Un catálogo de 144 páginas publicado el 4 de diciembre de 2025 ha reordenado la abeja carpintera azul (Xylocopa caerulea), una de las abejas más vistosas de Asia, de 20 a 28 milímetros. Sus autores, con Thomas Wood, del Centro de Biodiversidad Naturalis de Leiden (Países Bajos), al frente, concluyen que un macho que Alfred Russel Wallace recogió en Sarawak, en Borneo, entre octubre de 1854 y febrero de 1856 pertenece a esa misma especie.
Wood firmó el trabajo con Stephan Risch, Michael Orr, del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, y James Hogan, del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford, donde se guarda el macho. El catálogo recoge con fotografías 84 especies de abejas que el entomólogo Frederick Smith describió a partir de lo que Wallace envió desde el sudeste asiático.
Las abejas que Wallace no buscaba
Wallace recorrió el archipiélago malayo entre 1854 y 1862 y reunió unos 125.000 ejemplares, centrado sobre todo en las aves y en insectos como mariposas y escarabajos. Según explica Wood en un comunicado de Naturalis, no estaba especialmente interesado en lo que él llamaba «los otros órdenes», entre ellos las abejas.
La mayoría de sus abejas acabaron en manos del coleccionista William Wilson Saunders, que encargó a Smith describirlas. Entre 1857 y 1865, Smith publicó 89 especies nuevas con ese material, y la colección pasó al museo de Oxford en 1875. Muchos son ejemplares tipo, los individuos concretos sobre los que se describió cada especie, y para Wood ofrecen «un punto de referencia constante para reconocer las distintas especies».
Cinco nombres que eran tres abejas
Las carpinteras azules forman el subgénero Cyaneoderes, dentro de Xylocopa, y una revisión de 2016 había reconocido en él cinco especies. El equipo de Wood examinó 55 ejemplares de Naturalis, el macho de Oxford y fotografías de otros tipos guardados en Londres, y concluye que esos cinco taxones son en realidad tres.
La abeja carpintera azul es la grande, de 20 a 28 milímetros, con el clípeo, la placa de la cara situada encima de las mandíbulas, plano. Las otras dos miden entre 15 y 19 milímetros y tienen en esa placa una cresta longitudinal. Para una de ellas, el nombre más antiguo disponible es Xylocopa tumida, descrito en 1903 con ejemplares de la isla indonesia de Bangka.
La pista decisiva fue una medida antigua. Smith escribió en 1857 que el macho medía 11 líneas, unos 23 milímetros, y los autores comprobaron que la cifra es exacta al medir de nuevo el lectotipo de Oxford. Con ese tamaño, y con el mechón espeso de pelo sobre el clípeo típico de X. caerulea, el nombre Xylocopa insularis queda formalmente como sinónimo de la abeja carpintera azul.

Un ejemplar de Java para un nombre de 1804
El nombre de la especie es aún más antiguo. El naturalista danés Johan Christian Fabricius la describió en 1804 como Bombus coeruleus, supuestamente a partir de un ejemplar de Nueva Caledonia, muy al este de donde vive la abeja, que se da por perdido.
Como no ven ningún beneficio en echar abajo el concepto actual de la especie, los autores designaron un neotipo, un ejemplar nuevo que sustituye como referencia al original perdido. Es una hembra recogida en diciembre de 1958 en Ujung Kulon, en el oeste de Java, que se guarda en Naturalis con el número RMNH.INS.1715657.

Un color variable y un pigmento raro
La hembra más conocida tiene pelos azul intenso, pero según el catálogo el color no sirve para separar las especies, porque puede ir del pardo, el gris o el gris verdoso hasta el azul brillante. Otra supuesta especie de Bangka, Xylocopa bangkaensis, resultó ser solo una forma de color, y confundir abejas parecidas es fácil, como con una abeja que en Estados Unidos parecía común y resultó ser una especie que se creía extinta.
Según el catálogo, la abeja carpintera azul vive en el sur de China, Myanmar, Vietnam, Tailandia, Camboya, Malasia, Singapur e Indonesia, en Sumatra, Bangka Belitung, Natuna y Java.
Doekele G. Stavenga, de la Universidad de Groningen (Países Bajos), midió en 2023 la luz que reflejan esos pelos y lo publicó en The Science of Nature. Cada pelo, de 20 a 30 micras de grosor, guarda gránulos de una micra que dispersan la luz, y el pigmento absorbe sobre todo luz de 605 nanómetros, en la zona del rojo. Stavenga cree que probablemente es una bilina, un pigmento biliar.
En otras carpinteras, como Xylocopa iris, el azul es estructural, sale de la forma microscópica de la superficie. Por eso Stavenga escribe que la coloración azul por pigmento es «bastante excepcional entre los insectos», y apunta a que el color está ajustado a la vista de las abejas y contrasta con el verde de las plantas.
Un túnel en la madera
Un equipo de la Academia China de Ciencias Agrícolas Tropicales capturó seis abejas carpinteras azules en el Parque Forestal Nacional de Jianfengling, en la isla de Hainan, y en Frontiers in Microbiology la describe como un polinizador importante de las plantas silvestres, como los que ayudan a regenerar los bosques tropicales talados.
Las hembras de Xylocopa excavan sus nidos en tejidos vegetales secos, como troncos muertos y cañas de bambú, ponen los huevos en celdas con polen y néctar y a menudo reutilizan el nido durante varios años. Según el Servicio de Inspección Apícola de Texas A&M AgriLife, en las carpinteras de ese estado la galería mide de 10 a 15 centímetros de media y guarda de 6 a 9 celdas.
Lo que todavía falta por saber
Los detalles del nido proceden de estudios sobre el género en general, y el estudio chino reconoce que el comportamiento social de la mayoría de las especies de Xylocopa apenas se conoce. El propio Stavenga deja abierta la identidad química del pigmento, y el catálogo pide revisar una cita de la especie en Sulawesi, una isla donde el entomólogo neerlandés J. van der Vecht no la incluía en 1953.
Los autores recuerdan que, incluso en un grupo tan estudiado como las abejas, Asia sigue siendo casi una última frontera para la sistemática. Para Wood, el catálogo «facilitará el estudio de las abejas en Indonesia», que todavía tiene mucha biodiversidad sin documentar, en un mundo donde podría haber hasta 20 millones de especies de insectos.
El estudio completo se ha publicado en European Journal of Taxonomy.
Foto: dhfischer / Wikimedia Commons, CC BY 4.0









