Una noche de octubre, en la estación de Exeter, en el sur de Inglaterra, el expreso de las 22:05 hacia Newton Abbot se quedó parado 16 minutos. Los ferroviarios no conseguían saber por telégrafo si la vía estaba libre en Starcross, un pueblo junto al estuario del Exe. Durante años, ese retraso se ha contado como el posible primer caso conocido de una tormenta magnética que interfiere con una tecnología humana, y se fechaba el 18 de octubre de 1841.
James Wild, profesor de la Facultad de Física y Astronomía de la Universidad de Lancaster, ha revisado la historia con otros cinco científicos. Su estudio, publicado el 16 de septiembre en la revista Space Weather, concluye que el episodio ocurrió casi con seguridad el 18 de octubre de 1848, siete años después de lo que se creía.
Las cifras clave
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Fecha que publicó Nature en 1871 | 18 de octubre de 1841 |
| Apertura del tramo Exeter-Teignmouth, con Starcross | 30 de mayo de 1846 |
| Desfase entre la fecha de Nature y la apertura (cálculo propio) | 4 años, 7 meses y 12 días |
| Horarios con un tren de las 22:05 | Del 11 de marzo de 1848 al 26 de julio de 1849 (unos 16 meses y medio, cálculo propio) |
| Fecha que propone el estudio | 18 de octubre de 1848 |
| Cambio del campo horizontal en Greenwich | Unos 310 nanoteslas entre las 22:00 y las 22:20 (hora universal) |
| Retraso del expreso, según Nature | 16 minutos |
Una nota de Nature de 1871
Todo sale de una nota sin firma publicada en Nature el 5 de octubre de 1871, treinta años después de la supuesta fecha. William Cade III, hoy en la Universidad Baylor y coautor del nuevo estudio, la rescató en 2013, y desde entonces se cita como el posible precedente más antiguo del clima espacial, es decir, de los efectos que la actividad del Sol tiene sobre la Tierra y sus máquinas.
«El 18 de octubre de 1841 se registró una perturbación magnética muy intensa, y entre otros hechos curiosos se menciona la detención del expreso de las 22:05 en Exeter durante dieciséis minutos, ya que por la perturbación magnética era imposible averiguar si la línea estaba libre en Starcross», decía el texto.
La frase siguiente es la que ha mantenido viva la anécdota: «El superintendente de Exeter informó a la mañana siguiente de que alguien estaba haciendo trastadas con los instrumentos y no los dejaba funcionar».
Los instrumentos eran telégrafos de agujas. Con ellos, dos guardas separados por varios kilómetros se avisaban de si un tramo de vía estaba ocupado o libre, y sin esa señal el tren no podía salir.
La vía de Starcross se abrió en 1846
El fallo apareció al mirar la historia del ferrocarril. La línea entre Exeter y Plymouth la construyó la South Devon Railway Company, con un ancho de vía de 2140 mm y un sistema «atmosférico» que empujaba los trenes con aire comprimido. La ley que la autorizaba no recibió la sanción real hasta julio de 1844.
El primer tramo, de Exeter a Teignmouth, con la estación de Starcross a unos 6 km al sur de la ciudad, se inauguró el 30 de mayo de 1846. La vía llegó a Newton Abbot en diciembre de ese año, según el semanario local Trewman’s Exeter Flying Post.
«En resumen, las pruebas documentales indican que la línea en cuestión no se abrió hasta casi cinco años después de los supuestos hechos del 18 de octubre de 1841», escriben los autores. «Por tanto, la información de Nature no puede ser exacta».
El equipo también buscó quién escribió la nota. El ejemplar original del editor lleva anotado a mano «N. ? Holmes», y los autores creen que se trata de Nathaniel John Holmes, un ingeniero eléctrico que hacia 1870 tendía cables telegráficos submarinos por el mar del Norte y vivía en Hampstead, a cerca de una milla (1,6 km) de Norman Lockyer, el fundador de Nature. Ni el archivo de Nature ni el de Lockyer en la Universidad de Exeter guardan el manuscrito original.
El tren de las 22:05 aparece en los horarios de 1848 y 1849
Para encontrar la fecha buena, los investigadores se fijaron en la hora del tren. Los periódicos de Exeter publicaban cada semana los horarios de la línea, y el equipo buscó una salida hacia Starcross a las 22:05.
Ese tren aparece en los horarios publicados entre el 11 de marzo de 1848 y el 26 de julio de 1849. Dentro de ese periodo hay una fecha que conserva el día y el mes del relato de 1871, el 18 de octubre de 1848.
En 1841 no hay rastro de la tormenta. El anuario del observatorio de Greenwich, que anotaba las observaciones magnéticas «extraordinarias» desde 1840, no registra nada raro aquel 18 de octubre, y el catálogo de auroras de Angot, de 1897, no recoge ninguna en Inglaterra esa noche, aunque sí una en Praga.
Greenwich registró 310 nanoteslas en 20 minutos
Un magnetograma es la línea que un aparato traza sobre papel fotográfico a medida que cambia el campo magnético terrestre. Greenwich los registró de forma continua desde 1846, y el archivo escaneado del British Geological Survey (BGS) conserva el del 18 de octubre de 1848.
Ese papel muestra perturbaciones fuertes desde las 21:20, hora universal. Entre las 22:00 y las 22:20, la componente horizontal del campo cambió unos 310 nanoteslas, a un ritmo de unos 15 nanoteslas por minuto, y la declinación, el ángulo de la brújula, se movió 1,3 grados en 22 minutos.

Según los autores, cambios así bastan para inducir un campo eléctrico en el terreno del sur de Inglaterra. Ese campo empuja corrientes por los cables largos conectados a tierra, como los del telégrafo.
«Gracias al archivo histórico de registros magnéticos del BGS procedentes del observatorio de Greenwich, en Londres, pudimos confirmar que el 18 de octubre de 1848 hubo perturbaciones aurorales muy grandes», explica Ciarán Beggan, geofísico del British Geological Survey, en la nota del BGS.
Auroras sobre Leeds y manchas en el Sol
Los periódicos de aquellas semanas completan el cuadro. El Flying Post reimprimió el 26 de octubre de 1848 la carta de un observador cerca de Leeds que vio unas auroras boreales poco corrientes: «Todo el cielo, salvo unos pocos grados del sur, estaba vivamente iluminado».
El periódico añadía una nota propia: «El sábado por la noche, hacia las ocho, se vio la aurora boreal desde esta ciudad [Exeter], aunque era débil comparada con la grandiosidad descrita».
El clérigo y astrónomo Temple Chevallier dibujó el Sol desde Durham a las 10:25 del 19 de octubre de 1848, con un gran grupo de manchas en el centro del disco. El catálogo de Angot apunta auroras en el Reino Unido nueve noches de ese mes, y el físico español Rico Sinobas anotó una aurora roja vista desde el noroeste de España el día 18. «Fue claramente un periodo de clima espacial activo», escriben los autores.
Casi un mes después, el 17 de noviembre de 1848, el físico Carlo Matteucci describió cortes en el telégrafo entre Florencia y Pisa. El equipo cree que pudo ser la misma región activa del Sol, que habría sobrevivido a una rotación solar completa.
«Nuestra investigación tiene algo de novela policiaca: hemos reunido una gran variedad de registros archivados para entender mejor un fenómeno de clima espacial históricamente severo», dice Mike Hapgood, científico visitante y experto en clima espacial de RAL Space, del Consejo de Instalaciones Científicas y Tecnológicas (STFC) británico.
Derby pasa por delante de Exeter
Con la fecha corregida, el título de primer caso fiable pasa a otro ferrocarril. El 19 de marzo de 1847, el telégrafo del Midland Railway, cerca de Derby, registró «corrientes eléctricas espontáneas» mientras «se veía una aurora brillante», según el informe que Barlow presentó a la Royal Society en mayo de 1848. Es una fecha unos 19 meses anterior a la de Exeter.
Las dos fechas son anteriores, en doce y once años, al evento Carrington de 1859, la gran tormenta que suele presentarse como el primer episodio extremo de la era científica.
«El retraso del tren de Exeter es una historia fascinante porque se sitúa justo en el momento en que las tecnologías emergentes empezaron a toparse con la realidad del entorno espacial», dice Wild en la nota de la Universidad de Lancaster. «Combinando archivos históricos con observaciones científicas, hemos podido demostrar que el suceso ocurrió casi con seguridad en 1848 y no en 1841».
«Aunque eso significa que no es el primer impacto del clima espacial registrado, sigue siendo uno de los primeros ejemplos claros de actividad solar que perturba una infraestructura crítica», añade.
Lo que el estudio no puede probar
La parte firme del trabajo es la refutación: los periódicos de 1846 dejan claro que el retraso no pudo ocurrir en 1841 tal como se contó. La fecha de 1848 se apoya en coincidencias, porque no hay ningún documento de la época que hable de ese retraso ni de la queja del superintendente.
Los autores lo dicen así: «Las convincentes pruebas circunstanciales apuntan a un error tipográfico en la fecha del suceso publicado en Nature, con “1848” impreso por error como “1841”». Sobre la frase del superintendente, reconocen que no han podido encontrar «ningún informe que incluyera esa frase ni nada parecido».
Las mediciones son de Greenwich, a unos 250 km al este de Exeter, y el cálculo supone que las dos ciudades sufrieron la misma variación del campo. Los 16 minutos de retraso salen de la propia nota de 1871, escrita 23 años después del suceso si la nueva fecha es la buena, y la misma que el estudio corrige.
Hoy, una tormenta así afectaría a las redes eléctricas y al GPS. «Las tecnologías afectadas han evolucionado de los telégrafos ferroviarios a los satélites, las redes de comunicaciones y los sistemas eléctricos, pero el reto sigue siendo el mismo: entender el riesgo y garantizar que la sociedad sea resiliente a sus efectos», dice Wild.
El estudio completo se ha publicado en Space Weather.
«Allí donde la literatura científica histórica no ha sido del todo fiable (y hubo unos cuantos casos), los relatos contemporáneos publicados en los periódicos locales resultaron de un valor incalculable», concluyen los autores.
Foto: Simon Cobb / Wikimedia Commons (CC0)










