Una mosca ingresa a un cuarto y termina golpeándose repetidamente contra el mismo cristal, mientras a solo algunos metros tiene abierta una puerta. No es que el insecto esté haciendo una elección absurda en cuanto a lo que es el cristal, sino que está en un conflicto entre su sistema natural de navegación y un material que es invisible a sus ojos.
Este fenómeno se debe a una regla biológica bastante sencilla: el sol significa salida y libertad, pero la presencia del cristal se opone a las indicaciones habituales de la orientación del animal, atrapándolo en un lazo visual del que es complicado escabullirse.
La luz es la única salida
Las moscas se comportan de acuerdo a lo que los científicos denominan fototaxis positiva, la tendencia natural a avanzar en dirección de las zonas más intensas de luminosidad. Como comprobaron experimentos de la Universidad de Harvard, la intensificación de esa atracción varía con cada ejemplar, pero la regla general se mantiene. Al aire libre se favorece al máximo por la luz del cielo para mantener la dirección del insecto. Si se trata de un espacio cerrado, la ventana ayudará a reproducir la iluminación del cielo, aunque añade una barrera transparente ausente en la naturaleza.
El cristal rompe las señales
Los ojos de la mosca tienen unos 750 omatidios y su visión va computando los cambios en la luz, el movimiento y la trayectoria mediante la altísima velocidad de su visión, más que una imagen precisa de los objetos. Las investigaciones del Instituto Tecnológico de California (Caltech) sugieren que estos insectos miden la proximidad de un objeto por cómo aumenta su sombra o su contraste en su campo visual. Un cristal transparente y pulido no destaca frente al fondo, por lo tanto, el animal no identifica ningún impedimento hasta que se estrella contra este objeto.
Cuando se posa sobre el alféizar, la zona más luminosa de la habitación sigue estando al otro lado del cristal. Si aplicamos la misma pauta de navegación, el insecto vuelve a estrellarse. No es tozudez, el cerebro de la mosca está constituido por casi 140.000 neuronas y millones de conexiones entre sí, pero su arquitectura no le permite comprender qué fin tiene el cristal.
Cómo ayudar a una mosca
Usar su atracción por la luz es la estrategia más funcional para liberar a una mosca. La Universidad de Minnesota y diferentes equipos sugieren cambiar la distribución de los puntos de brillo de la habitación mediante un procedimiento muy claro.
En primer lugar, hay que apagar la habitación y lograr que quede a oscuras. Para ello se apagan las lámparas, el televisor y las pantallas, además de bajar las persianas y cerrar las cortinas de todas las ventanas que se hayan de mantener cerradas. Después, se debe crear una única salida luminosa dejando una sola ventana o puerta totalmente abierta hacia el exterior. Al ser el único lugar con brillo, la mosca se dirigirá recto hacia esa salida. También conviene aumentar los flujos de aire dejando una rendija de aire suave, porque las antenas de los insectos perciben de forma continua las corrientes y las usan para estabilizar su vuelo. Finalmente, hay que limpiar la ruta alejándose de la apertura para no generar sombras ni un bloqueo visual que le pueda asustar.
La mayoría de las investigaciones se han dedicado a la mosca de la fruta (Drosophila) en condiciones de laboratorio, pero cambiar las señales de brillo es la opción más simple y funcional para que mosca se vaya de casa.
El estudio se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences.



