Las noches tropicales ya no suenan a rareza de agosto en el Mediterráneo. AEMET las define como aquellas en las que la temperatura mínima no baja de 20 ºC, y en las ciudades y zonas costeras mediterráneas su aumento ha sido constante en las últimas décadas. Ese calor pegajoso que no se va ni de madrugada también lo notan las plantas.
En la Estación Experimental Agraria de Elche se ha puesto el foco en un aliado diminuto, Pochonia chlamydosporia, un hongo beneficioso que se está probando como apoyo frente a plagas, enfermedades y estrés térmico en cultivos mediterráneos. La idea es sencilla de contar, aunque no de demostrar. Usar vida microscópica para que la planta resista mejor cuando el clima y las plagas aprietan a la vez.
El calor ya no descansa
El problema de las noches tropicales no es solo que molesten para dormir. En una planta, la noche es el momento de recuperar parte del desgaste del día, regular su actividad y seguir respirando sin tanta presión térmica. Cuando la mínima no baja, ese descanso se acorta.
AEMET ya ha advertido de que en buena parte del litoral mediterráneo se superan ampliamente las 50 noches tropicales al año y que el periodo cálido se está expandiendo hacia primavera y otoño. Para la Comunitat Valenciana, sus proyecciones apuntan a un aumento medio del 30% en el número de noches cálidas hasta final de siglo. No es poca cosa.
Qué hace este hongo
Pochonia chlamydosporia es un hongo nematófago. Dicho de forma sencilla, puede actuar sobre nematodos fitopatógenos, unos organismos microscópicos que atacan las raíces y que son difíciles de controlar cuando se instalan en el suelo.
La ciencia lleva años estudiándolo porque no solo actúa contra huevos de nematodos. También puede vivir dentro de la raíz como endófito, sin dañar a la planta, y favorecer respuestas de crecimiento y defensa. Un trabajo publicado en Journal of Plant Research describe precisamente esa doble vía, control biológico y promoción del crecimiento.
Una especie de vacuna
La comparación que más se entiende en el campo es la de una «vacuna». No porque el hongo cure todos los males, sino porque puede preparar a la planta para responder antes y mejor cuando llega un problema.
La ficha tecnológica de la Universidad de Alicante señala que Pochonia puede reducir la colonización de la raíz por hongos patógenos, parasitar huevos de nematodos formadores de quistes y agallas, y promover el crecimiento vegetal al producir reguladores del desarrollo. Ahí está la clave. Menos ataque en la raíz y más vigor arriba.
Floración y más vigor
En los ensayos comunicados en Elche, algunas plantas tratadas con distintas cepas de Pochonia llegaron a multiplicar su crecimiento hasta diez veces respecto a cultivos no tratados. Ese dato llama la atención, pero conviene leerlo con cuidado. No significa que cualquier finca vaya a producir diez veces más de un día para otro.
Otros estudios ayudan a poner el resultado en contexto. En Arabidopsis thaliana, una planta modelo muy usada en laboratorio, la colonización de la raíz por Pochonia redujo el tiempo de floración, estimuló el crecimiento y elevó el rendimiento en semillas por planta. En banano, ensayos publicados en Agronomy observaron colonización de raíces y aumentos de longitud y peso en raíz, cormo y hojas.
Cómo llegaría al campo
La aplicación más lógica se plantea en semilleros o mediante suspensiones de esporas en el riego. Tiene sentido. Cuanto antes llegue el hongo a la raíz, más opciones tiene de instalarse sin competir tarde con todo lo que ya vive en el suelo.
El grupo de Fitopatología de la Universidad de Alicante también ha trabajado con formulados de quitosano, un biopolímero natural que puede encapsular esporas de Pochonia y facilitar una liberación más lenta. Pero aquí hay un matiz importante. Esa tecnología figura desarrollada a escala de laboratorio, así que el salto a grandes parcelas exige pruebas reales, con riego, salinidad, calor, suelo y manejo agrícola de verdad.
Plagas invisibles
La misma jornada en Elche también miró hacia otro frente. Los hongos y oomicetos que afectan a viveros y plantas ornamentales. El programa oficial incluyó una intervención de Ana Mª Pérez Sierra, investigadora del IVIA, sobre enfermedades causadas por estos organismos en viveros de plantas ornamentales.
El riesgo es claro. Muchas infecciones empiezan por detalles que parecen pequeños, como agua contaminada, mal drenaje o restos vegetales infectados. Y cuando una planta viaja sin síntomas visibles, puede llevar el problema a otra finca, otro vivero o incluso otra zona geográfica. Así de fácil. Así de serio.
No es una receta universal
La agricultura necesita soluciones sostenibles, sobre todo cuando algunos productos químicos pierden autorización o dejan de ser una salida razonable. La Comisión Europea recuerda que la directiva sobre uso sostenible de pesticidas busca reducir riesgos e impactos y promover el manejo integrado y alternativas no químicas. En ese tablero encaja el control biológico.
Pero el agricultor debe mirar varios puntos antes de ilusionarse demasiado. Qué cepa se usa, en qué cultivo, con qué dosis, cómo se aplica y cuánto tiempo permanece en el suelo. También importa saber qué patógeno hay realmente en la parcela. Tratar sin diagnosticar puede tapar síntomas y retrasar la solución.
El siguiente paso
El reto ahora está en pasar del ensayo controlado a la producción grande. En el Camp d’Elx, eso significa probar si Pochonia puede ayudar en cultivos como el granado y en viveros que ya viven con calor, plagas, costes y márgenes cada vez más ajustados.
Si funciona, no será un sustituto de todo lo demás. Será una pieza más, junto al riego bien manejado, la higiene en vivero, la elección de material vegetal y el diagnóstico temprano. Una pieza pequeña, sí. Pero bajo tierra, a veces, empiezan los cambios importantes.
El programa oficial de las IX Jornadas Ibéricas de Horticultura Ornamental, celebradas en Elche del 4 al 6 de mayo de 2026, ha sido publicado por la organización del encuentro e incluye la ponencia sobre hongos agentes de control biológico endófitos de Lluís V. López-Llorca.













