Llevaban 30 años extintos pero los científicos han reintroducido estos extraños caracoles que limpian y reciclan los nutrientes de los bosques

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Publicado el: 13 de marzo de 2026 a las 15:33
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Caracol arbóreo hawaiano Achatinella fuscobasis desplazándose sobre una hoja tras su reintroducción en los bosques de Oʻahu.

Después de más de tres décadas sin rastro en estado salvaje, un pequeño caracol arbóreo de la isla de Oʻahu ha vuelto a trepar por las hojas del bosque. Se trata de la especie Achatinella fuscobasis, un caracol endémico de Hawái que se daba por desaparecido en la naturaleza desde 1991 y que ahora ha sido reintroducido en una zona protegida de montaña tras años de trabajo silencioso en laboratorios y viveros especializados.

La suelta se produjo el 10 de diciembre de 2024 en la Honolulu Watershed Forest Reserve, en los montes Koʻolau, y marca el final de un encierro forzoso que comenzó cuando los últimos once ejemplares conocidos fueron recogidos en 1991 para evitar su desaparición definitiva. Desde entonces, la población se ha recuperado en cautividad hasta superar el millar de individuos, gracias al trabajo del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái y del Snail Extinction Prevention Program (SEPP).

Un rescate que empezó hace medio siglo

La historia de este caracol no es un golpe de suerte de última hora. En los años setenta, investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa y del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos empezaron a documentar el declive masivo de los caracoles arbóreos hawaianos y a probar la cría en cautividad como último recurso.

En el caso de Achatinella fuscobasis, la maniobra fue extrema. Al ver que las poblaciones salvajes se desplomaban por la presión de depredadores invasores como ratas, caracoles carnívoros y camaleones, el biólogo Michael Hadfield retiró del bosque los últimos ejemplares conocidos y los llevó a un laboratorio. Allí, en cámaras de ambiente controlado, se reprodujeron muy lentamente, algo lógico en una especie que tarda varios años en madurar y tiene pocas crías cada temporada.

No es una operación rápida ni vistosa, pero ha evitado que esta especie se sume a la larga lista de caracoles hawaianos que ya solo existen en las vitrinas de los museos. Y eso no es poca cosa.

Un minirrefugio a prueba de depredadores

El nuevo hogar de estos caracoles es un pequeño recinto vallado de unas mil metros cuadrados dentro del bosque húmedo de montaña. En lugar de vidrio y estanterías, ahora les esperan vientos alisios, lluvia fina y luz filtrada entre el follaje, aunque con una condición muy clara, siguen estando protegidos de sus principales enemigos.

El exclosure, como lo llaman los técnicos, está rodeado por paredes de polietileno de unos metro y medio de altura, con bordes inclinados, malla de cobre y una especie de capucha en la parte superior. Esta combinación impide que entren ratas, camaleones de Jackson o el caracol lobo rosado, depredadores que en las últimas décadas han arrasado poblaciones enteras de caracoles nativos. Para dejar el interior limpio se necesitaron alrededor de 600 horas de trabajo de personal técnico y voluntariado, retirando uno a uno depredadores y plantas invasoras antes de plantar especies nativas.

Parte de la población seguirá en instalaciones del Bishop Museum y del Honolulu Zoo, donde el público podrá ver de cerca estos animales y, de paso, entender por qué se ha invertido tanto esfuerzo en salvarlos.

Por qué importa un caracol diminuto

Puede que alguien se pregunte qué cambia en la vida diaria porque un caracol vuelva a un bosque a miles de kilómetros. La respuesta corta es que estos animales son piezas clave de un sistema que ya está muy tensionado.

Los caracoles arbóreos se alimentan de hongos y algas que crecen sobre hojas y ramas, ayudan a mantener limpio el dosel del bosque y devuelven nutrientes al suelo. Funcionan, en cierto modo, como un servicio de limpieza microscópico que mantiene en marcha el ciclo de la materia orgánica. Además, en la cultura hawaiana, los kāhuli aparecen en cantos, danzas y relatos tradicionales, donde se les describe como “joyas del bosque”.

El contexto tampoco invita al optimismo. Según datos del propio Servicio de Pesca y Vida Silvestre estadounidense, hubo más de 750 especies de caracoles arbóreos en Hawái y al menos un sesenta por ciento ya se ha extinguido. Cuarenta y cuatro especies de caracoles hawaianos figuran hoy como amenazadas en la legislación federal y los expertos alertan de que cerca de un centenar podrían desaparecer en la próxima década si no se refuerzan las medidas de protección.

En ese escenario, lograr que una especie que se daba por perdida vuelva a un trozo de bosque seguro es un pequeño cambio de tendencia. Un recordatorio de que, con tiempo y recursos, algunas extinciones se pueden frenar.

Lo que viene ahora

El objetivo inmediato de los responsables del SEPP es consolidar una población estable en libertad que complemente las colonias en cautividad. El comunicado oficial habla de nuevas sueltas previstas y de seguir mejorando los recintos a prueba de depredadores, porque mientras ratas, caracoles exóticos y otros invasores sigan presentes en el paisaje, cualquier avance será frágil.

Para quien mira desde fuera, todo esto puede parecer un esfuerzo enorme por un animal que cabe en la palma de la mano. Sin embargo, cada especie que se salva mantiene un poco más de resiliencia en un ecosistema que ya sufre el impacto combinado de especies invasoras, pérdida de hábitat y cambio climático.

El comunicado oficial sobre la reintroducción de Achatinella fuscobasis ha sido publicado en la web del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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