El 22 de diciembre de 2021, un helicóptero del rompehielos japonés Shirase dejó unas cinco toneladas de material sobre el glaciar Langhovde, en la Antártida Oriental, a 4 kilómetros de su frente. Mientras el equipo preparaba la perforación, el hielo crujía y el agua de deshielo abundaba en la superficie, y de ahí salió un hallazgo sobre este glaciar antártico.
Tras perforar 552 metros de hielo hasta el lecho, investigadores de la Universidad de Hokkaido han comprobado que el agua que se forma en la superficie llega a la base del glaciar y lo hace deslizarse entre un 10 % y un 20 % más rápido hacia el océano durante días. «Esta es la primera observación de este tipo en la Antártida», resume Shin Sugiyama, catedrático del Instituto de Ciencia de Bajas Temperaturas de esa universidad y autor principal del trabajo.
Un sondeo de 552 metros hasta el lecho
Langhovde es un glaciar de salida de unos 3 kilómetros de ancho que desemboca en la bahía de Lützow-Holm, a unos 20 kilómetros de la base japonesa de Syowa. Un glaciar de salida es una lengua de hielo rápida que drena el interior de la capa de hielo y vierte ese hielo al mar.
Entre diciembre de 2021 y febrero de 2022, dentro de la 63.ª Expedición Japonesa de Investigación Antártica, el equipo perforó varios sondeos. «Con un chorro de agua caliente pudimos perforar el glaciar con cuidado y rapidez y medir la presión del agua justo en su base», explica Sugiyama en el comunicado de la Universidad de Hokkaido.
El primer sondeo alcanzó el lecho a 552 metros de profundidad, unos 440 metros por debajo del nivel del mar, y estaba situado aproximadamente 1 kilómetro glaciar arriba de la línea de apoyo. Esa línea marca el punto donde el hielo deja de descansar sobre el terreno y empieza a flotar sobre el océano.
«Para nuestra sorpresa, el agua del sondeo se vació por una grieta situada 40 metros por encima de la base», escribe Sugiyama en un texto publicado en julio en la web de divulgación de Springer Nature. Era la prueba de una red de agua dentro del glaciar nunca descrita en la Antártida, añade.
El agua levanta el hielo y reduce el rozamiento
Tras unos días de buen tiempo, con máximas de unos 5 °C, el glaciar se aceleró y alcanzó su pico de velocidad el 24 de diciembre de 2021. El deshielo intenso duró unos cinco días y el receptor de posicionamiento por satélite colocado sobre la parte flotante registró una velocidad un 20 % superior a la habitual.
Junto a los sondeos, sobre hielo apoyado, la aceleración fue similar o mayor y la superficie subió 12 centímetros entre el 21 y el 25 de diciembre. En la parte flotante no se registró ninguna subida, y por eso los autores atribuyen la elevación a que el agua a presión separó el hielo del lecho.
Según los autores, el agua llega abajo probablemente por hidrofracturación, un proceso en el que su peso dentro de una grieta abre el hielo y crea vías para que siga bajando. En la base, la presión levanta en parte el glaciar, reduce la fricción y facilita que se deslice hacia el océano.
El mecanismo está bien documentado en glaciares de Europa, Alaska y Groenlandia, pero en la Antártida se discutía desde hacía años porque el hielo es muy frío y se pensaba que impedía el paso del agua.
Una lluvia rara en la Antártida
La segunda aceleración llegó entre el 2 y el 6 de enero de 2022. El día 2 cayeron unos 30 milímetros de lluvia, 30 litros por metro cuadrado, cuando la última lluvia registrada en Syowa databa de diciembre de 2017.
La capa de unos 5 centímetros de nieve que cubría el hielo quedó empapada, y en la mañana del 3 de enero el agua empezó a colarse en una grieta situada a unos 200 metros de los sondeos. Para entonces ya había un sensor de presión en el fondo del primer sondeo.

«Durante un periodo de deshielo superficial intenso, y de nuevo tras una lluvia poco frecuente en enero de 2022, el agua de deshielo aumentó la presión en la base del glaciar hasta soportar el 97 % del peso del hielo que tenía encima», cuenta Sugiyama. «El glaciar se elevó ligeramente y, con menos fricción que lo frenara, su deslizamiento sobre el lecho se aceleró entre un 10 % y un 20 %».
Antes de la lluvia, la presión del agua equivalía al 93-94 % de la del hielo. El 3 de enero el nivel del agua en el sondeo subió 20 metros, y su máximo coincidió aproximadamente con el pico de velocidad.
Una salida del agua hacia el océano
El agua de los sondeos era dulce, con una salinidad por debajo del límite de detección, pero a partir del 14 de enero su presión subía y bajaba dos veces al día al ritmo de las mareas medidas en Syowa. Para los autores, eso demuestra que la base del glaciar estaba conectada con la cavidad marina que hay bajo la parte flotante.
«Nuestras observaciones confirman que la descarga subglacial y el posterior afloramiento probablemente contribuyen a la circulación oceánica bajo la plataforma de hielo», escriben en el artículo.
Vida a 474 metros bajo el hielo
En otro sondeo, perforado ya sobre la parte flotante, la cámara descendió por 474 metros de hielo hasta una capa de agua de mar de solo 3 metros de espesor.
Sobre una roca de aproximadamente 1 × 0,5 × 0,5 metros, la cámara grabó una anémona de mar y esponjas pedunculadas de la especie Homaxinella balfourensis. «Fue muy sorprendente ver criaturas de colores haciendo su vida en un entorno tan frío, oscuro y cerrado, que revela un ecosistema oculto bajo el hielo», dice Sugiyama.
Un verano normal en Syowa
Según el registro de Syowa, el tiempo de la campaña fue normal: los grados-día positivos, un indicador que suma las temperaturas por encima de cero, fueron 10,6 °C·día en diciembre y enero, un 40 % menos que la media de los veranos de 1989/90 a 2025/26, de 18,2 °C·día.
Por eso los autores suponen que en Langhovde suele haber más agua de deshielo que la que vieron en 2021/22, y que estas aceleraciones son habituales allí y probablemente en otros glaciares de la región. En Syowa se ha registrado lluvia siete veces desde diciembre de 1989.
«Dado que el agua de deshielo es omnipresente a lo largo de la costa antártica, su impacto en la dinámica de los glaciares de salida debería tenerse en cuenta al proyectar la evolución de la capa de hielo antártica», escriben los autores. Esa velocidad importa porque son estos glaciares los que explican la mayor parte del hielo perdido por Groenlandia y la Antártida desde 1979.
«La capa de hielo antártica contiene el 90 % del hielo glaciar del mundo. Si se fundiera por completo y se vertiera en el océano, el nivel del mar subiría unos 60 metros», recuerda Sugiyama. «Nuestro estudio sugiere que la pérdida de hielo aumentará a medida que crezca el agua de deshielo en un clima más cálido, llevando cada vez más hielo al océano», añade.
Lo que el estudio todavía no puede medir
Los datos proceden de un solo glaciar y de una sola campaña de unas siete semanas, con dos episodios de aceleración que duraron días. El trabajo no calcula cuánto hielo extra llega al mar por estos episodios ni cuánto podría subir el nivel del mar por ellos.
Desde 1989 no aparece una tendencia clara en la temperatura media del verano, en los grados-día positivos ni en la frecuencia de la lluvia en Syowa.
Los investigadores apuntan a los ríos atmosféricos, corrientes de humedad y calor que llegan desde los subtrópicos y las latitudes medias, que pueden disparar el deshielo y la lluvia en la costa antártica y que, según los autores, serán más frecuentes e intensas. «Se necesitan más estudios para entender el clima futuro y la influencia del agua de deshielo en la dinámica de los glaciares de salida», concluyen.
El estudio completo se ha publicado en Nature Communications, y la Universidad de Hokkaido lo presentó en su nota de prensa del 12 de junio de 2026.
Para Sugiyama, el trabajo de campo sigue siendo clave aunque los satélites aporten cada vez más datos: «La perforación con agua caliente es una técnica única que abre una ventana a los procesos que ocurren bajo el hielo». En otros puntos del continente se ha abierto un agujero de casi un kilómetro en el glaciar Thwaites y se ha llegado a perforar medio kilómetro de hielo en la Antártida para sacar sedimentos.
Foto: Shin Sugiyama / Universidad de Hokkaido












