Anthony Edmondson compró en 1980 una antigua gravera en Poole Keynes, cerca de Cirencester (Inglaterra). Tenía 23 años y pagó con lo que había ahorrado en una mina de plata del Yukón, en Canadá. Desde entonces, su familia ha plantado más de 50.000 árboles en las unas 53 hectáreas de la finca.
Hoy es una reserva natural privada con un lago de unas 40 hectáreas y ocho cabañas de madera, conocida como Log House Holidays. La familia recuerda que, al principio, el terreno parecía un «paisaje lunar». Ahora viven allí nutrias, charranes y somormujos lavancos.

Ahorros de una mina canadiense
Edmondson dejó el colegio y emigró a Canadá. Allí trabajó bajo tierra en una mina de plata del Yukón y volvió a Inglaterra en busca de lo que su hijo James llama «un proyecto de vida».
James lo contó en marzo de 2018 en una entrevista con Visit Wiltshire, el organismo de turismo del condado vecino. Cree que las cabañas junto a los lagos del Yukón inspiraron a su padre.
Una piscifactoría descartada a tiempo
La primera idea fue criar peces en el lago. Anthony la abandonó pronto, según su hijo. Habría desequilibrado un agua que se alimenta de manantiales.
Después llegaron negocios muy distintos. Hubo fiestas infantiles, una granja con animales para niños y eventos de empresa. Las cabañas fueron lo último.
Según la web del proyecto, las ocho casas se hicieron a mano con troncos de pino báltico traídos de Finlandia. La luz sale de paneles solares con seguidores. Unas bombas de calor sacan energía del propio lago para el agua caliente y la calefacción.
James, por su parte, empezó en 2012 en un banco de inversión de Londres. Lo dejó para volver al lago donde había crecido. Hoy lleva las reservas, la web y parte del trabajo en el terreno.
50.000 árboles y carrizales
«Desde 1980 hemos plantado más de 50.000 árboles», resume la familia en la página de su historia. A los árboles se sumaron plantas de orilla, carrizales y flores silvestres. Cada año se abren zonas nuevas de flores.
Esa mezcla de agua abierta, juncos y bosque joven es la que atrae a la fauna. Pasa lo mismo en un humedal de Oregón creado sobre campos de cebada, que ya suma 140 especies de aves.
A James lo que más le gusta es plantar árboles y flores y verlos crecer despacio, según dijo en 2018. Su padre recibió un premio de Natural England, la agencia que asesora al Gobierno británico en conservación, por toda una vida dedicada al lugar.
Nutrias, charranes y somormujos
La página de observación de aves de la finca habla de una colonia de charranes en las islas de grava. Menciona también muchos somormujos lavancos y garzas. De vez en cuando aparece el avetoro, un ave esquiva que se esconde en los carrizos.

Una familia de nutrias se ha quedado a vivir en el lago, según los dueños. Hay corzos y muntíacos. Cuentan 17 especies de libélulas, además del martín pescador, el ruiseñor y el paso de águilas pescadoras.
Los huéspedes salen a buscar las nutrias en barcas de remos, porque no hay lanchas a motor. Otros rincones de Inglaterra también han recuperado fauna, como el bosque de Dorset que una pareja de castores convirtió en humedal.
170 lagos nacidos de la grava
La finca está en el borde del Cotswold Water Park. Es un conjunto de lagos que dejó la extracción de grava junto al alto Támesis, entre Gloucestershire, Wiltshire y Oxfordshire.
En 1994, solo 10 de esos lagos tenían la protección de Sitio de Especial Interés Científico (SSSI, en inglés). El 29 de septiembre de 2021, Natural England confirmó la ampliación a más de 170 lagos y 1919 hectáreas.
Según el organismo, allí pasan el invierno unas 35.000 aves acuáticas. Entre ellas están el somormujo lavanco, la garceta común y el chorlitejo chico.
Su presidente, Tony Juniper, dijo que la fauna había aprovechado estos lagos artificiales y que la recuperación de la naturaleza «está a nuestro alcance». Admitió que es «la extracción de grava» la que ha creado ese valor. Hubo 54 objeciones y 16 alegaciones más, 13 de ellas a favor.
En Poole Keynes, el cambio lo empujó una sola familia. Recuerda al de un matrimonio que compró un rancho degradado en Texas y lo devolvió a la fauna.
Ningún censo publicado del lago
Casi todo lo que se sabe de sus especies viene de los propios dueños, en una web que vende estancias. No hay un recuento público de las parejas de charranes ni de las nutrias.
Las fechas tampoco cuadran del todo. La web sitúa la protección del lago en 1993 en una página y en 1991 en otra, y Natural England fecha en 1994 la primera protección del conjunto. Y los años en la mina cambian: cuatro en la entrevista de 2018 y seis en la historia oficial.
La familia, en cualquier caso, piensa a largo plazo. James Edmondson dijo en 2018 que están creando un paisaje que lucirá en su mejor momento «dentro de unos 100 años».
Foto: Log House Holidays













