El 10 de diciembre de 1967, la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos (AEC) hizo estallar una bomba nuclear de 29 kilotones bajo el Bosque Nacional Carson, en Nuevo México. Quería sacar más gas natural de la roca, a 1288 metros de profundidad. El ensayo se llamó Proyecto Gasbuggy, y el gas que salió del pozo traía radiactividad.
Hoy el terreno vuelve a ser un monte de pastos y paseos. Pero la ficha que el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) actualizó en agosto de 2026 avisa de que la contaminación sigue abajo. Perforar cerca del punto cero exige permiso federal.
Un pozo en Rio Arriba
El lugar está en el condado de Rio Arriba, a 89 kilómetros al este de Farmington. Ocupa unas 259 hectáreas de bosque.
Gasbuggy fue el primer intento de estimular un yacimiento de gas dentro del programa Plowshare. Ese programa buscaba usos pacíficos para la energía nuclear. Lo patrocinaron juntos la AEC, el Departamento del Interior y la compañía El Paso Natural Gas.

Roca fundida y una chimenea
Bajo los pinos estaba la formación Pictured Cliffs, una capa de arenisca con gas. El plan era romperla a golpe de explosión. Así el gas correría por las grietas hacia un hueco central.
Según el DOE, el calor fundió y vaporizó la roca de alrededor. Quedó una cavidad rodeada de piedra rota, que enseguida se desplomó. Encima del punto de disparo se formó una columna de escombros, la chimenea de colapso.
En el fondo, la roca fundida se enfrió y se volvió una especie de vidrio. Ahí se quedó atrapada la mayoría de los radionúclidos (átomos radiactivos) con punto de fusión alto.
La chimenea debía hacer de depósito de gas. Para llegar a ella, los ingenieros perforaron un segundo pozo, el GB-ER.
Seis millones de metros cúbicos
Entre julio de 1968 y octubre de 1969 hubo cinco pruebas de producción. Sacaron 213 millones de pies cúbicos de gas, unos 6 millones de metros cúbicos. Fue más de lo que daban los pozos normales de la zona.
Una ficha anterior del DOE, de 2022, cuenta que ese gas se quemó en antorchas durante las pruebas. Nunca llegó a una cocina.
El motivo estaba en la calidad del combustible extraído. La ficha oficial dice que «el gas tenía cantidades medibles de radiactividad». Además, su poder calorífico era mucho menor, o sea, cada metro cúbico daba menos energía.
¿Y la roca? Tenía menos fracturas de las esperadas. La explosión no abrió el yacimiento como prometía el proyecto.
La limpieza acabó en 2004
En 1976 se decidió que no habría más pruebas. Los equipos se descontaminaron si hacía falta y se retiraron, y los pozos se taponaron.
Con los residuos radiactivos del ensayo se hicieron dos cosas distintas. Los líquidos se inyectaron en la parte baja de la chimenea. Los sólidos se llevaron al polígono nuclear de Nevada.
La última limpieza de superficie terminó en septiembre de 2004. Retiró 5562 yardas cúbicas de tierra contaminada de las balsas de lodos, unos 4250 metros cúbicos.
Lo que queda a 1288 metros
La ficha de 2026 es clara: la contaminación subterránea «sigue en la zona de detonación». Está junto al pozo GB-E, por donde bajaron el artefacto.
El DOE ha usado modelos numéricos para ver si llegaría a los pozos de gas cercanos. Según sus resultados, la contaminación «se limita a la zona de detonación». No se espera que migre.
Aun así, el Gobierno mantiene límites bajo tierra hasta unos 1370 metros. Una placa de latón en el punto cero los recoge. Nadie puede perforar sin permiso en un radio de 30 metros hasta los 457 metros de profundidad.
Entre los 457 y los 1370 metros, el radio prohibido sube a 183 metros. Pasa algo parecido con otros materiales radiactivos enterrados por pruebas nucleares.
Manantiales, ranchos y pozos activos
Desde 1972, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) analizó cada año manantiales, charcas, pozos de ranchos y abrevaderos del bosque, de la reserva apache jicarilla y de fincas privadas. El DOE heredó esa vigilancia en 2008.
En ninguna muestra aparecieron radionúclidos de la prueba nuclear, así que el programa se cerró en 2015.
Desde 2009, el DOE mira también el gas y el agua de los pozos activos cercanos. Hasta ahora no ha hallado contaminantes de Gasbuggy en ellos. En 2015 ajustó ese muestreo con el Servicio Forestal y la Oficina de Gestión de Tierras, según la producción y la distancia de cada pozo.
Nadie dice cuánta radiactividad queda
La ficha no da cifras de la radiactividad que hay hoy en la cavidad. Tampoco dice cuánto líquido se inyectó ni publica los datos de cada pozo.
Que las muestras salgan limpias no significa que el material se haya ido. El DOE sostiene que se queda allí abajo. Esa previsión depende de sus modelos y de que nadie perfore donde no debe.
Arriba, el Servicio Forestal ha devuelto el terreno al pastoreo y al ocio, con carteles y un pequeño aparcamiento. Los datos salen de la ficha oficial de Gasbuggy, publicada por el Departamento de Energía de Estados Unidos en agosto de 2026.
Foto: Proyecto Gasbuggy / Science History Institute (dominio público)











