Los apicultores salmantinos piden a la Junta de Castilla y León que intervenga ante los ataques del abejaruco a las colmenas. El sector asegura que el problema se ha agravado en los últimos años y que ya no se trata de una molestia puntual, sino de un golpe directo a la producción de miel y a la supervivencia de algunas colmenas.
La situación llega, además, en una campaña muy complicada por la climatología. Lluvias, viento, calor repentino, frío a destiempo y mortalidad invernal han dejado a muchos productores con muy poco margen. Y ahí aparece el dilema difícil de resolver. ¿Cómo se protege a un ave silvestre sin dejar solos a quienes viven de las abejas?
Un ave protegida
El abejaruco común (Merops apiaster) no es una especie cualquiera. El Ministerio para la Transición Ecológica lo incluye en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo que limita mucho cualquier actuación directa sobre el ave. No se puede tratar como si fuera un animal sin protección legal.
SEO/BirdLife también recuerda que el abejaruco europeo está catalogado como especie de “Preocupación Menor” en la Lista Roja de las Aves de España, aunque figura en el listado de protección especial y no en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. Es decir, no está amenazado, pero sí protegido. Y eso cambia por completo las reglas del juego.
Su dieta se basa en insectos que captura al vuelo, principalmente abejas, avispas, moscardones y libélulas. Por eso, no es raro que entre en conflicto con los apicultores cuando se acerca a los colmenares. A cambio, también puede capturar avispa asiática, una especie que preocupa mucho al sector.
El golpe en las colmenas
Santiago Canete, presidente de la cooperativa Reina Kilama, resume la preocupación con una frase muy clara. “Estamos transmitiendo a la Consejería a ver si puede tomar medidas porque estamos teniendo gravísimos problemas con el tema del abejaruco en Castilla y León”.
Según explica, el problema se nota especialmente cuando suben las colmenas desde Extremadura. Canete apunta a los cambios climáticos como posible causa de ese desplazamiento hacia zonas más al norte, donde antes la presión era menor. “Están escapando de los fuertes calores y se están viniendo más al norte”, señala.
El punto más delicado está en las reinas nuevas. El propio Ministerio identifica la interacción con abejas reina durante el vuelo nupcial entre marzo y junio, mientras que el resto de abejas pueden verse afectadas entre marzo y septiembre. Si una reina joven no vuelve a la colmena, no se pierde solo una abeja. Puede fracasar toda la colonia.
Una campaña torcida
El abejaruco no llega solo. Llega en un año que los productores ya describen como malo, incluso peor que el anterior. Miguel Ángel Ferreira, apicultor de San Miguel de Valero, habla de una situación de “plaga” y añade otro problema de fondo. El tiempo no ha acompañado.
Primero llegó mucha agua. Después, en plena primavera, varias semanas de viento. Luego, el calor cortó la campaña antes de tiempo a finales de abril. Y cuando las colmenas empezaban a trabajar la retama, volvieron el agua y el frío. No es poca cosa.
En Reina Kilama, según Canete, la producción ya cayó el año pasado al 50 %. Este año, la sensación es todavía peor. “Estamos esperando que en estos días los apicultores nos entreguen la poca miel que están sacando y a ver cómo se presenta el verano, pero con estas temperaturas yo no espero nada”, afirma.
Ayudas que no encajan
La Junta de Castilla y León convocó en mayo las ayudas de la Intervención Sectorial Apícola para la campaña 2026, dentro del Plan Estratégico de la PAC. La propia administración explica que buscan mejorar la producción, la sanidad y la comercialización de los productos apícolas. También pueden acceder explotaciones, cooperativas y agrupaciones con al menos 150 colmenas.
La convocatoria está financiada por el Fondo Europeo Agrícola de Garantía, el Ministerio de Agricultura y la Junta. Además, contempla actuaciones como asesoramiento, formación, inversiones sanitarias, reposición de colmenas, cría de reinas, mejoras en las explotaciones y promoción de la miel. Sobre el papel, parece una ayuda amplia.
Pero los apicultores piden algo más concreto. Reclaman que se reconozcan los daños vinculados al abejaruco, ya que se trata de un ave protegida y, según denuncian, no entra de forma clara en las líneas de compensación por perjuicios. En la práctica, el sector siente que tiene el problema delante, pero no la herramienta administrativa adecuada para cubrirlo.
Un sector importante
La apicultura no es una actividad menor en Castilla y León. La Junta sitúa a la comunidad como la segunda de España en producción de miel, solo por detrás de Andalucía. Según sus últimos datos disponibles, concentra el 15,4 % de la producción nacional, con 5.120 toneladas en 2024.
También cuenta con más de 6.317 explotaciones apícolas y unas 425.000 colmenas. Dicho de otra forma, cuando una campaña sale mal, no hablamos solo de unos cuantos tarros menos en la tienda. Hablamos de empleo rural, polinización, cooperativas, trashumancia y pueblos que ya viven con lo justo.
COAG Castilla y León también ha reclamado compensaciones por los daños del abejaruco a la apicultura profesional. La organización agraria advierte de una presión creciente sobre las explotaciones y pide a la administración medidas para evitar que esta situación siga debilitando al sector.
Qué se puede hacer
El Ministerio ya ha recogido medidas preventivas para reducir la interacción del abejaruco con los colmenares. Entre ellas están la protección con redes y mallas, junto con el suministro de agua, durante el periodo de mayor presencia del ave en la Península Ibérica, de abril a septiembre.
El mismo documento oficial señala que la línea de racionalización de la trashumancia puede financiar medidas preventivas para reducir los daños causados por el abejaruco a las colmenas, aunque su desarrollo depende de las comunidades autónomas. Ahí es donde los apicultores miran ahora a la Junta.
La salida no parece sencilla. No pasa por criminalizar a un ave protegida, ni por ignorar el impacto que denuncian quienes trabajan cada día entre colmenas, calor, caminos y facturas. La clave estará en medir bien los daños, financiar la prevención y aclarar si debe existir una compensación específica cuando fallen las colmenas por este motivo.
El documento oficial sobre la protección de colmenares y las interacciones del abejaruco común ha sido publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.



