En las llanuras onduladas que separan Fort Worth de Abilene hay un rancho de Texas donde hoy se oye el silbido de las codornices y se ven pavos salvajes con la cola desplegada cruzando los prados, dos especies que antes de 2008 apenas se veían ni se oían en esas mismas tierras.
Mike y Mary Terry compraron la finca ese año, cuando era una explotación ganadera con los pastos agotados, y la rebautizaron como MT7. Según Texas Parks & Wildlife Magazine, la revista del Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas (TPWD), la población de pavos del rancho pasó de menos de 50 aves a más de 500 tras la restauración.
El trabajo les valió en 2024 el Premio Leopold de Conservación de Texas, que el propio departamento describe como «el máximo galardón del estado para la conservación en tierras privadas».
Un rancho agotado por el ganado
La propiedad está cerca de Breckenridge, en el norte del centro de Texas, y creció con la compra de 20 parcelas contiguas hasta superar los 19.300 acres, unas 7810 hectáreas de llanuras, cultivos, humedales y pastizales, según la Sand County Foundation, la organización que impulsa el premio.
El nombre sigue una costumbre de los antiguos dueños con un siglo de historia, que consistía en usar sus iniciales seguidas del número siete. Los Terry pusieron las suyas y mantuvieron el número.
«Devolver la tierra a su estado natural, mejorar la fauna, todos esos principios son importantes para la custodia de la tierra y para la ética de la tierra», explicó Mike Terry a la revista en 2024.

Seis meses para vender todo el ganado
En los seis meses siguientes a la compra, los Terry vendieron las vacas para que los pastos descansaran y pudiera empezar la recuperación de la pradera y de los hábitats de la fauna.
A medida que volvían las hierbas y la fauna, la familia reintrodujo el ganado en 2015, con una explotación que mantiene una media de 400 cabezas de Red Angus, una raza de carne de capa rojiza.
La fundación explica que el rancho combina un calendario de quemas prescritas con pastoreo rotacional para revitalizar las gramíneas nativas de estación cálida, las hierbas propias de los pastizales nativos de la región. Una quema prescrita es un fuego planificado y controlado que renueva la vegetación, y el pastoreo rotacional mueve al rebaño entre parcelas para que cada una tenga tiempo de rebrotar.
Al frente de todo está Ty Bartoskewitz, gerente del rancho desde hace años, que según TPWD combina prácticas de manejo del hábitat, del pastoreo, de los cultivos, de retención de agua y de las poblaciones de fauna. En las tierras de labor se siembran trigo, sorgo y girasol.
Agua y árboles para los pavos
El arroyo que cruza la finca y los más de 200 lagos y estanques que los Terry han mantenido o creado forman una red de puntos de agua para aves acuáticas que pasan allí el invierno, pigargos americanos, castores, nutrias de río, codornices, ciervos de cola blanca y pavos, enumera la revista.
Los propietarios plantaron olmos, álamos y robles de Virginia para crear dormideros para las palomas, sombra en los lagos para la pesca y corredores arbolados junto a los cursos de agua donde los pavos pasan la noche. Un dormidero es el árbol o la arboleda donde las aves se posan a dormir, lejos del suelo y de los depredadores.
«La población de pavos ha experimentado una mejora espectacular», recoge el reportaje, firmado por Lerrin Johnson, que cifra el salto en menos de 50 aves al principio y en una población próspera de más de 500 hoy.
Con los años, una pareja de barnaclas canadienses que hacía escala en su migración hacia el sur encontró el hábitat restaurado, y ahora viven en la propiedad más de 80 gansos de forma permanente.
55 refugios para las codornices
Lo hecho con las codornices es, según TPWD, «quizá lo más destacado» del rancho. Son 55 áreas de manejo repartidas por la finca, de entre 10 y 100 acres cada una, es decir, de 4 a 40 hectáreas.
Están en corredores de ribera y en lomas donde antes no se podía desbrozar con facilidad el mezquite y otros arbustos. Cada una da a las codornices refugio y comida gracias a franjas aradas que se siembran cada año con una mezcla de cereales y plantas herbáceas que maduran en distintas épocas del año y dan semillas y cobijo a los insectos.
La fundación añade que se han retirado más de 3300 cerdos asilvestrados para reducir los daños al hábitat, y que esas labores le valieron al MT7 el premio al Propietario del Año de la Texas Wildlife Association en 2015.
Lo que dice la ciencia sobre el pavo del Río Grande
La restauración del hábitat para la codorniz y para el pavo del Río Grande, la subespecie de pavo salvaje de las llanuras del sur de Estados Unidos, figura entre los temas que se han estudiado en el propio rancho, según la fundación.
Un estudio publicado en 2007 en The Journal of Wildlife Management siguió con radiotransmisores a 1129 pavos de esta subespecie en cuatro zonas del Panhandle de Texas y del suroeste de Kansas entre 2000 y 2004. Machos y hembras elegían la vegetación de ribera, y en dos de las zonas las hembras escogían pastos sin ganado para hacer el nido.
«Debido al impacto del ganado en la altura media de la hierba y en su disponibilidad, el pastoreo probablemente tendría el mayor impacto sobre la nidificación en las zonas de ribera, por el uso que hacen los pavos de la hierba como cobertura para el nido», escriben los autores, encabezados por Galon I. Hall. Su recomendación es pastorear las zonas altas en primavera y las riberas cuando termina la época de cría.
Otro trabajo, publicado en 2017 en la revista de la Southeastern Association of Fish and Wildlife Agencies por Bret A. Collier y su equipo, siguió con GPS a ocho machos adultos en el sur de Texas durante la primavera de 2009, en plena sequía, la segunda peor registrada en la región. Las aves usaban las zonas de suelo desnudo o con hierba y los bosques de ribera mucho más de lo que cabría esperar por su superficie, y se mantenían cerca del agua y del alimento suplementarios.
Según sus autores, los resultados sugieren que los recursos suplementarios «serán seleccionados activamente durante los años de sequía severa».
Un aula al aire libre
Los Terry abren la finca a otros ganaderos, a escuelas y asociaciones locales, a agencias de conservación estatales y federales, a organizaciones sin ánimo de lucro y a estudiantes de posgrado que investigan allí. Cada año, más de 100 alumnos de quinto curso del distrito escolar de Breckenridge pasan una jornada de campo en el rancho, y el programa de prácticas, creado en 2009, ha acogido a más de 100 estudiantes.
Kevin Mote, director de Tierras Privadas y Caza Pública de TPWD, lo resumió así al anunciar el premio: «Su disposición a aplicar nuevas prácticas de manejo, aprender de sus éxitos y fracasos y compartir ese conocimiento con otros conservacionistas afines son cualidades que estamos orgullosos de reconocer y honrar».
El galardón, que lleva el nombre del conservacionista Aldo Leopold y en 2024 se entregaba en 27 estados, incluía un trofeo de cristal, un cartel para la entrada de la finca y 10.000 dólares de la Sand County Foundation.
«El futuro del rancho tiene que ver por completo con mis hijos y mis nietos», dijo Mike Terry a la revista. «Cada vez que estoy con ellos intento enseñarles a ser buenos custodios de la tierra».
Las cifras que faltan
El salto de menos de 50 a más de 500 pavos procede del reportaje de la revista, que no explica cómo ni cuándo se hicieron los dos recuentos. Tampoco consta un estudio publicado que mida qué parte del aumento se debe al descanso de los pastos, a los árboles, al agua o a la retirada de los cerdos asilvestrados.
Los trabajos sobre el pavo del Río Grande se hicieron en otros lugares y en otras condiciones, así que ayudan a entender por qué la hierba alta y las riberas importan a estas aves, aunque no demuestran la causa en este rancho. Lo que sí documentan TPWD y la Sand County Foundation es el conjunto de medidas aplicadas y el reconocimiento oficial a los propietarios.
El reportaje completo se ha publicado en Texas Parks & Wildlife Magazine, en su número de agosto y septiembre de 2024.
La historia del MT7 se suma a otros casos en los que quitar presión a la tierra ha devuelto la fauna, como el de las tierras de cultivo áridas que el Reino Unido compró y donde los castores están devolviendo la vida o el de los bisontes que México llevó a los pastizales de Chihuahua en 2009.
Foto: Chase Fountain / TPWD












