Tras el brote de salmonela con 13 afectados en la localidad de Vitoria y los positivos detectados en dos naves de una explotación de Mainar, la organización Greenpeace reclama detener las nuevas autorizaciones y reducir significativamente la ganadería intensiva.
Después de las intoxicaciones que se han registrado recientemente en la localidad vasca, tanto la seguridad alimentaria como el modelo de producción de huevos basados en las macrogranjas vuelven a estar en tela de juicio y en el centro del debate público.
Greenpeace volvió a cargar contra las macrogranjas coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, tras el incidente que causó una infección por salmonela en 13 clientes de un establecimiento de Vitoria por ingerir una tortilla con huevos procedentes de explotación de un establecimiento en la localidad zaragozana de Mainar.
Tres de los afectados hubieron de ser hospitalizados, pero fueron dados de alta con posterioridad. Se ha investigado a la empresa y en dos de sus naves se comprobó que había salmonela. Por eso Greenpeace reclama que se haga una reducción severa de las cabañas de producción industrial.
Mientras la ONG concatena esta denuncia con la problemática vinculada al bienestar animal, la polución y el empleo excesivo de recursos, la empresa responsable acepta que hubiera salmonella en sus instalaciones, pero alega que no la había en los huevos. Las pesquisas profesionales serán las que diriman qué es lo que pasó.
Las macrogranajas y esta vez…la salmonela
Ante el nuevo brote de salmonela que se declaró en Vitoria y que, según la información disponible, tiene su origen en una macrogranja de gallinas ponedoras de Mainar (Zaragoza), Greenpeace alerta de que un modelo de ganadería industrial es una apuesta suicida y exige que, de una vez por todas, se deje de autorizar este tipo de instalaciones, se reduzca drásticamente la cabaña ganadera en intensivo y se apueste por un modelo alimentario sostenible.
En el Día Mundial de la Alimentación, Greenpeace recordó que las macrogranjas y todas las instalaciones ganaderas intensivas, debido al hacinamiento de los animales y a su similitud genética, son auténticas bombas de relojería para que aparezcan este tipo de enfermedades y muchas otras.
Debido a esta característica, las macrogranjas magnifican todos los problemas propios e irrefutables del modelo de ganadería industrial: problemas sanitarios como el actual de salmonela (no es lo mismo controlar un brote en una explotación pequeña o mediana que en una de casi un millón), los problemas ambientales (emisión de gases de efecto invernadero, amoníaco, consumo y contaminación del agua, deforestación generada por la dependencia de piensos de países terceros, etc.) y el sufrimiento animal.
Macrogranjas: sacrificio de pollitos, contaminación y enfermedades
Otro de los aspectos atroces de la industria de los huevos es el sacrificio masivo de los pollitos macho. Precisamente, esta semana Igualdad Animal denunciaba que 35 millones de pollos macho son sacrificados al año, nada más nacer, otra muestra del despropósito de un modelo insostenible.
No es lo mismo pagar una indemnización a una instalación pequeña o mediana que a una macrogranja cuando se tienen que sacrificar todos los animales, más aún cuando las indemnizaciones proceden de dinero público, ya que no son las empresas que se benefician de este modelo depredador las que asumen los costes en una situación como esta.
Greenpeace le pide a Aragón que diga no a las granjas industriales.
Ante esta situación del brote de salmonela, es incomprensible que un Gobierno como el de Aragón siga fomentando la ganadería industrial y no la extensiva, que sí aporta beneficios al territorio.
Tanto es así, que el Gobierno de Aragón declaró como de “interés autonómico” un nuevo proyecto para una supermacrogranja que, de ser autorizada (Greenpeace y otras entidades presentaron alegaciones en contra de su construcción), explotaría casi 2,3 millones de gallinas.
“Este nuevo brote de salmonela con origen en una macrogranja de gallinas de Zaragoza es solo la punta del iceberg de un modelo de ganadería destructivo y totalmente fallido”, afirma Luís Ferreirim, responsable de Ganadería en Greenpeace España.
“Ningún gobierno responsable y que defienda el bien común puede seguir fomentando un modelo de ganadería que magnifica los problemas sanitarios, ambientales y de maltrato animal. Acabar con las macrogranjas debe ser una prioridad de todos los partidos políticos”, concluye Ferreirim.












