La rana de bosque puede pasar 193 días congelada en Alaska, sin respirar y con el corazón parado, y un estudio de 2026 ha detectado cambios en 887 genes cuando se descongela

Adrián Villellas
Publicado el 5 de octubre de 2026 a las 09:44
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Rana de bosque preparando su refugio de invierno bajo la hojarasca en Fairbanks, Alaska

Una pequeña rana de los bosques de Norteamérica puede pasar meses congelada, sin respirar y con el corazón detenido. Hasta el 70 % del agua de su cuerpo llega a convertirse en hielo, pero sobrevive y recupera la actividad cuando suben las temperaturas.

La protagonista es la rana de bosque (Lithobates sylvaticus), también llamada Rana sylvatica en numerosos estudios. Su resistencia depende de proteger el interior de las células y reducir su actividad al mínimo, una adaptación que las investigaciones de 2026 están ayudando a comprender mejor.

Las cifras de la rana de bosque

DatoCifra
Agua corporal que llega a congelarseHasta el 70 %
Ranas seguidas en Alaska (estudio de 2014)18, todas sobrevivieron
Días congeladas, de media193 (cerca del 53 % del año, cálculo propio)
Máximo registrado218 días
Temperatura mínima en los refugios−18,1 °C
Profundidad del refugioEntre 4 y 10 cm bajo la hojarasca
Genes con cambios de expresión (2026)887 de 21.167, alrededor del 4 % (cálculo propio)

El hielo se queda fuera de las células

¿Qué significa realmente que una rana se congele? El hielo se acumula en los espacios que rodean las células y en cavidades del cuerpo, mientras el interior celular permanece sin congelarse. Esa diferencia es fundamental para evitar daños mortales.

Al comenzar la congelación, el hígado transforma sus reservas de glucógeno en glucosa, un azúcar que se distribuye por los tejidos. Junto con la urea, actúa como crioprotector, una sustancia que ayuda a limitar la formación de hielo y la pérdida de agua de las células.

«Imagina qué ocurre cuando chupas un polo helado», explicaba el investigador Don Larson en un comunicado de la Universidad de Alaska Fairbanks de 2014. Al desaparecer la parte dulce queda el hielo, una comparación que utilizaba para explicar cómo la congelación extrae agua de las células. La glucosa ayuda a protegerlas frente a esa deshidratación.

193 días congeladas de media en Alaska

Las cifras más llamativas proceden de un estudio de campo publicado en 2014 en Journal of Experimental Biology. Los investigadores siguieron a 18 ranas en sus refugios naturales del interior de Alaska y comprobaron que todas sobrevivieron al invierno. Permanecieron congeladas una media de 193 días, con un máximo de 218, algo más de siete meses. Esos 193 días equivalen a más de la mitad del año, en torno al 53 %.


Las temperaturas mínimas registradas en esos refugios llegaron a −18,1 °C, pero eso no significa que los animales pasaran todo el invierno a esa temperatura. Tampoco todas las poblaciones resisten igual, ya que estudios comparativos han encontrado una tolerancia mucho menor en ranas de regiones más templadas. El lugar de origen importa.

Entre 4 y 10 centímetros bajo la hojarasca

Estas ranas pasan el invierno en pequeños refugios del suelo, bajo hojas y restos vegetales. En el seguimiento de Alaska se encontraron a entre 4 y 10 centímetros de profundidad bajo la parte superior de la hojarasca. La nieve que se acumula encima añade aislamiento.

Puede resultar extraño que la nieve proteja del frío, pero el aire atrapado en esa cobertura amortigua las temperaturas extremas. Mientras el ambiente exterior sufría oscilaciones muy fuertes, los refugios mantenían condiciones más estables. Esas hojas que crujen al pisarlas cumplen aquí una función decisiva.

Primero late el corazón, después llega el movimiento

Con la subida de las temperaturas comienza el deshielo y el corazón vuelve a latir antes de que se recupere el movimiento. La rana ha seguido viva durante todo ese tiempo, aunque sus funciones hayan quedado profundamente reducidas. El regreso de la actividad ocurre por etapas.

Después busca agua para reproducirse, incluidas pequeñas charcas temporales que se forman con el deshielo. Esta estrategia le permite aprovechar el inicio de la primavera, incluso antes de que desaparezca todo el hielo de lagos y arroyos. Para un animal con una temporada cálida tan corta, empezar pronto tiene sentido.

887 genes que cambian al descongelarse

El 13 de enero de 2026, Yara A. Alshwairikh y David K. Skelly publicaron en BMC Genomics un trabajo sobre los cambios de actividad genética durante la congelación y el deshielo. Analizaron el hígado de ranas de Connecticut sometidas a un ciclo experimental e identificaron 887 genes cuya expresión variaba entre las condiciones estudiadas. Son 887 de los 21.167 genes analizados, alrededor del 4 %.

Durante la recuperación aumentó la expresión de genes relacionados con las defensas inmunitarias, la respuesta al estrés y la protección antioxidante. El resultado apunta a una recuperación activa, bastante más compleja que esperar a que se derrita el hielo. El trabajo ofrece pistas para investigar la conservación de células y órganos, pero no demuestra una técnica para congelar órganos humanos destinados a trasplantes.

El tiempo y el bosque pesan más que la fisiología

Esta capacidad tampoco elimina la importancia del entorno. Un estudio publicado en mayo de 2026 combinó 25 años de observaciones de 64 poblaciones con modelos y encontró que la meteorología y la vegetación tenían un peso destacado en las fechas de salida de la hibernación. Las diferencias fisiológicas simuladas explicaban mucho menos de esa variación.

La lectura ambiental es que comprender su resistencia también exige mirar el bosque que la rodea, sus refugios y las condiciones de la primavera. Este último estudio sobre el calendario de la rana de bosque ha sido publicado en Ecology.

Imagen: Uwe Anders / Universidad de Alaska Fairbanks

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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