En la lista de 37 ganadores estatales que 3M y Discovery Education publicaron el 1 de julio de 2026, la casilla de Virginia lleva un único nombre, el de Ishanvi Sakharpe, alumna de la Old Donation School de Virginia Beach. Su proyecto se llama Dolphin Guard y, como indica su nombre, se presentó para proteger a los delfines.
La ficha oficial del 3M Young Scientist Challenge recoge su nombre, el título del proyecto y la distinción como ganadora estatal de Virginia en 2026, aunque no explica cómo funciona Dolphin Guard ni si se ha probado en el agua.
Un concurso científico para escolares estadounidenses
El 3M Young Scientist Challenge, que en 2026 celebra su 19.ª edición, está abierto a alumnos de quinto a octavo curso del sistema educativo de Estados Unidos.
Para participar, cada estudiante graba un vídeo de uno a dos minutos en el que describe un invento o una solución para un problema cotidiano que le afecte a él, a su familia, a su comunidad o a la población mundial, según las bases del concurso. Los jueces no puntúan la calidad de la grabación, que puede hacerse con un móvil.
El jurado reparte la nota en cuatro bloques, de modo que la creatividad y el conocimiento científico pesan un 30 % cada uno, mientras que la capacidad de persuasión y comunicación y la presentación general suman un 20 % cada una.
Cada edición elige un gran ganador, que recibe 25.000 dólares y el título de «mejor joven científico de Estados Unidos», además de diez finalistas con 1000 dólares y una mentoría de verano con un científico de 3M, menciones de honor y hasta 51 ganadores estatales. En 2026 se concedieron 37 de esas distinciones estatales.
«El 3M Young Scientist Challenge pone de relieve cómo los estudiantes usan la ciencia y la creatividad para resolver problemas del mundo real», declaró William Brown, presidente y consejero delegado de 3M, en la nota de prensa que anunció los premiados.
Brian Shaw, consejero delegado de Discovery Education, lo planteó desde el aula. «Cuando los estudiantes ven cómo la ciencia se conecta con el mundo que les rodea, dejan de memorizar y empiezan a creer que pueden marcar la diferencia», afirmó.
Por la misma convocatoria pasó, por ejemplo, un estudiante de Carolina del Norte premiado por su idea de fabricar pequeñas baterías con agua sucia.
Los delfines mulares viven cerca de la gente
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) explica en su ficha del delfín mular (Tursiops truncatus) que la especie vive tanto en mar abierto como en puertos, bahías, golfos y estuarios, que son las zonas donde los ríos se encuentran con el mar.
Esa cercanía a la costa los hace fáciles de observar, «pero esto expone a los delfines mulares a un mayor riesgo de lesiones y muerte de origen humano», escribe la agencia.
Pueden vivir al menos 40 años y algunas hembras superan los 60, y en aguas estadounidenses se han identificado 81 poblaciones distintas, cuya tendencia es desconocida en muchos casos según la propia NOAA. Son mamíferos plenamente marinos, y hoyECO ya contó que los delfines y las orcas han pasado el punto evolutivo sin retorno para volver a vivir en tierra.
Redes, anzuelos y ruido bajo el agua
Uno de los principales peligros es la captura accidental, conocida en inglés como bycatch, cuando el delfín queda enredado o enganchado en artes de pesca comerciales como redes de enmalle, redes de cerco, arrastres, nasas o palangres, que son líneas muy largas con muchos anzuelos.
También pueden enredarse en el aparejo de caña y carrete de los pescadores recreativos o tragárselo, lo que puede causarles la muerte o lesiones graves. NOAA indica que este problema está creciendo, sobre todo en el sureste de Estados Unidos, y que en gran parte se debe a que los delfines se llevan el cebo y las capturas directamente de los aparejos, comen el pescado que se tira por la borda o reciben comida de forma ilegal.
Los delfines mulares usan el sonido para comunicarse y para cazar, y la agencia incluye el ruido submarino, los choques con embarcaciones y la alteración del hábitat entre las amenazas que soportan, un problema parecido al de las ballenas del Estrecho de Gibraltar, afectadas por el ruido de los barcos.
Darles de comer los acerca a barcos y anzuelos
Alimentar a un delfín salvaje es ilegal en Estados Unidos según la Ley de Protección de los Mamíferos Marinos y, como recuerda NOAA, cambia su conducta y le hace perder la desconfianza hacia las personas y las embarcaciones. Los delfines, crías incluidas, aprenden esas estrategias arriesgadas unos de otros.
Según la ficha de la NOAA, los delfines alimentados por personas «aprenden a asociar a los humanos con la comida» y cambian su forma natural de cazar: piden comida a los barcos y se llevan el cebo y las capturas directamente de los aparejos.
La página de la agencia sobre cómo observar delfines salvajes añade que un delfín acostumbrado a recibir comida puede «nadar demasiado cerca de las hélices en marcha de los barcos y sufrir lesiones graves», o morir tras enredarse en anzuelos y sedales.
NOAA añade que algunos navegantes y pescadores, frustrados porque los delfines les roban las capturas, llegan a tomar represalias violentas contra ellos, incluso a tiros.
Lo que todavía falta por saber
El premio estatal reconoce el vídeo con el que se presentó la idea, y en este concurso son los diez finalistas quienes reciben el encargo de desarrollar un prototipo durante el verano con la mentoría de un científico de 3M.
No se han publicado datos de pruebas en el mar, ni mediciones, ni una revisión independiente de Dolphin Guard, así que su eficacia todavía no se puede valorar.
Cómo observar delfines sin molestarlos
Mientras tanto, las recomendaciones de NOAA para observar fauna marina piden mantenerse al menos a 50 yardas de los delfines, unos 46 metros o la mitad de un campo de fútbol americano, y recuerdan que las normas cambian según el estado y la especie.
La agencia aconseja no perseguirlos ni rodearlos con ninguna embarcación, evitar la velocidad excesiva y los cambios bruscos de rumbo, navegar sin levantar estela cuando están cerca y no colocarse nunca entre una madre y su cría.
La final se celebró los días 12 y 13 de octubre de 2026 en el Centro de Innovación de 3M en St. Paul (Minnesota), y la web del concurso ya muestra como ganadora de esta edición a Raji Doshi, de Connecticut, con un sistema de algas y aragonito para reducir la acidificación del océano.
Foto: NOAA Photo Library











