Escocia lleva años secando por dentro los cables del Forth Road Bridge. Es el puente colgante de 1964 que cruza el estuario del Forth, junto a Edimburgo. Hace dos décadas se calculó que, si no se frenaba la corrosión, habría que cerrarlo a todo el tráfico en 2020.
El pronóstico actual es mucho mejor, porque BEAR Scotland, la empresa que lo mantiene para Transport Scotland, espera que esos cables cumplan una vida útil de al menos 120 años. El método combina aire seco y micrófonos que escuchan cuándo se parte un alambre.
11.618 alambres en cada cable
Con un vano central de 1006 metros entre torres, el tablero cuelga de dos cables de 590 milímetros de grosor. Según la ficha técnica oficial de los puentes del Forth, cada uno reúne 11.618 alambres de acero de casi cinco milímetros.
Desde fuera, un haz así puede parecer sano mientras la corrosión avanza en el interior. Y el clima no ayuda. Transport Scotland habla de viento del oeste, humedad, niebla y sal, unas condiciones que califica de «muy corrosivas».
Entre 2004 y 2005, la autoridad del estuario (FETA) abrió los cables por primera vez. Encontró alambres rotos y otros muy oxidados. Calculó una pérdida de resistencia de entre el 8 % y el 10 %.
Según aquellas cuentas, habría que limitar los camiones desde 2014 y, de no frenar el deterioro, cerrar el puente en 2020. Cambiar los cables era posible, concluyó FETA en 2008, pero solo con otro puente al lado. Así nació el Queensferry Crossing, que abrió en 2017.
Neopreno y aire seco
Para frenar la corrosión, los técnicos envolvieron los cables con una funda hermética de neopreno y bombearon aire seco por los huecos entre los alambres. Sin humedad, el óxido avanza mucho más despacio.

Eso no repara el acero ya dañado, pero protege el que sigue trabajando. En una reunión pública del 20 de enero de 2026, BEAR Scotland lo presentó como el primer sistema así del mundo en un puente colgante ya construido. Lo calificó de «muy eficaz para reducir el deterioro de los cables».
Los paneles revisados en 2004, 2008, 2018 y 2025 no muestran deterioro. El equipo se renovó en 2025 para otros 15 años, según la presentación del Forth Bridges Forum. Con «la inversión de mantenimiento adecuada», los cables llegarían a los 120 años.
Micrófonos pegados al acero
La otra mitad del trabajo consiste en escuchar, y para eso FETA colocó en 2006 micrófonos a lo largo de los cables. Reconocen el chasquido de un alambre que se rompe dentro del haz.
Los micrófonos contaron 93 roturas hasta 2015, bastante repartidas. Pero desde finales de enero de aquel año saltaron 24 en el mismo sitio, cerca de lo alto de una torre. La autoridad encargó una inspección especial.
Barry Colford, ingeniero jefe del puente, dijo entonces que el sistema existe para dar «un aviso temprano de posibles problemas». También aseguró que los cables tenían resistencia de sobra.
Sensores nuevos hasta 2028
El 13 de febrero de 2026, BEAR Scotland sacó a concurso el relevo del equipo actual. Ese sistema funciona desde 2015 con sensores piezoeléctricos sujetos a las abrazaderas. El nuevo tendrá que detectar cualquier rotura en los dos cables, de punta a punta.
Según el pliego, los dos sistemas funcionarán un tiempo a la vez. Así el puente no se queda sordo durante el cambio. Después, la empresa elegida retirará el viejo.
También tendrá que mantenerlo e informar cada mes hasta el 15 de agosto de 2028, según el anuncio de licitación. Cualquier evento raro exige un informe aparte.
Bicis arriba, plomo abajo
¿Y para qué tanto esfuerzo con un puente que ya no lleva coches? Desde 2017, el tráfico general va por el Queensferry Crossing, que es autopista. El viejo puente queda para peatones, ciclistas y transporte público.

Conservarlo también permitió hacer el puente nuevo más estrecho, según Transport Scotland. Con el estado de los puentes envejecidos pasa algo parecido en Holanda, que también decide qué hacer con ellos.
Las obras de 2026/2027 suman ocho proyectos, del cambio de apoyos de las torres al refuerzo del cordón superior en 192 puntos. Parte del trabajo es quitar pintura con plomo. La evaluación ambiental del 1 de mayo prohíbe verter nada al estuario.
Por eso la zona se encapsula entera, con extractores y filtros de polvo. Los restos van a contenedores cerrados. Además, se revisan nidos en la época de cría y el ruido de las máquinas sube poco a poco, durante 30 minutos, para que las aves se alejen.
Al final, es una forma de alargar la vida de una infraestructura para ir a pie y en bici sin tener que demolerla.
Los ensayos de laboratorio, pendientes
La cifra de los 120 años depende de seguir pagando el mantenimiento. En enero, BEAR Scotland esperaba cerrar en primavera los ensayos de la última inspección interna. Esos resultados no aparecen en los documentos públicos consultados.
La pérdida de resistencia que se conoce es la de 2004-2005. Es un dato histórico, no el estado actual. Y todavía no se sabe qué empresa instalará los nuevos sensores.
Foto: The Forth Bridges











