¿Puede un tejado hacer algo más que proteger un edificio del sol? BMDesign Studios, un estudio de Teherán, propone cubrir una escuela del sur de Irán con grandes piezas cóncavas que recogerían lluvia y rocío mientras dan sombra a las aulas.
La idea combina captación de agua y refrigeración pasiva, es decir, enfriar sin depender tanto de máquinas. Pero hay un matiz importante. El proyecto sigue clasificado como una «idea» y sus cifras son estimaciones de diseño, no resultados medidos en un edificio terminado.
Un tejado que hace de embudo
El sistema se planteó para una escuela pública en Jiroft, en la provincia iraní de Kerman. El proyecto está dirigido por el arquitecto Babak Mostofi Sadri, con Dena Bakhtiari en el desarrollo del diseño y Sina Rostami en la ingeniería estructural.
La cubierta superior funciona como un gran cuenco colocado sobre el tejado convencional. Sus pendientes conducen las gotas hacia puntos de recogida antes de que el calor pueda devolverlas al aire. «Incluso las cantidades más pequeñas de lluvia pueden unirse antes de evaporarse», explica el estudio.
Después, el agua pasaría a depósitos integrados en el edificio. En la práctica, el techo deja de ser una pieza pasiva y se convierte en una superficie de captación, igual que un embudo enorme que trabaja cada vez que llueve.
Agua del aire por la noche
La propuesta también intenta recoger rocío mediante enfriamiento radiativo nocturno. Este fenómeno ocurre cuando una superficie pierde calor hacia el cielo, se enfría más que el aire cercano y hace que parte del vapor de agua se convierta en pequeñas gotas.
BMDesign relaciona esta idea con los escarabajos del desierto del Namib, capaces de aprovechar la niebla sobre su cuerpo. Una investigación de Thomas Nørgaard y Marie Dacke, de la Universidad de Lund, confirmó ese comportamiento, aunque concluyó que la postura del insecto puede ser más importante que la textura de su caparazón.
La física de fondo no es ciencia ficción. Un trabajo de ETH Zurich publicado en Science Advances demostró que una superficie especialmente diseñada podía condensar agua del aire mediante refrigeración radiativa sin aporte eléctrico. Aun así, BMDesign no publica una cifra medida para el rocío que producirían sus cubiertas.
Sombra, aire y patios hundidos
El cuenco exterior también actúa como parasol. Entre esa pieza y el tejado interior queda una cámara por la que circula el aire, lo que debería evacuar parte del calor antes de que entre en las aulas.
El diseño añade patios hundidos que retienen el aire fresco de la noche y palmeras datileras para crear sombra. Es arquitectura bioclimática, una forma de adaptar el edificio al clima con su orientación, su forma y la ventilación natural. La ficha oficial, pero, no indica cuántos grados bajaría la temperatura ni cuánto ahorro eléctrico lograría.
Las cifras siguen sobre el papel
La estimación más detallada parte de una superficie de 923 metros cuadrados, una lluvia anual de 193 milímetros y una eficiencia del 60 por ciento. Con esos supuestos, la cuenta da cerca de 106 metros cúbicos al año, unos 106.000 litros.
Hay una discrepancia que conviene no esconder. La presentación publicada en 2016 calculaba 28 metros cúbicos para la misma superficie. La ficha actual de BMDesign todavía menciona tanto 28 como 106 metros cúbicos, sin explicar con claridad el cambio.
No son mediciones de campo. La propia web define el estado de finalización como «idea», por lo que los datos disponibles no corresponden a una escuela terminada. El estudio también señala que la Escuela de Jiroft fue nominada al Premio Aga Khan de Arquitectura en 2018.
Lo que falta para hacerlo real
Los diseñadores consideran usar tejidos impermeables recubiertos porque son ligeros, lisos y pueden enfriarse con rapidez durante la noche. Pero la estructura tendría que resistir el viento, mantener una cámara ventilada, permitir el mantenimiento y no añadir demasiado peso al conjunto.
También queda la cuestión sanitaria. El agua recogida sobre una cubierta no se vuelve potable de forma automática, ya que puede arrastrar polvo, microbios o sustancias de los materiales. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan separar el primer lavado de lluvia, mantener el sistema, analizar el agua y aplicar el tratamiento adecuado antes de beberla.
Irán necesita soluciones complementarias porque la FAO describe al país como una región árida y semiárida con sequías recurrentes, donde la agricultura concentra cerca del 80 por ciento de las extracciones de agua. Al final del día, estos tejados podrían reducir una parte de la demanda de un edificio, pero no sustituirían la gestión de acuíferos, cultivos y redes públicas. Para saber si funcionan de verdad haría falta construir un piloto, medir la lluvia y el rocío durante varios años, comprobar el ahorro térmico y analizar la calidad del agua.
La ficha oficial del proyecto se ha publicado en BMDesign Studios.
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