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Los expertos en jardinería coinciden: los pequeños agujeros en las hojas casi nunca los causan los caracoles; en realidad la causa suele ser más sencilla de explicar

Los pequeños agujeros en las hojas no siempre son obra de caracoles: este diminuto escarabajo suele estar detrás del daño.

Los expertos en jardinería coinciden: los pequeños agujeros en las hojas casi nunca los causan los caracoles; en realidad la causa suele ser más sencilla de explicar

Unas hojas que ayer parecían sanas pueden amanecer salpicadas de agujeros. Babosas y caracoles suelen ser los primeros sospechosos, pero cuando las perforaciones son pequeñas, redondas y numerosas, el responsable puede ser una pulguilla, un escarabajo diminuto que salta al sentirse molestado.

La forma del daño suele contar más que el tamaño. Los moluscos dejan mordiscos irregulares y rastros de baba, mientras que las pulguillas crean un patrón parecido a una hoja alcanzada por perdigones. También hay enfermedades, minadores y daños meteorológicos capaces de imitar una plaga.

La huella de las babosas

Las babosas y los caracoles suelen alimentarse durante la noche, sobre todo cuando el ambiente está húmedo. Sus piezas bucales raspan el tejido y dejan bordes deshilachados o huecos irregulares, además de rastros brillantes de baba.

La comprobación más útil es sencilla. Sal al jardín con una linterna al anochecer y revisa las hojas tiernas, el suelo y los escondites cercanos. Si no aparece baba y los agujeros parecen hechos con una perforadora diminuta, conviene ampliar la lista de sospechosos.

El escarabajo que salta

Las llamadas pulguillas son pequeños escarabajos, no pulgones. Los adultos saltan como pulgas cuando se toca la planta y mastican numerosos orificios diminutos, el clásico daño de “perdigonada” que puede verse en rábanos, coles, brócoli y berenjenas.

Las plántulas son las más vulnerables porque todavía tienen poca superficie foliar. La Extensión de la Universidad de Minnesota señala que las plantas que ya han desarrollado cuatro o cinco hojas suelen soportar mucho mejor el ataque, por lo que un daño leve al final de la temporada no siempre exige tratamiento.

Conviene corregir otra confusión frecuente. Los pulgones chupan savia y suelen provocar hojas rizadas, brotes deformados o una capa pegajosa de melaza. Ese cuadro es distinto al de una hoja llena de pequeños mordiscos.

Agujeros sin mordeduras

Los minadores viven dentro de la hoja. Sus larvas abren galerías claras y sinuosas bajo la superficie, como pequeños caminos dibujados en el tejido. Esas líneas, más que los agujeros redondos, son su firma habitual.

Las enfermedades también pueden producir un efecto de “perdigonada”. En el laurel cerezo, por ejemplo, algunas manchas comienzan como zonas marrones o lesiones con un halo amarillento. Después, el tejido muerto se seca y cae, dejando un hueco que puede confundirse con la mordedura de un insecto.

El tiempo completa el reparto de sospechosos. La Royal Horticultural Society recuerda que el viento y el granizo pueden desgarrar las hojas, mientras que el estrés ambiental también puede causar pequeños huecos. Si el problema aparece justo después de una tormenta, quizá no haya ninguna plaga que combatir.

Cómo identificar al culpable

Primero mira el envés de las hojas y mueve la planta con suavidad. Un escarabajo oscuro que salta apunta a pulguillas, una galería serpenteante señala a un minador y una mancha marrón previa hace pensar en enfermedad. La baba y la actividad nocturna vuelven a colocar a los moluscos en primer plano.

Después compara las hojas nuevas con las viejas, varias plantas y diferentes zonas del bancal. Una foto diaria durante dos o tres jornadas ayuda a comprobar si el daño avanza o si fue un episodio aislado. Parece poca cosa, pero evita tratar a ciegas.

Al final del día, lo que se intenta es distinguir un problema estético de una amenaza real. Las guías universitarias indican que muchas plantas establecidas toleran cierto daño de pulguillas o minadores sin perder vigor. Las plántulas y las hortalizas cultivadas por sus hojas merecen una vigilancia mayor.

Prevenir sin veneno

La barrera más eficaz contra las pulguillas suele ser física. La Universidad de Minnesota recomienda colocar manta o malla antiinsectos mientras crecen las plántulas y retirarla antes de la floración para que puedan entrar los insectos polinizadores.

Cuando hay manchas foliares, conviene regar la tierra y no mojar de forma continua el follaje. El Programa Estatal de Manejo Integrado de Plagas de la Universidad de California aconseja retirar las hojas caídas, evitar una humedad prolongada y permitir que la vegetación se seque con rapidez. En muchos casos, no hace falta aplicar un fungicida.

Con los minadores, retirar pronto unas pocas hojas afectadas puede bastar. Las avispas parasitoides controlan muchas poblaciones de forma natural, pero los insecticidas de amplio espectro también matan a esos aliados y pueden favorecer nuevos brotes. Menos intervención, a veces, funciona mejor.

Cuándo sí pensar en caracoles

La sospecha gana fuerza cuando aparecen huecos grandes y desiguales, bordes raspados y rastros de baba después de una noche húmeda. Las plantas tiernas y carnosas, como las plántulas y las hostas, están entre las más expuestas.

Una inspección con linterna permite confirmar la presencia y retirar a mano los ejemplares que estén dañando plantas vulnerables. El equipo de asesoramiento de la Royal Horticultural Society recomienda un control localizado, no intentar eliminar todos los moluscos, porque muchas especies colaboran en la descomposición y sirven de alimento a otros animales del jardín.

La información oficial principal se ha publicado en las guías de la Royal Horticultural Society, la Extensión de la Universidad de Minnesota y el Programa Estatal de Manejo Integrado de Plagas de la Universidad de California.

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