Naturaleza

Según los veterinarios, para que los gatos mejoren su comportamiento sus dueños deben sacarlos a pasear a la calle de forma controlada para estimular su mente

Según los veterinarios, para que los gatos mejoren su comportamiento sus dueños deben sacarlos a pasear a la calle de forma controlada para estimular su mente

La imagen todavía sorprende en muchas calles. Un gato con arnés, caminando despacio, oliendo una esquina o quedándose quieto junto a una planta, no encaja con la idea clásica de “paseo” que tenemos asociada a los perros. Pero cada vez más veterinarios y expertos en comportamiento felino matizan el debate.

La clave no está en sacar al gato porque sí, ni en convertirlo en un perro pequeño. Lo importante es ofrecer acceso controlado al exterior cuando el animal lo tolera y lo disfruta. Para algunos gatos de interior, ese contacto con nuevos olores, sonidos y superficies puede aportar estimulación mental, ejercicio y una vida algo menos monótona. Para otros, en cambio, puede ser un susto enorme. Y ahí está la diferencia.

Lo que dicen los veterinarios

La American Association of Feline Practitioners (AAFP) actualizó en 2024 su declaración sobre gatos de interior y exterior. Su mensaje es claro. La seguridad debe ser la prioridad cuando un gato sale fuera, pero el acceso controlado puede permitir un entorno más estimulante y favorecer comportamientos felinos normales, reduciendo parte de los riesgos de la calle.

La propia AAFP pone ejemplos muy concretos. Habla de recintos exteriores seguros, vallas pensadas para gatos o paseos con arnés y correa, siempre con supervisión cercana. En la práctica, esto significa que no hablamos de abrir la puerta y dejar que el animal se busque la vida. Eso ya es otra cosa.

Por qué puede ayudar

Los gatos son animales curiosos. Necesitan explorar, oler, observar desde cierta altura, jugar y cazar de forma simulada. Cuando viven siempre dentro de casa y su entorno es pobre, pueden aparecer aburrimiento, frustración o conductas que el tutor interpreta como “mal comportamiento”.

Un estudio publicado en 2025 en la revista Animal Welfare analizó entrevistas a 21 personas de siete países que paseaban a sus gatos. Los participantes percibieron beneficios para el gato y para el vínculo con su cuidador, aunque también señalaron retos importantes, sobre todo por la presencia de perros, las reacciones de otras personas y la necesidad de atender a la personalidad de cada animal. El propio trabajo advierte que hacen falta más estudios directos sobre el impacto real en el bienestar felino.

La calle no es siempre buena

Aquí conviene frenar un poco. Que el exterior pueda enriquecer la vida de un gato no significa que todos los gatos deban salir. Un gato tímido, muy territorial, mayor, enfermo o poco habituado a cambios puede vivir el paseo como una amenaza.

¿Y cómo se nota? Puede quedarse congelado, intentar esconderse, tirar hacia casa, respirar agitado o mover la cola de forma brusca. Si aparecen estas señales, insistir no ayuda. Al contrario, puede empeorar el miedo y convertir el arnés en algo negativo.

Controlado no es libre

El acceso libre al exterior tiene riesgos conocidos. Una revisión científica publicada en Animals señala que los gatos que salen sin control pueden enfrentarse a enfermedades, parásitos, atropellos, intoxicaciones, ataques de otros animales o pérdida permanente. También pueden afectar a la fauna local por su conducta depredadora.

Por eso el matiz es tan importante. Pasear con arnés, usar un patio cerrado o preparar un balcón seguro no es lo mismo que dejar que el gato vague solo por la calle. Una cosa busca enriquecer su vida. La otra lo expone a peligros que muchas veces el dueño no ve hasta que ya es tarde.

La adaptación manda

El entrenamiento debe empezar dentro de casa. Primero, el gato tiene que oler el arnés, tocarlo, verlo cerca de sus juguetes o recibir premios cuando se acerca. Después puede llevarlo unos segundos, luego unos minutos, y solo más adelante moverse con él puesto.

Las primeras salidas deben ser muy cortas y en lugares tranquilos. Nada de parques llenos de perros, aceras con mucho tráfico o zonas con ruido. Mejor un patio, un jardín cerrado o una zona segura donde el gato pueda decidir si avanza, se queda quieto o vuelve al transportín. En esto manda él.

España también obliga a vigilar

En España, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales recuerda que los responsables deben ejercer una vigilancia adecuada y evitar la huida de los animales. También establece la identificación obligatoria mediante microchip para perros, gatos y hurones.

Esto encaja bien con la idea de paseo controlado. Antes de salir, el gato debería estar identificado, vacunado y protegido frente a parásitos según indique su veterinario. Y, por supuesto, el arnés debe ser seguro y estar bien ajustado. Un gato asustado puede escaparse en segundos. No es poca cosa.

El hogar sigue siendo clave

Los paseos no sustituyen un buen ambiente dentro de casa. La AAFP y la International Society of Feline Medicine ya advertían en sus guías ambientales que, cuando las necesidades del gato no se cubren, pueden aumentar el estrés, las enfermedades relacionadas con ansiedad y las conductas no deseadas.

Esto implica rascadores, zonas altas, escondites, juguetes, comederos interactivos, areneros limpios y momentos de juego. De hecho, otro estudio de Animal Welfare con 1591 cuidadores de 55 países relacionó una mayor variedad de juegos y una mayor tendencia al juego con mejores puntuaciones de calidad de vida y vínculo entre gato y cuidador.

La decisión final es del gato

Sacar a pasear a un gato puede ser una buena herramienta de bienestar, pero solo para algunos animales y siempre con paciencia. El objetivo no es caminar mucho, ni hacer una ruta, ni grabar un vídeo bonito. A veces el mejor paseo consiste en salir cinco minutos, oler una maceta y volver a casa tranquilo.

En el fondo, el mensaje de los expertos es bastante sencillo. Si el gato disfruta, el paseo es seguro y se hace de forma gradual, puede aportar estímulos valiosos. Si el gato tiene miedo, se bloquea o intenta huir, no hay que forzarlo. Hay muchas formas de enriquecer su vida sin cruzar la puerta.

El comunicado oficial de la AAFP sobre el estilo de vida interior y exterior de los gatos ha sido publicado en Journal of Feline Medicine and Surgery.

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