Prakhar Purohit, un estudiante de Carolina del Norte, ha recibido el reconocimiento estatal al mérito del 3M Young Scientist Challenge 2026 por su proyecto “Tiny Batteries from Dirty Water” (“Pequeñas baterías a partir de agua sucia”). La propuesta conecta dos cuestiones ambientales que suelen tratarse por separado, los residuos presentes en el agua y la obtención de electricidad.
El título despierta una pregunta inmediata. ¿Podría aprovecharse lo que tiramos por el desagüe para alimentar pequeños dispositivos? La investigación sobre aguas residuales demuestra que esa conexión es posible, aunque la información oficial sobre Purohit todavía no permite conocer el funcionamiento ni el rendimiento de su propuesta.
Un premio con nombre propio
3M y Discovery Education anunciaron el 1 de julio los 37 reconocimientos estatales al mérito y cuatro menciones honoríficas de la edición de 2026. En el comunicado, Purohit figura como alumno de The Math and Science Academy of Apex, en Carolina del Norte.
Su distinción corresponde a la categoría estatal del concurso. La organización diferencia estos reconocimientos de los diez puestos de finalista y del gran premio nacional, una precisión necesaria para entender el alcance del anuncio.
El certamen admite estudiantes de quinto a octavo curso del sistema estadounidense y pide un vídeo de uno o dos minutos sobre una solución a un problema cotidiano. Según sus criterios, la creatividad y los conocimientos científicos representan un 30 % de la valoración cada uno, mientras que la comunicación y la presentación completan la puntuación.
Lo que sabemos del proyecto
La ficha de Young Scientist Lab recoge el nombre del estudiante, su reconocimiento y el título del trabajo. Sin embargo, esa publicación no incluye un esquema del dispositivo, los materiales utilizados ni resultados de pruebas que permitan valorar cuánta electricidad puede obtenerse.
Por eso, describirlo como una batería lista para cargar un móvil iría más allá de lo documentado. Tampoco puede deducirse del título que el sistema limpie el agua o reduzca las emisiones de CO2, aunque sean posibilidades que merezcan investigarse.
Esta falta de detalles deja abiertas preguntas importantes. Entre ellas están qué tipo de agua utilizó, qué función desempeña dentro del dispositivo y durante cuánto tiempo podría mantener una corriente útil.
Cómo puede producir electricidad
La relación entre aguas residuales y energía cuenta con antecedentes científicos. La Universidad Estatal de Pensilvania explica que las pilas de combustible microbianas aprovechan los electrones que determinadas bacterias liberan al descomponer la materia orgánica presente en el agua.
Dicho de forma sencilla, los microorganismos consumen esos compuestos y un circuito permite aprovechar parte del proceso para generar corriente. En este mecanismo, la energía procede de la materia orgánica, y el agua sirve como entorno donde ocurre la actividad biológica.
“Prácticamente cualquier material biodegradable puede utilizarse para producir electricidad”, explica el investigador Bruce Logan en una publicación de la universidad. Esta tecnología ayuda a entender el interés del tema, pero la documentación consultada no permite afirmar que sea el método empleado por Purohit.
El precedente de una cervecería
Un ejemplo independiente llegó en 2023 desde la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza. Sus investigadores modificaron bacterias E. coli para mejorar su capacidad de transferir electrones y las probaron con aguas residuales recogidas en una cervecería local.
El trabajo, publicado en la revista Joule, mostró que esas bacterias podían aprovechar aquel entorno para generar electricidad. Es un antecedente concreto de cómo los residuos orgánicos pueden convertirse en materia prima para investigaciones energéticas.
Pero pasar de una prueba a una instalación útil exige más comprobaciones. Un estudio de 2016 sobre un sistema microbiano de 200 litros, ensayado en una depuradora, ya señalaba la necesidad de reducir costes y mejorar el rendimiento, además de registrar variaciones relacionadas con la calidad del agua y las condiciones de funcionamiento.
Las medidas que faltan
¿Qué habría que conocer para valorar las pequeñas baterías de Purohit? Harían falta mediciones de potencia, duración, coste de los materiales y resultados obtenidos al repetir las pruebas, porque generar una señal eléctrica y alimentar un aparato de forma estable plantean exigencias diferentes.
También sería necesario medir cualquier beneficio ambiental que se quisiera atribuir al proyecto. Para hablar de depuración habría que analizar el agua antes y después, y para estimar un ahorro energético habría que comparar la electricidad obtenida con la consumida durante el funcionamiento.
El reconocimiento da visibilidad a una pregunta interesante sobre el aprovechamiento de los residuos, aunque la información publicada todavía es insuficiente para evaluar su alcance técnico.
El comunicado oficial sobre los premiados se publicó el 1 de julio de 2026 en la web de 3M.
Imagen: Czeva / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)












