Las ballenas jorobadas son famosas por crear redes de burbujas para encerrar peces cerca de la superficie. Pero una parte importante de su comportamiento seguía ocurriendo fuera de nuestra vista. Un nuevo estudio ha documentado por primera vez cómo varias de estas ballenas se coordinan para cazar juntas sobre el fondo marino.
Los animales llegan casi al mismo tiempo, se colocan frente a frente y abren la boca con apenas unos segundos de diferencia. En el 79% de los 110 episodios analizados, la ballena marcada estuvo acompañada por entre uno y tres ejemplares. Los datos apuntan a algo más complejo que una simple reunión alrededor de la comida.
Una emboscada bajo el agua
La escena se desarrolla en el Santuario Marino Nacional de Stellwagen Bank, frente a Massachusetts, en el sur del golfo de Maine. Allí, las ballenas persiguen al lanzón del norte (Ammodytes dubius), un pez pequeño y alargado que puede formar bancos densos junto al lecho marino o enterrarse con rapidez en la arena para escapar.
Cuando comienza la caza, entre dos y cuatro ballenas avanzan unas hacia otras con la cabeza dirigida a un punto central. Sus hocicos pueden quedar separados por pocos metros e incluso acercarse hasta casi tocarse. Esa formación parece cerrar las salidas y empujar a los peces hacia las bocas de sus compañeras.
Cómo observaron la maniobra
El equipo colocó etiquetas temporales con ventosas sobre siete ballenas durante junio de 2018. Los dispositivos incorporaban cámaras, sonido y sensores capaces de registrar la profundidad, la dirección, la inclinación y los giros del cuerpo. En total, los investigadores estudiaron 55 secuencias de caza con 110 intentos de captura.
La cámara ofrecía una visión parecida a mirar desde el lomo del animal. Eso permitió ver el fondo, la posición de otras ballenas y el momento exacto en el que abrían la boca. Pero había límites. Las grabaciones útiles se obtuvieron de día y, por la falta de luz, principalmente a menos de unos 40 metros de profundidad.
Buena parte de la información procedía de tres ejemplares llamados Wonderland, Bolide y Bombay. Por eso, los autores reconocen que la muestra es pequeña y que otras ballenas pudieron quedar fuera del campo de visión. Aun así, el patrón se repitió con una regularidad difícil de explicar por azar.
Cooperación o coincidencia
Las cifras ayudan a entenderlo. La ballena marcada cazó con una compañera en el 46% de los episodios, con dos en el 27% y con tres en el 5%. Solo apareció alimentándose sola en el 21% de las observaciones.
Además, las compañeras no se colocaban en cualquier sitio. Tomando la dirección de la ballena marcada como las doce de un reloj, las posiciones más habituales fueron la una, presente en el 59% de los casos, y las once, en el 35%. Cuando todos los animales pudieron identificarse, cada individuo ocupó el mismo lugar en el 93,1% de los episodios analizados.
También sincronizaron el momento de capturar la presa. En los eventos con información suficiente, las bocas se abrieron con una diferencia media de 3,7 segundos. «Estoy convencido de que se trata de un comportamiento cooperativo», afirma Jeremy Goldbogen, biólogo marino de la Universidad de Stanford y coautor del trabajo.
El pez que cambia las reglas
¿Por qué una ballena de decenas de toneladas necesita ayuda para atrapar peces tan pequeños? La respuesta puede estar en el propio lanzón. Estos peces nadan deprisa, escapan en grupo y vuelven a enterrarse después de recorrer apenas unos metros, una combinación que complica mucho la captura para un cazador solitario.
La formación de las ballenas podría funcionar como una trampa móvil. El avance conjunto hace salir a los peces del sedimento, mientras la disposición de los animales ocupa rutas útiles para bloquearlos o conducirlos. No es una coreografía perfecta en todos los casos, pero sí una conducta ajustada en el espacio y en el tiempo.
Ya existían pistas. Un estudio anterior había detectado una llamada de «doble pulso» utilizada por las jorobadas mientras se alimentaban en el fondo durante la noche o con poca luz, siempre que había otra ballena cerca. Los científicos sospechaban que podía servir para mantener la cohesión del grupo. Ahora las cámaras muestran qué podrían estar coordinando.
Lo que revela sobre las ballenas
La caza colaborativa se considera una de las formas más complejas de cooperación animal porque exige reaccionar a los movimientos de otros cazadores, no solo a los de la presa. Esto resulta especialmente llamativo en las ballenas jorobadas, que forman asociaciones flexibles y temporales en lugar de vivir siempre en grupos familiares estables.
Los autores hablan de pruebas sólidas, pero mantienen la cautela. El trabajo no demuestra que cada ballena tenga una función fija ni permite saber si los grupos se conservan durante años. Tampoco aclara si esta técnica aparece en otras poblaciones o si es una respuesta local al comportamiento de los lanzones de Stellwagen Bank.
«No sabemos todavía si esta estrategia colaborativa es exclusiva del golfo de Maine», explica David Wiley, ecólogo del santuario y autor principal. El siguiente paso será colocar etiquetas en varios miembros del mismo grupo y combinar las cámaras con drones para seguir mejor sus posiciones y su comunicación.
Una ventaja con un coste
Cazar junto al fondo puede mejorar el acceso a una presa escurridiza, pero también acerca a las ballenas a nasas, redes de enmalle y otros aparejos fijos. Un enganche puede impedirles nadar o alimentarse con normalidad, aumentar el esfuerzo físico y causar heridas graves. Y eso cambia la lectura del descubrimiento.
Comprender dónde y cómo cazan no solo sirve para admirar su complejidad conductual. También puede ayudar a localizar momentos y zonas de mayor riesgo, algo clave para diseñar medidas que reduzcan los enredos sin perder de vista la actividad pesquera. La nueva estrategia estaba oculta bajo el agua, pero sus consecuencias llegan hasta la superficie.
El estudio ha aparecido en «Behavioral Ecology and Sociobiology».



