Las botellas que se acumulaban como basura en una isla brasileña acabaron formando las paredes de una vivienda. Edna Dantas y su hija, Maria Gabrielly Dantas, construyeron la Casa de Sal con unos 8000 envases recuperados en Itamaracá, en el estado de Pernambuco. El resultado fue un hogar de siete estancias que también se ha convertido en un espacio para compartir conocimientos ambientales.
La historia reúne dos necesidades muy concretas, tener una casa propia y encontrar una salida a los residuos abandonados. El proyecto, situado en la Praia do Sossego, ha crecido hasta incorporar actividades con la comunidad. Su web informa de más de 13 000 botellas recogidas entre la construcción y otras iniciativas.
Una idea nacida de la necesidad
Durante la pandemia, la propietaria de la vivienda donde residían les pidió que la devolvieran, según relató Edna a Metrópoles. Ellas ya tenían un terreno y decidieron aprovechar los materiales que encontraban alrededor para construir su propio hogar.
No empezaban de cero en el trabajo con residuos. Edna había participado en cooperativas de reciclaje y su hija aportaba su formación en diseño de moda. Esa combinación de experiencia práctica y creatividad ayudó a convertir una necesidad urgente en un proyecto propio.
Cuánto duró la construcción
La obra comenzó el 1 de mayo de 2020, según una entrevista con Gabrielly publicada por Correio Braziliense en abril de 2025. El mismo reportaje señala que completaron las siete estancias en dos años. Ese plazo difiere de los cinco años que aparecen en algunas versiones de la historia.
También conviene precisar qué significa el tamaño anunciado. La información original utiliza la palabra portuguesa “cômodos”, que se refiere a las distintas dependencias de una vivienda. Por tanto, hablar de siete dormitorios daría una imagen equivocada de la casa.
El proceso avanzó por fases y quedó documentado mientras seguía en marcha. En julio de 2021, un reportaje de UOL describía cuatro estancias y unas 6000 botellas utilizadas. Todavía faltaban parte del tejado y trabajos de acabado.
De la basura a las paredes
La recogida llevó a madre e hija por playas, manglares y terrenos donde se acumulaban los desperdicios. Después limpiaban los envases antes de incorporarlos a la construcción. Según explicaron a UOL en 2021, las botellas empleadas hasta entonces procedían de un radio de 500 metros alrededor de la casa.
¿Y cómo se integraron en los muros? Las colocaron en vertical, una decisión que Gabrielly relaciona con la entrada de luz y con el aspecto de los espacios interiores. Las botellas conservaron su forma y adquirieron una función distinta de aquella para la que habían sido fabricadas.

Mucho más que vidrio
La recuperación de materiales también alcanzó a la madera. Una entrevista de Marie Claire, reproducida por el proyecto universitario RE-HABITARE, explica que la estructura se levantó con madera reutilizada. Para seleccionarla aprovecharon conocimientos heredados del abuelo de Gabrielly, que era carpintero.
Los tabiques interiores incorporaron madera de palés y el proyecto utilizó tejas fabricadas con tubos de pasta de dientes, según el reportaje de UOL. Hubo, además, ayuda de amigos para levantar el tejado. Detrás de las paredes de vidrio había muchas horas de trabajo y colaboración.
Una casa que se comparte
“Es la mayor conquista de mi vida”, expresó Edna en su entrevista con Metrópoles. En ese mismo relato explicó que la casa recibía visitantes y servía para conversar sobre sostenibilidad y los problemas ambientales del territorio. La vivienda había adquirido también una función educativa.
Esa evolución aparece en la presentación oficial de Cabrochas, la iniciativa de moda sostenible de ambas mujeres. Allí describen cómo la residencia particular dio paso a un colectivo que organiza actividades culturales y acciones ambientales con la comunidad local.
La cifra de más de 13 000 botellas recogidas corresponde a ese trabajo más amplio. No debe confundirse con las aproximadamente 8000 utilizadas en la vivienda. Distinguir ambos datos permite entender cómo el proyecto siguió creciendo más allá de sus paredes.
También interesa a la universidad
La Casa de Sal ha llegado al ámbito académico. El portal de la Universidad Federal de Pernambuco recoge una investigación de máster de Andi Pinheiro de Almeida sobre las relaciones entre la vivienda, su territorio y su presencia en las plataformas digitales.
El resumen describe 13 meses de trabajo de campo, dos entrevistas en profundidad y el análisis de 138 imágenes publicadas en Instagram. Su enfoque permite observar cómo una experiencia doméstica se comunica y conecta con otras personas. La atención se centra en esa dimensión social y cultural.
La universidad anunció la defensa para el 21 de agosto de 2026. La ficha y el resumen de la investigación fueron publicados el 3 de agosto en el portal oficial de la Universidad Federal de Pernambuco.
Imagen: Cabrochas













