Ciencia

Los restos de dos anclas junto a una isla española revelan el posible naufragio de un barco romano hace más de 2.000 años

Dos antiguas anclas halladas junto a Tabarca revelan las pistas de un posible naufragio romano ocurrido hace más de 2.000 años.

Los restos de dos anclas junto a una isla española revelan el posible naufragio de un barco romano hace más de 2.000 años

¿Puede la distancia entre dos piedras revelar el tamaño de un barco perdido? Bajo las aguas de Els Farallons, al este de la isla de Tabarca, dos anclas de granito casi idénticas ofrecen una pista sobre un posible naufragio romano.

¿Es posible que la distancia entre dos piedras pueda revelar el tamaño de un barco hundido? Al este de la isla de Tabarca, en las aguas de Els Farallons, dos anclas de granito prácticamente idénticas nos dan pistas sobre un posible naufragio romano.

Todo hace indicar que el barco se hundió entre finales del siglo II a. C. y la primera mitad del siglo I a. C., pero lo sorprendente es que no hay rastro del casco ni restos orgánicos que confirmen su existencia.

Dos anclas casi idénticas

Las piezas son potalas, un tipo de ancla hecha de piedra perforada para sujetarla con un cabo. Ambas aparecieron en el yacimiento subacuático de Els Farallons, donde ya se han encontrado otros fragmentos de ánforas romanas.

Después de que los investigadores hicieran fotos de las anclas y tomaran las respectivas mediciones, crearon modelos tridimensionales y tomaron pequeñas muestras del granito para poder estudiar su posible procedencia. Después de hacerlo, regresaron al mismo lugar para dejar las piezas exactamente como las encontraron y así conservar el contexto arqueológico.

La distancia que dibuja un barco

Ambas estructuras presentan una forma, dimensiones y acabados similares. Hay una distancia de entre 16 y 18 metros entre ellas, que se ajusta perfectamente a la eslora de una embarcación comercial romana de tamaño medio.

Ese detalle es clave para pensar que pertenecían al mismo barco, porque una sola ancla podría haberse perdido por diferentes motivos, incluso las dos, pero que ambas piezas, casi iguales, estuvieran a una distancia tan corta, compatible con lo que pudiera medir una embarcación, forma un patrón que difícilmente responde a una casualidad.

El rastro del vino italiano

En la investigación se recuperaron fragmentos de ánforas Lamboglia 2 y Dressel 1, recipientes usados para transportar vino desde Italia en los últimos siglos de la República romana.

El 92% de las ánforas datan de finales del siglo II a. C. y mediados del siglo I a. C. Además, el granito aporta más información y, tras un análisis petrográfico que se publicó en 2025, se considera que su procedencia podría ser de Calabria, en el sur de Italia.

Se han barajado más hipótesis, como que las piedras pudieran haberse empleado como antiguas artes de pesca o que fueran de barcos diferentes, pero no encajan con la disposición de las piedras.

La respuesta sigue bajo el sedimento

Els Farallons es una zona rocosa cerca de la superficie donde hay corrientes y rompientes que tienen la fuerza suficiente para hacer que una navegación se convierta en algo peligroso. Por tanto, es perfectamente posible que un barco cargado sufriera un accidente en esa zona hace más de 2.000 años.

Pero no se han localizado maderas, cuadernas ni ningún elemento de la estructura de una embarcación. Tampoco se han encontrado restos orgánicos para confirmar una fecha concreta.

Habrá que esperar a futuras expediciones y futuras investigaciones. Hasta entonces, dos potalas y las ánforas evidencian un naufragio que aún no se ha podido demostrar.

Una futura excavación de los sedimentos próximos a las anclas podría descubrir partes del casco, más carga u otros materiales. Hasta entonces, las dos potalas y las ánforas forman una pista sólida sobre un posible naufragio romano frente a Tabarca, pero todavía no una prueba definitiva.

El estudio se ha publicado en Sagvntvm. Papeles del Laboratorio de Arqueología de Valencia

Relacionados