Las obras de un edificio de oficinas en Tallin, la capital de Estonia, sacaron a la luz los restos de un barco medieval de 24,5 metros de largo. El hallazgo ocurrió en 2022, en la calle Lootsi, donde las partes superiores del casco estaban a solo metro y medio de profundidad. Dentro conservaba objetos tan cotidianos como zapatos y herramientas.
Ahora, un estudio publicado en 2026 en Dendrochronologia permite seguir el rastro de los árboles empleados en su construcción. Sus anillos sitúan las talas entre los inviernos de 1370 y 1374 y relacionan buena parte del roble con la costa de Lituania. La madera aporta así nuevas pistas sobre la historia de este mercante.
Un gigante bajo la ciudad
El pecio, conocido como Lootsi 8, mide unos nueve metros de ancho y cuatro de alto. El Museo Marítimo de Estonia lo considera uno de los mayores restos de embarcaciones medievales encontrados en Europa, con una conservación especialmente buena en la popa.
Se trata de una coca, un tipo de barco de un solo mástil habitual en el Báltico y el mar del Norte durante la Edad Media. Para trasladarlo desde las obras al museo hubo que dividirlo en cuatro secciones. La operación se completó en julio de 2022.
Los árboles ponen las fechas
¿Cómo se puede averiguar cuándo se construyó un barco mirando sus tablas? La dendrocronología compara los patrones de los anillos de crecimiento con series de referencia. Esa coincidencia permite fechar la madera y buscar la región donde crecieron los árboles.
El trabajo, firmado por Aoife Daly y otros cuatro investigadores, identifica robles talados en los inviernos de 1370 a 1371 y de 1371 a 1372 para la estructura principal. Las partes superiores y algunos elementos sueltos corresponden al invierno de 1373 a 1374. El material apunta a varios bosques de la costa lituana y a un pequeño grupo de robles de Estonia.
Estas fechas afinan las primeras estimaciones, que situaban las talas alrededor de 1360. Pero conviene distinguir la edad de la madera del momento del naufragio. Saber cuándo cayó un árbol no permite fijar, por sí solo, el día en que se hundió el barco.
Tablas con puntos débiles
El análisis también detectó los llamados “anillos lunares” en aproximadamente una cuarta parte de las tablas estudiadas. Son zonas claras dentro de la madera relacionadas con alteraciones en la formación del duramen, la parte interna más resistente del tronco.
Los investigadores interpretan que los carpinteros reconocieron esas debilidades y colocaron tablas interiores de refuerzo donde hacían falta. Además, la ausencia de grandes reparaciones sugiere que el barco llevaba relativamente poco tiempo en servicio cuando se perdió. Estos indicios ayudan a entender su construcción, aunque la causa del hundimiento sigue sin determinarse.
Las pistas de una salida apresurada
Entre los objetos recuperados había zapatos de cuero gastados y reparados. Ese detalle acerca el hallazgo a la vida diaria de quienes navegaron allí, personas que remendaban su calzado para seguir utilizándolo.
Para Priit Lätti, investigador del Museo Marítimo de Estonia, los objetos abandonados apuntan a una emergencia. “La gente tuvo que abandonar el barco a toda prisa”, explicó en una entrevista con la televisión pública estonia. La escena sugiere una evacuación precipitada, aunque el destino de los tripulantes no queda establecido.
Una brújula y dos ratas
También aparecieron armas, herramientas y una cuchara de madera. Entre los restos animales destacan dos ratas conservadas bajo un barril de brea, en la proa. Son pequeñas piezas de un conjunto excepcional para investigar las condiciones de vida a bordo.
Otro hallazgo destacado es una brújula que el museo considera posiblemente la brújula seca más antigua conservada en Europa. Su interés está en lo que puede revelar sobre los instrumentos utilizados para navegar hace más de seis siglos. Junto con los demás objetos, ayuda a reconstruir qué llevaban consigo aquellos navegantes.
Conservarlo también exige investigar
Sacar el casco de la tierra fue solo el comienzo. El museo controla la humedad de la madera y de su entorno para evitar un secado demasiado rápido y la aparición de moho. Conservar semejante estructura requiere mucho más que encontrar un espacio donde exponerla.
La documentación digital también ayuda. Según explicó Lätti en marzo de 2026, se elaboraron tres modelos tridimensionales en distintas estaciones para vigilar las deformaciones del casco. Además, permiten ensayar reconstrucciones y estudiar la posición original de algunas piezas sin manipular los restos.
El barco guarda información sobre la navegación medieval y los bosques que proporcionaron sus materiales. El estudio sobre su madera se ha publicado en Dendrochronologia.
Imagen: Mike Peel / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)







