Alerta ecológica en España: 7 playas afectadas por el alga asiática que invade las costas y que podría cubrir con miles de toneladas Andalucía

Publicado el: 31 de mayo de 2026 a las 09:46
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Playa de Andalucía cubierta por toneladas de alga asiática invasora Rugulopteryx okamurae.

La Rugulopteryx okamurae, más conocida como alga asiática, ya no es un problema lejano de Cádiz o del Estrecho. Su presencia se ha extendido por el litoral andaluz y las playas de Almería empiezan a aparecer en el mapa de una invasión marina que los científicos consideran muy difícil de frenar. No es una simple capa marrón sobre la arena. Es una señal de que el fondo marino también está cambiando.

La alerta llega con un dato que pesa mucho. Según la información publicada sobre el estudio de Salvador Román y Rubén Vázquez, playas de Adra, Almería capital, Balanegra, El Ejido, Enix, Níjar y Roquetas de Mar ya sufren la afección de esta especie, aunque de forma más puntual que en Cádiz o Málaga. Las previsiones apuntan a entre 2.000 y 4.000 toneladas anuales solo en la provincia almeriense, dentro de una situación que la Junta de Andalucía ya ha declarado de «fuerza mayor y extrema necesidad» por la llegada masiva de arribazones a sus costas.



Una invasión que ya llega a Almería

La Junta reconoce que la distribución actual de esta especie alcanza las cinco provincias costeras andaluzas. Cádiz y la parte occidental de Málaga siguen soportando la presión más fuerte, pero Almería aparece ya con una presencia amplia en zonas como Aguadulce, Roquetas de Mar y el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Y eso no es poca cosa.

El Plan de Gestión andaluz sitúa su presencia desde Puerto Sherry, en Cádiz, hasta Punta Negra, en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. También señala que se ha detectado sobre sustratos duros, fondos de maërl, praderas de Posidonia oceanica y sobre otros organismos marinos. En la práctica, esto significa que el problema no termina cuando una pala retira algas de la playa.



Por qué preocupa tanto

Esta alga parda procede del Pacífico noroccidental y en España fue identificada por primera vez en el entorno de Ceuta y el Estrecho. Desde entonces, su expansión ha sido rápida, constante y muy incómoda para quienes viven del mar. El Ministerio para la Transición Ecológica la incluye dentro del Catálogo español de especies exóticas invasoras.

El estudio publicado en 2025 por Salvador Román y Rubén Vázquez resume bien la clave del problema. La especie tiene una tolerancia térmica muy amplia, entre 10 °C y 30 °C, y eso le permite aguantar en muchas zonas distintas. Además, el trabajo señala al tráfico marítimo y a las corrientes oceánicas como factores importantes en su dispersión.

Playas con mal olor y redes atascadas

Para cualquiera que pasee por la costa, el síntoma más visible son las acumulaciones sobre la arena. Llegan, se pudren, huelen mal y obligan a los ayuntamientos a limpiar una y otra vez. Ese olor pesado de verano en una playa saturada de restos orgánicos no es solo una molestia. También afecta al paisaje, al baño y al turismo.

Bajo el agua, el impacto va por otro camino. La Junta advierte de que el alga dificulta la pesca, atasca artes tradicionales y obliga a los pescadores a izar redes para retirar biomasa acumulada. Después toca reparar aparejos, perder tiempo y asumir más costes. Para una flota pequeña, una jornada así puede marcar la diferencia.

No se puede borrar de golpe

La parte más dura de esta historia es que no hay una solución rápida. El acuerdo publicado en el BOJA recoge que, al menos a medio plazo, «no es posible su erradicación» ni devolver los ecosistemas a su estado previo. Dicho de forma sencilla, ya no se trata de arrancarla una vez y olvidarse.

Por eso, el Plan de Gestión de la Junta se centra en vigilar, cartografiar, apoyar la investigación, reducir daños y fijar procedimientos para retirar, manejar e inactivar la biomasa. También abre la puerta a valorizar los restos, aunque siempre con cuidado. Si quedan fragmentos viables, el remedio puede ayudar a dispersar el problema.

Qué hacer con tantas toneladas

La pregunta es inevitable. ¿Se puede aprovechar toda esa biomasa en lugar de llevarla a vertedero? Hay proyectos que estudian posibles usos, desde compuestos bioactivos hasta biomateriales o bioplásticos para el sector pesquero. La Fundación Biodiversidad recoge, por ejemplo, el proyecto RUGUPLAS, que busca materiales derivados de esta alga para usos vinculados a la pesca.

Pero conviene no vender humo. La propia Junta señala que la valorización está limitada por el alto contenido en sales y arenas, por la inestabilidad del residuo y por la necesidad de inactivar los restos antes de reutilizarlos. En el fondo, aprovecharla puede ser parte de la respuesta, pero todavía no es la gran solución inmediata.

La vigilancia será clave

Andalucía también está recurriendo a la ciencia ciudadana para entender mejor dónde y cuándo aparecen estas acumulaciones. Un proyecto impulsado con Observadores del Mar, el CSIC y otros centros busca crear un mapa andaluz con registros validados por científicos. La idea es sencilla, cuantos más ojos haya en la costa, mejor se podrá reaccionar.

El reto ahora no es solo limpiar playas. Es anticiparse a los arribazones, proteger los ecosistemas más sensibles y ayudar a los municipios que no pueden asumir solos una factura que crece con cada temporal. Almería ha entrado en una fase en la que todavía puede aprender de lo ocurrido en Cádiz y Málaga. El reloj, eso sí, ya está corriendo.

El estudio de Salvador Román y Rubén Vázquez ha sido publicado en Marine Environmental Research.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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