En los años 60 científicos pensaron que era la solución a al mayor problema ecológico de España, 60 años después se ha convertido en un monstruo que está acabando con la fauna local

Publicado el: 12 de junio de 2026 a las 20:49
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Plantación de eucaliptos en Galicia donde un estudio alerta de la pérdida de aves y biodiversidad.

Un monte muy verde no siempre es un bosque sano. Esa es la idea que deja sobre la mesa un nuevo estudio sobre las plantaciones de eucalipto en el noroeste de España, donde esta especie ocupa ya alrededor del 30 % de la superficie forestal regional y ha transformado buena parte del paisaje rural. Lo que durante décadas se vio como una forma rápida de producir madera y abastecer a la industria papelera hoy aparece como un problema serio para la biodiversidad.

La conclusión principal es clara. En las zonas estudiadas, los eucaliptales tienen menos aves y menos variedad de especies que los bosques autóctonos. En los puntos de muestreo, los investigadores registraron una media de 9,07 especies y 13,89 aves en bosques nativos, frente a 5 especies y 6,85 aves en plantaciones de eucalipto. En la práctica, es casi como pasar de un bosque con voces, movimiento y alimento a otro mucho más silencioso. Y eso se nota.



Un verde que engaña

El eucalipto llegó a España mucho antes de los años sesenta, pero fue en la segunda mitad del siglo XX cuando su expansión ganó fuerza en muchas zonas del norte. Crece rápido, produce madera en poco tiempo y encaja bien en un modelo forestal pensado para cortar y volver a plantar. Para una economía rural con muchas parcelas pequeñas, esa promesa era tentadora.

El problema es que una plantación no funciona igual que un bosque autóctono. Desde lejos puede parecer una masa verde, incluso densa, pero por dentro le faltan muchas piezas. Faltan árboles viejos de frondosas, faltan huecos naturales, falta madera muerta y falta una comunidad rica de insectos que sirva de alimento.



El equipo de la Universidade de Santiago de Compostela y del CSIC comparó 240 parcelas de bosque autóctono y eucaliptal en el entorno de las Fragas do Eume. Su resumen va al grano, las plantaciones de eucalipto albergan «muchas menos especies y ejemplares de aves» que los bosques nativos.

Por qué desaparecen las aves

La clave no está solo en que haya árboles. Está en qué tipo de árboles hay y qué vida sostienen. Muchas aves forestales necesitan insectos, cavidades para criar, ramas viejas, cortezas con alimento y sotobosque donde refugiarse. El eucalipto ofrece bastante menos de todo eso.

Los autores señalan que la proporción de eucalipto fue el factor que mejor explicó la reducción de aves. También apuntan a dos recursos básicos que escasean en estas plantaciones, las cavidades naturales y los artrópodos. Dicho de forma sencilla, si no hay insectos, no hay menú para muchas aves. Si no hay huecos, tampoco hay buen sitio para criar.

Los árboles autóctonos maduros sí cumplen ese papel. Robles, castaños, abedules y árboles de ribera generan con el tiempo una estructura compleja. En cambio, el estudio concluye que los eucaliptos maduros no sustituyen bien a los árboles nativos maduros para las aves especialistas del bosque. No es un detalle menor.

Las especies más sensibles

El estudio analizó 19 especies con presencia suficiente para comparar resultados. Solo cuatro no mostraron diferencias claras entre bosque autóctono y eucaliptal. Las otras 15 tuvieron valores significativamente más altos de presencia y abundancia en los bosques nativos.

Entre las especies incluidas aparecen aves muy ligadas al bosque, como el pico picapinos, el trepador azul, el agateador europeo, el mito común, el herrerillo común, el carbonero garrapinos o el pinzón vulgar. No significa que todas desaparezcan de golpe cuando entra el eucalipto. Significa algo más silencioso y peligroso, que el bosque va perdiendo calidad para ellas.

Además, los modelos del trabajo encontraron correlaciones negativas entre el porcentaje de eucalipto y la abundancia de aves en 16 especies. Para la presencia de especies, el patrón fue parecido, con 15 especies afectadas negativamente por esa variable. Es el tipo de dato que convierte una sospecha antigua en una señal científica difícil de ignorar.

El debate legal sigue abierto

Aquí conviene matizar. El eucalipto no aparece actualmente en el listado de flora del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, donde sí figuran otras plantas como varias acacias, el ailanto o la hierba de la pampa. El propio MITECO recuerda que el catálogo es una herramienta dinámica y que las especies exóticas invasoras son una de las grandes causas de pérdida de biodiversidad.

Pero el debate científico no empezó ayer. En 2017, el Comité Científico del entonces ministerio competente concluyó que varias especies del género Eucalyptus naturalizadas en España presentaban carácter invasor y capacidad transformadora del medio, y recomendó su inclusión en el catálogo bajo el criterio de la UICN. Aquello no cerró la discusión, más bien la dejó más viva.

Galicia, por su parte, ha optado por una vía de gestión. La Xunta anunció en 2025 la ampliación hasta 2030 de la moratoria del eucalipto, aunque con flexibilizaciones para sustituir masas existentes y para casos concretos relacionados con pinares afectados por la banda marrón. En el fondo, la administración intenta cuadrar dos cosas que chocan a menudo, producción forestal y conservación.

La solución no es solo cortar

Los investigadores no plantean una receta simple ni dicen que todo se arregle eliminando eucaliptos de un día para otro. Lo que proponen es introducir franjas de vegetación sin gestionar dentro de las plantaciones, donde puedan crecer especies autóctonas y aumentar la variedad de hábitats. Parece poco, pero para un ave insectívora puede ser la diferencia entre quedarse o marcharse.

Estas franjas funcionarían como pequeños refugios dentro de un paisaje muy simplificado. Aportarían sotobosque, insectos, ramas, semillas y más estructura. También podrían ayudar al control natural de plagas, porque muchas aves que comen insectos actúan como aliadas invisibles del monte.

¿Qué debe tener en cuenta el lector? Que plantar árboles no siempre equivale a recuperar naturaleza. Un eucaliptal puede producir madera, capturar carbono durante su crecimiento y dar ingresos a propietarios, pero no reemplaza el papel ecológico de un bosque autóctono maduro. Son cosas distintas. Confundirlas sale caro para las aves.

El estudio completo ha sido publicado en Forest Ecology and Management.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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