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Científicos suecos crean un material de construcción hecho con levadura de pan: se imprime en 3D y se seca al aire sin gastar apenas energía

Científicos suecos crean un innovador material de construcción con levadura que puede imprimirse en 3D y secarse al aire.

Científicos suecos crean un material de construcción hecho con levadura de pan: se imprime en 3D y se seca al aire sin gastar apenas energía

Un equipo de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, ha desarrollado un material de origen biológico que utiliza levadura de panadería para fabricar láminas y piezas arquitectónicas mediante impresión 3D. La propuesta apunta a elementos de interior como paneles de pared, separadores de ambientes o pantallas capaces de filtrar parte de la luz solar.

El avance no sirve todavía para levantar una casa ni para sustituir de golpe al yeso, el plástico o los tejidos sintéticos. Por ahora es un prototipo, pero ya ha demostrado que puede imprimirse a temperatura ambiente, conservar formas complejas y modificar su color, transparencia y textura.

La levadura cambia de oficio

La mezcla reúne cinco ingredientes principales. Contiene levadura de panadería, fibras de celulosa procedentes de la madera, alginato obtenido de algas pardas, glicerol de origen vegetal y agua.

Cada componente cumple una función distinta. La celulosa aporta estructura y resistencia cuando la pieza se estira, el alginato ayuda a mantener la forma durante la impresión y el glicerol proporciona flexibilidad para que el material seco no sea excesivamente quebradizo.

La levadura no fermenta ni continúa creciendo dentro del producto final. Los investigadores la calientan antes de mezclarla para desactivarla y estabilizar el conjunto, de modo que actúa como biomasa y como aglutinante. Según Malgorzata Zboinska, responsable del estudio, así pueden obtener «un material más homogéneo y predecible».

Impresión a temperatura ambiente

El resultado inicial es un hidrogel, una masa blanda y gelatinosa que puede desplazarse por la boquilla de una impresora. El equipo utilizó presión de aire para depositar el material capa a capa y después dejó las piezas secándose a temperatura ambiente hasta que alcanzaron su forma final.

Este proceso evita el calentamiento intensivo que requieren otros métodos y tampoco necesita estructuras temporales de apoyo. Además, la fabricación aditiva coloca material solo donde lo pide el diseño, lo que reduce recortes y permite crear patrones difíciles de conseguir con moldes convencionales.

Los investigadores imprimieron prototipos de hasta 20 por 50 centímetros. Las piezas mantuvieron la geometría tras el secado, aunque registraron una contracción lineal de entre el 2 y el 10 por ciento en sus bordes. Es un dato importante porque una lámina que encoge demasiado puede dejar de encajar en una pared o en un marco.

Lo que ya ha demostrado

En los ensayos mecánicos, las mejores formulaciones alcanzaron una resistencia media máxima a la tracción de 2,7 megapascales. Dicho de forma sencilla, esta prueba mide cuánto puede soportar una pieza cuando se tira de ella desde ambos extremos.

El material también llegó a estirarse un 25,2 por ciento antes de romperse. No son cifras que permitan usarlo como una viga o un muro de carga, pero sí respaldan su estudio como lámina ligera para aplicaciones interiores donde pesan más la forma, la flexibilidad y el acabado.

También se pudo ajustar la cantidad de luz que atravesaba las muestras, con valores de transmisión situados entre el 5,6 y el 31,6 por ciento. Al cambiar la receta, los pigmentos y el dibujo impreso, el equipo obtuvo tonos naturales entre amarillos y marrones, además de superficies sólidas, perforadas o combinadas.

Una promesa circular

Buena parte de los materiales habituales en interiores depende de recursos no renovables o de materias primas asociadas a los combustibles fósiles. Aquí entra en juego la levadura, un microorganismo fácil de cultivar y disponible a gran escala, junto con fibras vegetales y compuestos procedentes de algas.

El equipo también ve una oportunidad en los subproductos de la elaboración de cerveza y de algunas actividades agrícolas. Residuos que no puedan destinarse a alimentación humana o animal podrían convertirse, en el futuro, en materia prima para paneles y revestimientos.

Eso suena bien, pero conviene no saltarse un paso. Que los ingredientes sean renovables y que la pieza se describa como biodegradable no demuestra por sí solo que todo el sistema tenga una huella ambiental menor. Harán falta análisis del ciclo de vida que incluyan cultivo, transporte, procesado, impresión, duración y final de uso.

Lo que todavía falta

Antes de llegar a viviendas, oficinas o comercios, el material tendrá que superar pruebas mucho más exigentes. Los científicos deben estudiar mejor su resistencia, la seguridad frente al fuego y su comportamiento con la humedad, además de comprobar cómo fabricar piezas mayores sin perder estabilidad.

También hay una diferencia importante entre la investigación actual y algunas funciones imaginadas para el futuro. Aunque el trabajo se relaciona con los llamados materiales vivos de ingeniería, la levadura de las muestras se desactiva con calor. Por tanto, estas piezas todavía no se autorreparan ni limpian el aire.

Zboinska plantea esas capacidades como posibles líneas de desarrollo, no como propiedades ya demostradas. Un material capaz de neutralizar contaminantes o cerrar pequeñas grietas sería muy atractivo, pero primero tendría que probar que funciona de forma segura y estable en condiciones reales.

De la muestra al edificio

La investigación continuará dentro del proyecto MycoCellular, previsto entre 2025 y 2029. El objetivo es desarrollar paneles interiores modulares con levadura y celulosa reciclada procedente de restos forestales, residuos agrícolas y textiles, además de estudiar su montaje, desmontaje y comportamiento ambiental.

El plan incluye fabricar un demostrador para el HSB Living Lab de Gotemburgo y compararlo mediante análisis de ciclo de vida con soluciones tradicionales como el yeso o el contrachapado. Ese paso permitirá saber si la idea funciona fuera del laboratorio, con las dimensiones, la humedad y el uso cotidiano de un edificio real.

Hasta entonces, la levadura no va a reemplazar las paredes de casa. Pero convertir un ingrediente barato y renovable en una pieza imprimible, personalizable y ligera abre una vía poco explorada para reducir la dependencia de plásticos y materiales difíciles de reciclar. No es poca cosa.

El estudio científico ha sido publicado en Frontiers of Architectural Research.

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