Estados Unidos desechó casi 11 millones de toneladas de muebles en 2018 y el reciclaje de muebles medido por la EPA se quedó en el 0,3 %: desmontarlos es caro por el pegamento, según un informe neerlandés

Adrian Villellas
Publicado el 19 de octubre de 2026 a las 20:45
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Sofá amarillo abandonado en una acera de San Francisco, un ejemplo del problema del reciclaje de muebles en Estados Unidos

Cuando un sofá viejo sale por la puerta de una casa en Estados Unidos, lo más probable es que termine enterrado. En 2018 el país generó 12,1 millones de toneladas cortas de residuos de muebles y enseres, casi 11 millones de toneladas métricas, y el reciclaje de muebles que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) pudo contabilizar se quedó en unas 36.000 toneladas, alrededor del 0,3 %.

El resto se repartió entre el vertedero, con el 80,1 %, y la incineración con recuperación de energía, con el 19,5 %. En 1960 la misma categoría sumaba unos 2 millones de toneladas, de modo que el volumen se ha multiplicado por más de cinco en seis décadas.

Lo que mide la EPA y lo que no

La categoría incluye «sofás, mesas, sillas y colchones», según la ficha de la agencia, que calcula las cifras con las ventas registradas por el Departamento de Comercio y cuenta cada mueble al final de su vida útil.

La madera es el material que más pesa en este residuo y los metales férricos ocupan el segundo lugar, con plásticos, vidrio y textiles detrás. La EPA admite que la recuperación de madera, textiles y metales «puede estar ocurriendo», pero añade que «no había ninguna fuente de datos medible accesible, con la excepción de los colchones».

El pegamento complica el desmontaje

Un informe de la consultora Technopolis encargado por el Ministerio de Infraestructuras y Gestión del Agua de los Países Bajos, de enero de 2024, pone el dedo en el problema. Para reciclar hace falta desmontar, escriben sus autores, algo «costoso y a menudo imposible por el pegamento y los componentes compuestos de materiales mezclados».

El mismo documento describe «un sofá típico hecho con un armazón de madera prensada, metales, espuma y tapicería» y advierte de que puede contener decenas de sustancias químicas distintas. Algunas de ellas, añade, pueden bloquear el reciclaje incluso cuando las piezas ya se han separado.

El estudio sobre ecodiseño de muebles recoge además datos de la Federación Europea de Fabricantes de Muebles. Según esas cifras, entre el 80 % y el 90 % de los muebles desechados en la UE se incinera o va a vertedero, solo un 10 % aproximado se recicla, y el informe calcula un volumen anual de entre 8 y 12 millones de toneladas.

Los autores proponen empezar los requisitos de diseño por sofás y armarios de tablero, y recuerdan que reparar es complicado porque la mayoría de los muebles «son difíciles de desmontar».

La espuma de poliuretano exige otro camino

La espuma flexible de poliuretano, el relleno de cojines y colchones, es un plástico termoestable. Eso significa que sus cadenas quedan entrelazadas al fabricarse y no se puede fundir y moldear de nuevo como una botella.

La Polyurethane Foam Association, la patronal estadounidense del sector, explica que la vía ya consolidada es triturarla y pegar los trozos para fabricar bases de moqueta. «El objetivo final es reciclar la espuma vieja en espuma nueva con las mismas prestaciones», añade la asociación, que reconoce que es un reto para un plástico termoestable.

En España ya hay plantas que trabajan con este material, como la de Recypur en Carlet, que recicla espumas de colchones y sofás, y el reto se parece al de otros plásticos reciclados que se convierten en productos nuevos.

Los colchones tienen quien pague el desmontaje

La excepción estadounidense son los colchones. California, Connecticut, Oregón y Rhode Island cobran una tasa en cada colchón o somier vendido y ese dinero financia el programa Bye Bye Mattress del Mattress Recycling Council, una entidad sin ánimo de lucro creada por la industria del descanso.

En California la tasa subió de 16 a 18 dólares por unidad el 1 de abril de 2026, una subida que el consejo atribuye al encarecimiento de la mano de obra externa, el transporte y la operación.

«El programa de reciclaje de colchones de California sigue demostrando cómo un programa de responsabilidad de la industria puede proteger nuestro medio ambiente, crear empleos verdes y reducir residuos a la vez», dijo en 2025 Mike O’Donnell, director de operaciones del consejo.

En Oregón, vecinos y empresas evitaron en 2025 que más de 130.000 colchones y somieres acabaran en «vertederos, calles, parques y cauces», según el consejo. Apilados, dice su nota, alcanzarían la altura de diez montes Hood, y puestos uno detrás de otro irían de Eugene a Medford.

Más de 2000 se donaron o se renovaron, y del resto salieron acero, espuma, fibras y madera para bases de moqueta, aislantes o combustible de biomasa.

Dos hombres desmontan un colchón para su reciclaje junto a una pila de colchones usados y somieres
Internos del centro penitenciario de Hutchinson (Kansas) separan las capas de un colchón para su reciclaje, en enero de 2012. (Foto: EPA / Wikimedia Commons, dominio público)

«Gracias a las empresas y comunidades de todo el estado, a los habitantes de Oregón les resulta más cómodo que nunca mantener los colchones fuera de los vertederos», dijo O’Donnell en junio de 2026 en la planta de St. Vincent de Paul Society of Lane County, en Eugene.

Su directora ejecutiva, Bethany Cartledge, puso el acento en el empleo. «El reciclaje de colchones no solo da nueva vida a un material que de otro modo cargaría los vertederos de Oregón, también crea empleos de segunda oportunidad», afirmó.

Francia financia la recogida con cada mueble nuevo

Francia aplica la misma lógica a todo el mobiliario. Ecomaison, la entidad autorizada por el Estado para gestionar los muebles usados, se financia con una ecoparticipación que se paga al comprar productos nuevos y que en 2025 sumó 464,5 millones de euros.

Según su balance de 2025, publicado el 30 de junio de 2026, la entidad se hizo cargo de 1,97 millones de toneladas de objetos y materiales, incluidos sectores distintos del mueble como la construcción, el bricolaje y jardín y los juguetes. El 98 % se valorizó, con un 46 % de reciclaje de materiales, un 47 % de recuperación energética y un 5 % de reutilización.

«Detrás de los casi 2 millones de toneladas recogidas en 2025 hay un objetivo sencillo: transformar los residuos en recursos», dijo Dominique Mignon, presidenta de Ecomaison. El balance cita además la apertura de su octavo centro de reciclaje de colchones, en La Cavalerie (Aveyron).

España fijó plazos en su ley de residuos

La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados obligaba a los ayuntamientos a recoger por separado los residuos voluminosos, es decir, muebles y enseres, antes del 31 de diciembre de 2024. También daba un plazo máximo de tres años para desarrollar por reglamento un régimen de responsabilidad ampliada del productor para los muebles, el modelo por el que fabricantes y vendedores pagan la gestión de lo que ponen en el mercado. Ese plazo venció en abril de 2025 y el real decreto aún no se ha aprobado: el Ministerio para la Transición Ecológica lo sometió a consulta pública previa entre septiembre y octubre de 2025.

La misma ley fija que en 2030 al menos un 10 % de los residuos municipales debe prepararse para la reutilización, con los muebles entre los flujos citados expresamente. Ya hay proyectos, como la planta para reciclar colchones usados que la Xunta autorizó en Palas de Rei, pensada para procesar hasta 2100 toneladas al año.

El Ministerio para la Transición Ecológica recomienda alargar la vida de los muebles con mantenimiento, reparación y restauración, y pide no dañarlos durante la recogida para que puedan reutilizarse con una segunda vida.

Las cifras no se pueden comparar directamente

El 0,3 % estadounidense y el 98 % francés no miden lo mismo. La EPA solo cuenta el reciclaje del que tiene datos, en una serie que no pasa de 2018, mientras que Ecomaison incluye la quema con recuperación de energía y otros sectores además del mueble.

Las cifras europeas del informe neerlandés proceden a su vez de un trabajo de 2017 de la Oficina Europea de Medio Ambiente basado en estadísticas de la patronal. El informe neerlandés apunta al origen del problema, porque separar los materiales de un mueble cuesta dinero, y los casos de los colchones estadounidenses y de Francia muestran que ocurre a gran escala cuando un sistema lo financia.

Los datos completos se han publicado en la ficha de la EPA sobre bienes duraderos, actualizada el 23 de octubre de 2025.

Foto: Michael McCauslin / Wikimedia Commons, CC BY 2.0, fondo ampliado

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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