El gusano de Roscoff ha llegado a las playas de Doñana. Este invertebrado es transparente y mide unos larguísimos dos milímetros. Pero el tamaño no lo es todo, ya que en su interior es capaz de albergar hasta 25.000 microalgas que le proporcionan un color verde muy simpático y se pueden ver en forma de “manchas” cuando hay marea baja.
Esta relación simbiótica entre el gusano y las microalgas supone una suerte para las costas arenosas donde las algas no consiguen fijarse; además, permiten al gusano alimentarse de la radiación solar. Esta unión proporciona refugio seguro para las algas y permite al gusano aprovechar más recursos para su ingesta. Cuando el gusano llega a la edad adulta, el conducto digestivo se sella, lo que provoca que dependa únicamente del sol para su alimentación.
El gusano fotosintético de Doñana sorprende en sus playas
El Espacio Natural de Doñana (END) ha destacado la presencia en sus playas del Symsagittyfera roscoffensis, conocido popularmente como el «Gusano de Roscoff» o gusano fotosintético, un invertebrado marino que a simple vista parece algas y que constituye todo un ejemplo de simbiosis marina.
En las costas arenosas como las de Doñana, ha informado el END, no suelen abundar las algas debido a que la arena «no es el mejor sustrato para que estas especies se puedan fijar»; sin embargo, una microalga del género Tetraselmis o Convoluta ha logrado hacerse presente.
Para ello ha necesitado la colaboración de ese gusano traslúcido de unos dos milímetros, que puede contener hasta 25.000 de estas microalgas.
Han apuntado que en la playa son «fácilmente visibles», presentándose a modo de «manchas verdes» durante la marea baja que se suelen confundir con algas, aunque si se observan con atención «se mueven», lo que delata la presencia del gusano de Roscoff. «La piel del gusano es transparente, permitiendo al alga, que está alojada en su intestino, realizar la fotosíntesis en su interior», han indicado, añadiendo que esta relación entre gusano y microalga se denomina simbiosis, es decir, ambas especies se benefician mutuamente.
La microalga no podría fijarse en las arenas de la playa en constante movimiento por las olas y mareas, por lo cual el intestino del gusano le proporciona el anclaje y la seguridad que el alga necesita. A cambio, el gusano obtiene parte de su energía de la fotosíntesis del alga. Cuando el gusano es adulto, su tubo digestivo se sella por los extremos y desde ese momento obtendrá su energía exclusivamente de las microalgas.
Este gusano es, por tanto, uno de los pocos animales «autótrofos» capaces de obtener la energía del sol —a partir de las microalgas— y el carbono para metabolizar a partir del CO2 que estas producen.



