El proyecto Honu Count, impulsado por NOAA Fisheries, ha convertido a vecinos y visitantes en ojos extra para localizar tortugas, conocer sus zonas de alimentación y reforzar la protección de sus hábitats. Desde 2017, casi 600 ciudadanos han informado 688 avistamientos de 253 tortugas, según los datos de NOAA. No es poca cosa.
No eran grafitis
Las marcas blancas no son una broma ni un acto de vandalismo. Los biólogos graban letras y números con una herramienta tipo Dremel, parecida a las que se usan en manicura, y después aplican pintura blanca no tóxica para que el código se vea desde lejos. NOAA explica que el proceso es indoloro y que muchas tortugas incluso se quedan dormidas durante la intervención.
La marca funciona como una matrícula temporal. Indica dónde fue localizada la tortuga y permite reconocerla cuando vuelve a descansar en una playa, nada cerca de un arrecife o regresa de su zona de reproducción. En la práctica, una foto hecha desde lejos puede contar una parte de su viaje.
La bióloga Brittany Clemans lo resumió de forma muy directa en Hawai’i Public Radio. «No les duele a las tortugas». También explicó que una herramienta sencilla y pintura no tóxica pueden aportar mucha información cuando hay más personas mirando el mar con atención.
El viaje de las honu
La tortuga verde hawaiana no es una especie cualquiera dentro del ecosistema del Pacífico. El estudio recuerda que esta población figura como un segmento diferenciado del Pacífico central norte bajo la Ley de Especies en Peligro de Estados Unidos, lo que obliga a seguir su estado y su viabilidad.
La mayoría de las honu adultas que viven alrededor de las islas principales de Hawái viajan hacia Lalo, también llamado French Frigate Shoals, dentro del Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea. Ese desplazamiento supera las 1200 millas de ida y vuelta, y aproximadamente el 96 % de las honu anida allí.
El problema es que saber dónde ponen los huevos no basta. Para protegerlas bien hay que entender dónde comen, dónde descansan y por qué zonas regresan después de reproducirse. Ahí entra en juego Honu Count.
La ciudadanía entró en juego
Honu Count nació en 2017 para pedir ayuda al público y explicar qué significaban esas marcas en los caparazones. Primero se usó una línea telefónica, después el correo electrónico y, desde 2023, una encuesta online en ArcGIS Survey123. Un sistema más sencillo suele traer más participación. Y aquí se ha notado.
La mecánica es simple. Si alguien ve una tortuga con una marca alfanumérica blanca, debe mantener una distancia respetuosa, hacer una foto sin molestar al animal, anotar la fecha, la hora y el lugar, y subir la información a la encuesta oficial. NOAA recomienda mantenerse a 10 pies, unos 3 metros, tanto en tierra como en el agua.
El salto de datos fue claro. Antes de la encuesta online se recibían de media 435 avistamientos al año. En el primer año del nuevo sistema, entre febrero de 2023 y febrero de 2024, se documentaron 1227 reportes. Además, el 95 % de los nuevos avisos aportó coordenadas GPS utilizables, frente al 23 % del periodo anterior.
Mapas para proteger mejor
En conservación marina, una coordenada puede valer mucho. No es lo mismo saber que «hay tortugas en Hawái» que identificar una playa, una zona de descanso o un tramo de arrecife donde se alimentan con frecuencia. Esa diferencia cambia la forma de protegerlas.
El estudio analizó las coordenadas enviadas por la ciudadanía, revisó fotos y retiró puntos incorrectos antes de elaborar mapas de densidad. Los resultados muestran que Maui fue la isla con más avistamientos tanto antes como después de la encuesta online. En el periodo posterior, concentró el 56 % de los avistamientos con GPS y el 43 % de los registros de tortugas alimentándose.
Clemans explicó que «los datos enviados por la comunidad» ayudaron a determinar lugares importantes de alimentación. Ese es el punto clave. Aquellas marcas que parecían grafitis se han convertido en pistas para saber qué zonas costeras son realmente importantes para las honu.
Protección sin cerrar la playa
La propuesta de hábitat crítico es la pieza más delicada de esta historia. NOAA Fisheries propuso designar hábitat marino crítico en aguas cercanas a la costa, desde la línea media de pleamar hasta los 20 metros de profundidad, en varias zonas de Estados Unidos, entre ellas Hawái. La finalidad es proteger accesos a playas de anidación, corredores migratorios y áreas importantes de alimentación y descanso.
El propio estudio señala que los datos obtenidos por Honu Count ya se incorporaron a la propuesta de designación de hábitat crítico para la tortuga verde hawaiana. Cuando una zona se designa como hábitat crítico, las agencias federales deben asegurarse de que sus actuaciones no destruyan ni dañen gravemente ese entorno.
Conviene matizarlo bien. NOAA aclara que esta figura no crea una reserva cerrada, no cambia la propiedad de los terrenos privados y no permite al público entrar en propiedades privadas. Lo que hace es activar una revisión más estricta cuando hay fondos, permisos o actuaciones federales de por medio.
Una lección sencilla
El caso de Hawái deja una lección bastante clara. Cuando la ciencia se explica bien, la preocupación puede convertirse en ayuda. Lo que parecía una marca sospechosa terminó reuniendo datos útiles para entender cómo viven, se mueven y sobreviven estas tortugas.
Para un vecino o un turista, la aportación no exige tocar al animal ni acercarse demasiado. Basta con observar, respetar la distancia, sacar una foto clara y enviar el aviso. A veces, cuidar la naturaleza empieza por algo tan sencillo como no molestar.
El estudio completo, firmado por Brittany L. Clemans y otros autores, ha sido publicado en la revista BMC Ecology and Evolution.












