Naturaleza

Mientras los pescadores se echan las manos a la cabeza por la última plaga invasora del Mediterráneo, los científicos ya tienen la solución: cultivar ostras

Las ostras podrían ser la clave para frenar la plaga del cangrejo azul que amenaza la acuicultura del Mediterráneo.

Mientras los pescadores se echan las manos a la cabeza por la última plaga invasora del Mediterráneo, los científicos ya tienen la solución: cultivar ostras

El cangrejo azul ya no es una visita curiosa en el Mediterráneo. En el norte del Adriático se ha convertido en una emergencia para los criadores de almejas y mejillones, hasta el punto de que el Consejo Consultivo de Acuicultura de la UE calcula que la producción tradicional de almeja en el delta del Po ha caído alrededor de un 90% desde el verano de 2023. No es poca cosa.

La respuesta italiana no pasa solo por capturarlo o llevarlo al plato. Cada vez más granjas de Véneto y Emilia-Romaña miran hacia las ostras, sobre todo hacia ejemplares con conchas más duras y de mayor tamaño, porque resisten mejor que otros bivalvos. No es una solución mágica, pero sí una forma muy práctica de seguir trabajando cuando el mar cambia las reglas.

Por qué preocupa tanto

En el Mediterráneo hay dos grandes especies no autóctonas conocidas como cangrejo azul, Callinectes sapidus y Portunus segnis. La Comisión General de Pesca del Mediterráneo, ligada a la FAO, advierte de que ambas tienen alta capacidad reproductiva y pueden causar problemas a especies locales y a artes de pesca como trasmallos y redes de enmalle.

En la práctica, esto significa redes rotas, cebos perdidos y viveros bajo presión. El Callinectes sapidus se mueve bien en lagunas, deltas y zonas costeras, justo donde se crían muchos moluscos. Si además llegan veranos más cálidos, el problema puede crecer deprisa.

La pista está en la concha

Un trabajo del IRTA en el Delta del Ebro ya mostró que la ostra japonesa de 50 a 70 mm sufría mucho menos consumo que los mejillones, con valores de 0 a 16% frente a 38 a 96% en mejillón, según el tamaño de presas y depredadores.

Aquí está la clave. El cangrejo azul puede atacar ostras pequeñas, pero lo tiene bastante más difícil cuando la concha gana tamaño y dureza. Para un acuicultor, esa diferencia puede marcar la frontera entre perder una campaña entera o salvar parte de la producción.

Italia cambia de estrategia

En enero de 2025, ISPRA informó de un plan de intervención presentado en el MASAF, con 10 millones de euros para 2025 y 2026, centrado en contener la especie, proteger instalaciones de acuicultura, valorizar biomasa y apoyar a las empresas afectadas.

¿Significa esto abandonar almejas y mejillones? No exactamente. La idea es abrir una segunda vía para zonas donde el cangrejo se ha convertido en un enemigo diario, de esos que no se ven desde la mesa del restaurante, pero que se notan en la lonja y en la factura de cada explotación.

Las ostras entran ahí como un salvavidas parcial. Los criadores ya conocen el agua, las mareas y los tiempos del vivero. Lo que cambia es el producto y, con él, también cambia la forma de venderlo.

Las ostras dejan de ser un lujo

Ese es otro obstáculo. En Italia, la ostra no tiene el mismo sitio cotidiano que la almeja en un plato de pasta. Por eso el Gobierno italiano ha defendido incluso rebajar el IVA de las ostras del 22 al 10%, una propuesta que el ministro Francesco Lollobrigida vinculó a que este producto «no debe ser de lujo».

La frase tiene una lectura económica muy clara. Si baja el precio, puede crecer el consumo, y si crece el consumo, los acuicultores tienen más margen para transformar sus viveros. Pero conviene no venderlo como un cuento feliz. Una ostra más barata no arregla por sí sola una invasión biológica.

Para que funcione, hacen falta controles sanitarios, trazabilidad y una gestión fina de los cultivos. También hace falta evitar que la prisa por sobrevivir cree nuevos problemas ambientales. La acuicultura depende de la calidad del agua, y eso se nota enseguida.

España ya conoce el aviso

En España, el Delta del Ebro fue uno de los primeros grandes avisos. El CSIC recuerda que el cangrejo azul se detectó allí en 2012, en la laguna de la Tancada, y que años después inició una expansión muy rápida por la zona.

Esa experiencia deja una lección sencilla. No basta con esperar a que el mercado absorba el problema. Pescar cangrejo ayuda, cocinarlo también puede ayudar, pero hace falta seguimiento científico, control local y pruebas con cultivos que soporten mejor la presión.

Las ostras pueden formar parte de esa caja de herramientas, pero no en cualquier condición. Los ejemplares pequeños siguen siendo vulnerables, así que el tamaño de siembra, las jaulas y el momento del cultivo cuentan mucho. En el mar, los detalles son dinero.

Una invasión con muchas respuestas

La tentación es buscar una solución única, pero el cangrejo azul no funciona así. Se reproduce rápido, se mueve bien y encuentra refugio en ambientes costeros donde abundan sus presas. El problema es que el reloj del mar corre más deprisa que la política.

La estrategia italiana con las ostras no borra el daño ecológico ni devuelve de golpe las almejas perdidas. Lo que hace es ganar tiempo, proteger empleo y abrir una salida comercial donde antes solo había pérdidas. Es una defensa, no una victoria definitiva.

Ahora queda por ver si el consumidor acompaña. Si las ostras dejan de verse como un capricho de lujo y pasan a ser un producto más normal, la invasión habrá obligado a cambiar una parte de la acuicultura mediterránea. Y eso se nota.

El estudio científico citado sobre la resistencia de las ostras frente a Callinectes sapidus ha sido publicado en la revista Animals.

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