Los anillos de Chariklo vuelven a sorprender a los astrónomos. Un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha detectado con el telescopio espacial James Webb que el anillo interior bloquea más luz que en observaciones anteriores, mientras que el exterior produce una señal mucho más débil.
El hallazgo apunta a un sistema capaz de cambiar en pocos años, aunque todavía falta aclarar qué provoca esas diferencias. Los datos proceden de una observación realizada el 18 de octubre de 2022, cuyo análisis se ha publicado en septiembre de 2026.
Qué ha cambiado
La clave está en la opacidad, es decir, cuánto impide un material que pase la luz. Podemos imaginar una cortina que deja ver más o menos claridad al otro lado, aunque en este caso hablamos de partículas que orbitan alrededor de un cuerpo lejano.
El anillo interior, denominado C1R, aparece más opaco en los registros del Webb. El exterior, C2R, apenas deja huella en una de las bandas infrarrojas utilizadas y no se detecta en la otra, pese a que ambas observaciones se hicieron al mismo tiempo.
¿Significa eso que uno gana material y el otro lo pierde? No puede concluirse solo con estos datos, porque el tamaño de las partículas y su respuesta a distintas longitudes de onda también pueden modificar la señal.
Un mundo de 250 kilómetros
Chariklo pertenece al grupo de los centauros y recorre una órbita situada entre Saturno y Urano. Tiene unos 250 kilómetros de diámetro, una dimensión modesta para albergar un sistema de anillos que durante mucho tiempo se asociaba únicamente con los planetas gigantes.
Sus dos anillos se descubrieron gracias a una observación del 3 de junio de 2013 desde distintos puntos de Sudamérica. El anuncio científico llegó en marzo de 2014 y convirtió a Chariklo en el primer cuerpo pequeño del sistema solar conocido con esta característica.
Aquella campaña permitió identificar dos franjas estrechas, de apenas unos kilómetros de anchura, separadas por un espacio despejado. No forman una superficie continua como la de un disco compacto, sino un conjunto de material distribuido alrededor del objeto.
Una estrella como linterna
¿Cómo se estudia algo tan pequeño y tan lejos? Ni siquiera el Webb puede obtener imágenes que distingan estos anillos del cuerpo central, así que los investigadores recurren a una ocultación estelar, aprovechando el paso de los anillos por delante de una estrella lejana.
La cámara infrarroja NIRCam registra las pequeñas caídas de brillo que se producen cuando el material intercepta esa luz. Es parecido a deducir cómo es una persiana observando las sombras que proyecta, en lugar de fotografiar cada una de sus piezas.
En la observación de octubre de 2022 hubo un detalle decisivo. Desde la posición del telescopio, los anillos pasaron por delante de la estrella, pero el cuerpo de Chariklo no llegó a ocultarla. La NASA explicó esta geometría al presentar los primeros resultados de la campaña en enero de 2023.
Una alineación muy precisa
Acertar con esa cita celeste exigió calcular la órbita de Chariklo, la posición de la estrella y la trayectoria del propio Webb. Los datos de la misión europea Gaia ayudaron a situar la estrella, mientras el observatorio espacial se desplazaba alrededor de la región de L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
Fue la primera ocultación estelar predicha y planificada específicamente para observarse con el James Webb. El método permitió estudiar detalles de los anillos a una escala del orden de un kilómetro, según explica el equipo del Observatorio de París. Para estructuras tan estrechas, esa precisión marca la diferencia.
El misterio sigue abierto
El estudio plantea que el anillo interior podría haber recibido material o sufrido colisiones que fragmentasen partículas grandes en granos más pequeños. Para el exterior se contempla una pérdida de material, aunque también podría influir que sus partículas bloqueen de forma distinta la luz visible y la infrarroja. Son hipótesis que pueden coexistir.
«Nuestros resultados obligan a replantearse cómo se forman, cómo evolucionan y qué mecanismos mantienen su estabilidad», señala Pablo Santos-Sanz. La pregunta afecta tanto al origen de estos anillos como a su capacidad para conservarse alrededor de un cuerpo tan pequeño.
Las próximas ocultaciones, especialmente las observadas en luz visible, ayudarán a separar los cambios reales con el tiempo de los efectos del tipo de luz utilizado. El estudio se publicó el 9 de septiembre de 2026 en Science Advances.
Imagen: ESO/L. Calçada/M. Kornmesser/Nick Risinger / Wikimedia Commons (CC BY 4.0)







