tradicional usado como comparación. Es decir, no se trata de hacer edificios raros porque sí, sino de ajustar mejor el material a la forma que se necesita.
Energía en el propio edificio
El edificio también incorpora medidas para reducir su consumo durante el uso. El proyecto cuenta con unos 500 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos y un sistema colectivo de calefacción híbrido que combina gas y bomba de calor. La orientación se estudió para aprovechar mejor el sol.
Con todo ello, Plurial Novilia espera que el programa alcance alrededor de un 60 % de autonomía energética. En palabras sencillas, parte importante de la energía que necesitan las viviendas debería salir del propio edificio. Eso puede tener efecto en la factura y en la dependencia de la red, aunque habrá que ver su comportamiento real con los vecinos ya dentro.
El coste todavía pesa
La gran duda está en el precio. ViliaSprint² se entregó en 12 meses, con un plazo global reducido en unos tres meses frente a la construcción convencional, pero el proyecto fue más caro. El sobrecoste fue de alrededor del 30 %, principalmente por investigación, desarrollo y certificaciones técnicas.
Plurial Novilia asegura que ese sobrecoste no se trasladó a los alquileres. Aun así, el dato importa mucho. Una tecnología puede ser rápida y más limpia en algunos aspectos, pero si no logra acercarse a los costes habituales, será difícil que pase de demostración llamativa a solución masiva para vivienda social.
El siguiente salto
Los socios del proyecto ya miran más allá de Bezannes. La promotora y sus colaboradores prevén un nuevo programa de unas 40 viviendas, combinando vivienda individual y colectiva, con impresoras 3D trabajando directamente en la obra. El objetivo es acelerar todavía más la impresión y acercar los costes a los de la construcción tradicional.
Johnny Huat, director general de Plurial Novilia, resumió el sentido del proyecto al afirmar que ViliaSprint² permite evaluar de forma concreta los aportes de la impresión 3D para producir viviendas «más rápido y de forma más duradera». La frase es prudente, y quizá por eso resulta interesante. No promete magia, pero sí una herramienta nueva para un problema muy real.
El comunicado oficial ha sido publicado por Plurial Novilia.












