El Parque Karukinka, en la Tierra del Fuego chilena, protege hoy 297.655 hectáreas gracias a una deuda impagada que Goldman Sachs compró en 2002. Era un préstamo de Trillium Corporation, una empresa forestal estadounidense, garantizado con bosques del sur de la isla, y en 2004 el banco regaló esas tierras, 680.000 acres, unas 275.000 hectáreas, a la Wildlife Conservation Society (WCS).
El parque ocupa el 6,2 % de la Isla Grande de Tierra del Fuego, según el plan de manejo que WCS Chile publicó en diciembre de 2025. Goldman Sachs presenta la donación como una de las mayores cesiones de tierra para conservación del mundo en la página con la que celebró sus 20 años.
Una maderera quería explotar 147.905 hectáreas de bosque
Trillium proponía extraer cada año 543.000 metros cúbicos de lenga y coigüe de Magallanes, dos hayas australes del género Nothofagus, sin fecha de fin, según el plan de manejo, que cita un estudio de 1995. El área que pensaba intervenir abarcaba 147.905 hectáreas de bosque, y solo la red de caminos iba a ocupar unas 3200.
El documento concluye que la donación aseguró para siempre la protección de la mayor masa de bosque subantártico primario y maduro que existe a esa latitud.
Goldman Sachs eligió a WCS y dejó un fondo a perpetuidad
Hank Paulson, entonces presidente y consejero delegado del banco, recuerda que un pequeño equipo de Goldman Sachs encontró el préstamo y vio que «esta tierra tenía algo especial». El banco buscó después una organización capaz de hacerse cargo de ella y eligió a WCS, fundada en Nueva York en 1895 y responsable de zoológicos como el del Bronx.
Su programa en Chile se constituyó el 27 de agosto de 2004, con la doctora Bárbara Saavedra al frente. Según el plan de manejo, el banco aportó también dinero para arrancar la operación y otra suma importante para un fondo fiduciario destinado a sostener el proyecto a perpetuidad.
Otros propietarios han hecho apuestas parecidas a menor escala, como el matrimonio que compró un rancho de Texas castigado por el pastoreo y vendió el ganado o el actor que compró un atolón de la Polinesia que hoy es un santuario de tortugas.
En 2007 el parque unió sus dos mitades
Las tierras donadas formaban dos parcelas separadas. En 2007, una operación con la Comunidad Onamonte dio a WCS la franja que las unía, y el parque pasó de 680.000 acres a más de 735.000, según Goldman Sachs. Su superficie es en un 58 % bosque, en un 31 % turbera, en un 6 % vegetación andina y en un 1 % pastizal.

Allí se han registrado más de 100 especies animales, entre ellas el zorro culpeo fueguino, los guanacos y los elefantes marinos, y se pueden ver hasta 30 cóndores en un día de invierno y hasta cien en verano, según WCS Chile. La Isla Grande es además territorio ancestral del pueblo selk’nam, cuya cultura figura entre los cinco objetos de protección del plan.
Turberas con 79,4 millones de toneladas de carbono
Karukinka guarda más de 90.000 hectáreas de turberas, humedales de drenaje pobre donde la materia orgánica se acumula durante miles de años. Según el plan, almacenan unos 79,4 millones de toneladas de carbono, frente a los 43,6 millones de sus bosques. En 2015, el Ministerio de Minería declaró el parque Área de Interés Científico para efectos mineros, lo que lo protegió de la explotación de la turba.
Cuando una turbera se seca o se quema, ese carbono antiguo vuelve a la atmósfera, algo que ya se ha medido en dos lagos negros del Congo que expulsan CO2 de turba de miles de años. WCS Chile cita los incendios, la extracción de turba y musgo y los castores entre las causas de esa degradación.
Castores llegados en 1946 y 54 sensores
El castor americano se introdujo en 1946 en el lado argentino del lago Kami o Fagnano para fomentar la industria peletera. Sin depredadores naturales, se extendió por la isla y llegó al continente a finales de la década de 1960. Sus diques convierten los arroyos en lagunas, y un análisis de imágenes satelitales de 2016 estimó que al menos el 0,6 % de las turberas había quedado inundado por represas.
En Gran Bretaña, donde vive otra especie, una pareja de castores liberada convirtió un bosque de Dorset en humedal en solo un año. En Karukinka, el plan señala también a los perros sin supervisión, con jaurías de hasta siete animales capaces de matar guanacos.
Para saber cómo actuar, WCS Chile puso en marcha en 2025 un experimento de dos años dirigido por Melissa Carmody, con 54 sensores de nivel freático en seis turberas: dos sin castores, dos con represas y dos en las que está previsto retirarlas.

Con el agua alta, la turbera produce más metano y menos dióxido de carbono, y con el agua baja la turba se oxida y emite más CO2, según WCS Chile. La pregunta práctica es si conviene eliminar las represas de una vez, desmantelarlas por fases o dejar que se deshagan solas.
El trabajo siguió durante el invierno austral, con el parque cerrado. Carmody, hoy directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, explicó en una nota del 28 de agosto de 2026 que «la naturaleza sigue funcionando y las amenazas también siguen presentes». WCS Chile anunció entonces que el parque abriría al público desde este mes de octubre.
Acres, hectáreas y turberas: cifras que no cuadran
Goldman Sachs habla de 680.000 acres donados, unas 275.000 hectáreas, mientras el plan de manejo da 272.000. Para la superficie actual, el plan da 297.655 hectáreas y la nota de WCS Chile de agosto de 2026, 294.000.
Con las turberas pasa lo mismo. WCS Chile habló de unas 75.000 hectáreas en abril de 2025 y de más de 90.000 en mayo de 2026, y el plan da una horquilla de 75.000 a 100.000, con parte del terreno sin analizar por las nubes de las imágenes satelitales. El experimento de los castores tampoco ha publicado aún sus resultados.
El plan de manejo del Parque Karukinka, con horizonte hasta 2029, se presentó en la web de WCS Chile el 18 de diciembre de 2025.
Foto: WCS Chile










