Un informe de Greenpeace estima que, en 2022, la deuda climática de los superricos a causa de sus activos e inversiones en España fue de 24.600 millones de euros, frente a otros 6.600 millones asociados a su consumo.
Hay un porcentaje mínimo de la población que no toma buses ni coge el coche para trasladarse, va en yates o jets privados a todas partes y ese tipo de riqueza es una fuente de contaminación muy grande. Pero la huella climática de los superricos por causa de sus inversiones es mucho mayor.
Para Greenpeace esto es intolerable dadas las circunstancias en las que vive el mundo, y ponen como ejemplo el de España, donde el 1% de la población, que es la más rica del país, generó casi 4 veces más de huella climática por sus inversiones que por su estilo de vida y su consumo.
Dado que los superricos no solo contaminan más, sino que sus emisiones por consumo y por el movimiento de sus activos financieros son estratosféricas, la ONG reclama que se instauren impuestos sobre las grandes fortunas y que los mismos se empleen para financiar la transición ecológica.
En el artículo se enumeran varias estadísticas que demuestran por qué Greenpeace se queja de la deuda climática de los superricos, explicita cuáles son las fuentes de emisiones más importantes del sector y qué medidas deberían tomarse al respecto.
La deuda climática de los superricos debería pagarse
La huella climática de los superricos va mucho más allá de sus lujos personales: el verdadero problema está sobre todo en las empresas en las que invierten su dinero. Un informe de Greenpeace revela que en 2022 el 1 % más rico de España provocó 24.600 millones de euros en deuda climática por sus activos e inversiones en empresas contaminantes, a los que se suman 6.600 millones por su estilo de vida.
Para ponerlo en perspectiva, la deuda climática de los superricos que genera su patrimonio sobrepasa con creces los 2.500 millones de euros que costaron los desastres ambientales sufridos en España ese año. El estudio “Bajo la superficie: La deuda climática oculta de la riqueza extrema en la Unión Europea” concluye que, en todos los niveles económicos, el patrimonio contamina más que el consumo personal.
Sin embargo, la diferencia en la cúspide es extrema: las inversiones del 1 % más acaudalado en España generan 5 veces más contaminación que las del 10 % siguiente, 58 veces más que las de la clase media y 770 veces más que las de la mitad más pobre de la ciudadanía.
Una huella climática insostenible
Carlos García Paret, experto en economía ambiental de Greenpeace España, señala que “si analizamos la huella climática y la deuda climática de los superricos, vemos que los jets privados y los estilos de vida de lujo son solo la punta del iceberg.
Bajo la superficie se esconde un impacto mucho mayor derivado de sus activos e inversiones en empresas altamente contaminantes. El resultado es que tener el patrimonio invertido en una petrolera o moverse en jet privado o yate sale fiscalmente muy barato”.
“La responsabilidad de los ultrarricos en su deuda climática es el verdadero ángulo muerto en la política climática y fiscal y debe corregirse poniendo en práctica el principio de ‘quien contamina, paga’.
Un ejemplo: si hubiera en España una tasa, como propone el profesor Zucman, con un tipo efectivo del 2% a los patrimonios altos – de más de 100 millones de euros -, se recaudarían al año unos 5.200 millones de euros, cantidad muy parecida a las indemnizaciones por seguros a particulares y pymes por causa de la DANA de Valencia”, añade García Paret.
Cifras de superricos en la Unión Europea
A escala comunitaria, el 1 % más rico en 24 países de la UE generó en 2022 una deuda climática anual estimada en 301.000 millones de euros por sus activos productivos y carteras de inversión, junto a 80.000 millones adicionales vinculados a su consumo.
El total acumulado en cuanto a deuda climática de los superricos supera el impacto económico de la ola de calor y la sequía extrema sufridas en Europa en el verano de 2026, cifrado en unos 180.000 millones de euros.
Ariadna Rodrigo, responsable de campañas políticas de Greenpeace UE, denuncia la deuda climática de los superricos y explica que “durante demasiado tiempo se ha permitido a los multimillonarios alimentar las olas de calor, incendios, sequías e inundaciones con sus desproporcionadas emisiones, mientras que la gente común asume la factura de los daños generados. Los superricos deben dejar de ponerse de lado y pagar por su deuda climática y evitar que esta siga aumentando. La UE está recortando el presupuesto para energías renovables, rehabilitación energética de viviendas, transporte sostenible y una transición justa para la clase trabajadora, pero el dinero para financiar todo esto existe. Un impuesto europeo a nivel de la UE a los superricos puede aliviar la carga de los hogares y financiar una transición ecológica para todos”.
En la UE se juega el presupuesto 2028-2034
Greenpeace saca a la luz estos datos de la deuda climática de los superricos el mismo día que los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para debatir el próximo presupuesto europeo – el denominado marco financiero plurianual 2028-2034 – y posibles nuevas fuentes de ingresos.
En una carta dirigida a los gobiernos, la organización aboga por un sistema fiscal justo basado en el principio de «quien contamina, paga», comenzando por un impuesto justo sobre la riqueza, un impuesto a los vuelos VIP (premium flyers) y un impuesto permanente sobre los beneficios de los combustibles fósiles.
Solo un impuesto Zucman del 2% sobre la riqueza, la UE podría disponer de 67 mil millones de euros anuales, el equivalente a más de siete veces la contribución anual realizada al Fondo Social por el Clima para todos los países de la UE y casi diez veces más que la contribución de las instituciones europeas a la acción climática en los países del Sur Global.
“Frente a la crisis climática y los grandes retos sociales como la vivienda y los servicios públicos, los impuestos no son opcionales: son una garantía de inversión pública. Proteger nuestro planeta no puede depender de la caridad de los multimillonarios, sobre todo cuando vemos que su riqueza es parte fundamental del problema”, recuerda García Paret.












