El regreso del bisonte americano al norte de México está abriendo una nueva etapa para sus pastizales. La iniciativa que llevó 23 ejemplares a Chihuahua en 2009 ha permitido formar otras manadas de conservación, con traslados a Coahuila y, en 2026, a Sonora.
La apuesta busca recuperar también las funciones de un gran herbívoro que modifica la vegetación y participa en el reciclaje de nutrientes. Pero ¿hasta dónde llegan los resultados? La investigación respalda su potencial, aunque el estudio de sus revolcaderos en Janos no permite afirmar que el suelo se restaurase en cuestión de meses.
El comienzo en Chihuahua
La caza excesiva del siglo XIX llevó al bisonte al borde de la extinción en Norteamérica. Su recuperación posterior permitió impulsar proyectos como el de Rancho El Uno, dentro de la Reserva de la Biosfera de Janos, donde comenzó una manada destinada a apoyar nuevas reintroducciones.
Los 23 animales fundadores procedían del Parque Nacional Wind Cave, en Dakota del Sur, Estados Unidos. El Servicio de Parques Nacionales estadounidense documentó su llegada en noviembre de 2009, después de un viaje de 24 horas. Era una colaboración entre ambos países para devolver la especie a parte de su distribución histórica.
Un animal que modifica el paisaje
¿Qué puede cambiar un bisonte mientras come y camina? El pastoreo reduce la vegetación dominante y puede dejar más luz y espacio para otras plantas, mientras sus excrementos redistribuyen nutrientes. Son actividades cotidianas con consecuencias para el conjunto del pastizal.
También se revuelca sobre el terreno y forma pequeñas depresiones conocidas como revolcaderos. Conviene imaginar zonas de suelo removido, no charcas permanentes. Estas alteraciones pueden generar diferencias entre unos puntos y otros de la pradera, aunque sus efectos dependen de las características del lugar.
Lo que se midió en Janos
Un estudio publicado en 2022 en Therya examinó los revolcaderos de Rancho El Uno con observaciones realizadas en 2012 y 2013. El equipo comparó suelo y vegetación dentro y fuera de estas depresiones.
Registró 27 especies de pastos y otras hierbas, con 17 compartidas, cinco exclusivas del interior y otras cinco del exterior. También encontró mayor humedad dentro de los revolcaderos en un tipo de pastizal. En otro, el terreno estaba más compactado y las plantas eran más bajas.
No se detectaron diferencias significativas en la concentración de nutrientes entre el interior y el exterior. Los autores atribuyeron las diferencias del suelo principalmente a procesos geomorfológicos y presentaron el trabajo como una referencia inicial para futuras comparaciones. Por eso, estos resultados no demuestran una recuperación general del ecosistema en pocos meses.
Qué aporta la nueva revisión
Alejandra Espinosa y Rurik List, de la Universidad Autónoma Metropolitana, analizaron 75 publicaciones sobre los efectos ecológicos del bisonte. Su revisión recoge beneficios relacionados con la vegetación, la fauna y los procesos del ecosistema, pero también resultados negativos y neutros.
Hay un matiz importante para México. El 88 % de los trabajos procedía de Estados Unidos, por lo que sus conclusiones necesitan comprobarse en los ambientes más secos del norte mexicano. La revisión respalda una oportunidad de restauración, condicionada a que el número de animales no supere lo que puede sostener el terreno.
De Chihuahua a Sonora
La expansión ha avanzado por etapas. Según el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza (FMCN), en noviembre de 2019 se trasladaron 19 bisontes desde El Uno a la Reserva Natural El Carmen, en Coahuila. En enero de 2021, la organización situaba la manada de El Uno en 230 ejemplares.
Otro comunicado de diciembre de 2025 confirmó la llegada de 44 animales a El Santuario, también en Coahuila. El siguiente avance alcanzó Sonora en febrero de 2026, cuando 29 ejemplares de Janos fueron trasladados al Rancho Los Ojos Calientes, según informaron las autoridades. Cada traslado amplía los lugares donde se trabaja para recuperar la especie.
La restauración necesita manejo
El Uno ocupa 18.546 hectáreas y alberga fauna como el perrito de la pradera de cola negra, el búho llanero y el águila real. El programa descrito por el FMCN combina el cuidado de esos hábitats con pastoreo planificado y medidas para prevenir la erosión. Recuperar el paisaje exige trabajar sobre varios problemas a la vez.
El crecimiento de las manadas también debe gestionarse para reducir la presión sobre los pastos. El plan anunciado en 2025 incluye regular la población y trasladar ejemplares a terrenos adecuados. Más animales requieren más espacio y seguimiento.
El reto es comprobar cómo evolucionan el suelo y la biodiversidad mientras se consolida la recuperación del bisonte. La revisión científica más reciente citada en esta noticia fue publicada anticipadamente el 21 de agosto de 2026 en la revista Therya.
Imagen: Jean Beaufort / Wikimedia Commons (CC0)







