Hoy es la fecha en la que se recuerda que se celebra el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres con las miras puestas en la importancia de prevenir, adoptar estrategias de adaptación climática y proteger donde viven esas personas.
Hablar de desastres naturales no nos debe llevar solo a pensar en qué pasa cuando suceden; lo importante es poder anticiparse para reducir los daños que muchas veces se llevan vidas por delante. Con motivo de la jornada que hoy se pone en valor, desde Greenpeace recuerdan la necesidad de dar más inversión para esta causa y reducir la vulnerabilidad de los hogares antes de que se produzcan esos fenómenos extremos.
La organización defiende que anticiparse a estos fenómenos y desastres es también una inversión de futuro, por eso en este texto hacemos un repaso a la iniciativa de los ecologistas en pro de adelantarse para proteger esas poblaciones, actuar en la protección de ecosistemas naturales, además de rebajar las emisiones contaminantes para limitar los riesgos climáticos.
Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres
Hoy se celebra el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres y ante esta fecha desde la entidad ecologista Greenpeace hacen un llamamiento a las instituciones públicas y a la sociedad en general para que haga una reflexión en alto y se pare a pensar en lo importante que es priorizar la preparación, la inversión en prevención y el cuidado de nuestro entorno.
Todo como estrategia para asegurar y garantizar la seguridad de los hogares, la economía local y las futuras generaciones frente a los eventos meteorológicos extremos.
Y es que ante el impacto que traen consigo danas, inundaciones, incendios u olas de calor, estos activistas recuerdan que es clave apostar por prevenir no solo para salvar vidas, sino como camino para proteger la riqueza de nuestros pueblos y ciudades.
En este sentido, desde la Agencia Europea del Medio Ambiente ha mostrado que las medidas de adaptación climática y gestión tienen un retorno de entre 4 y 7 euros por cada euro invertido.
Pero antes de todo esto, desde Greenpeace habla de que es esencial ir al foco de donde se origina el problema: el cambio climático está intensificando estos fenómenos extremos; y por si fuera poco, la dependencia de los combustibles fósiles no ayuda.
“El camino a seguir pasa por proteger lo que amamos —nuestros hogares, nuestro entorno y el bienestar de nuestras familias— requiere proteger el futuro con valentía, lo que convierte la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la transición hacia energías limpias en una tarea urgente e imprescindible”, señala María José Caballero, portavoz de Greenpeace.
“Invertir hoy en reducir emisiones no es solo una medida de precaución ambiental, sino la decisión más sensata para garantizar la seguridad, la estabilidad económica y la prosperidad de las próximas generaciones”, detallan en relación a esos desastres naturales.
El mundo rural y el sector primario: la primera línea de defensa ante los desastres climáticos
Si nos ceñimos a lo que tiene que ver con los incendios forestales, que nos toca muy de cerca en España cada verano, desde Greenpeace subraya el valor insustituible del mundo rural; que además de estar a merced de las llamas sufre la despoblación y el abandono de los usos tradicionales del suelo.
Por ello, la organización reclama un mayor respaldo a la agricultura y ganadería sostenibles y la gestión forestal local, cuya actividad diaria es indispensable para mantener el paisaje limpio y fragmentado de forma natural. El coste de prevenir aporta beneficios económicos, sociales y ambientales: cada euro en gestión ahorra 100 en extinción.
Ante los desastres: los vulnerables van primero en protección
Si nos ceñimos a lo que tiene que ver con los incendios forestales, que nos toca muy de cerca en España cada verano, desde Greenpeace subraya el valor insustituible del mundo rural; que además de estar a merced de las llamas sufre la despoblación y el abandono de los usos tradicionales del suelo.
Greenpeace demanda adaptación de los municipios con un enfoque basado en la protección de las personas más vulnerables y destacando la renaturalización de espacios urbanos y fluviales.
Olas de calor: incorporar más vegetación adecuada, sombras, refugios climáticos y soluciones basadas en la naturaleza en pueblos y ciudades para mejorar la calidad de vida y proteger la salud sin comprometer la actividad diaria.
Un estudio en ciudades europeas muestra que aumentar la cobertura arbolada en las ciudades al 30% evitaría el 39,5% de las muertes prematuras atribuibles al efecto de isla de calor en verano. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y estudios del Instituto de Salud Carlos III, la adaptación de las ciudades es una medida de salud pública crítica que reduce significativamente los picos de atención en urgencias y la mortalidad en mayores de 65 años durante las olas de calor.
Inundaciones: recuperar el espacio natural de los ríos y humedales y cuidar las cuencas hidrológicas es la medida de ingeniería más prudente y eficaz para aminorar la fuerza del agua y evitar pérdidas patrimoniales y agrícolas.
Restaurar cauces naturales de ríos y zonas húmedas resulta hasta un 50% más barato que construir defensas de hormigón a posteriori o pagar los daños en bienes e inmuebles tras riadas graves. Impedir la urbanización en zonas inundables salva vidas, recuerdan en este sentido.
Temporales y subida del nivel del mar: una mayor protección a lo largo de las zonas costeras pobladas y de vital importancia económica evitaría gastar 220.000 millones de euros anuales en pérdidas por inundaciones del litoral para finales de este siglo en Europa, donde prevenir y proteger la costa supondría un coste anual inferior a 2.000 millones de euros desde ahora hasta 2100. Además, 1,4 millones de personas menos estarían expuestas cada año a inundaciones costeras.











