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La NASA observa desde el espacio que un lago de Estados Unidos está a punto de desaparecer y pide una solución urgente: los peces están muriendo por falta de oxígeno

La NASA observa desde el espacio que un lago de Estados Unidos está a punto de desaparecer y pide una solución urgente: los peces están muriendo por falta de oxígeno

El embalse de San Carlos, formado por la presa Coolidge sobre el río Gila, atraviesa un colapso hídrico y ecológico en Arizona, dentro de la Reserva Apache de San Carlos. Las imágenes de los satélites Landsat muestran que pasó de rondar el 60 % de llenado en junio de 2023 a estar prácticamente vacío en mayo de 2026. El dato provisional más reciente del USGS empeora todavía más la fotografía, con solo 215,5 acre-pies almacenados el 17 de julio.

La sequía explica buena parte del desastre, pero no todo. Una temporada de nieve excepcionalmente pobre redujo la aportación de primavera y, al mismo tiempo, continuaron las liberaciones obligatorias de agua para la agricultura situada aguas abajo. El resultado fue una caída del oxígeno, la muerte de casi toda la población de peces y el cierre del lago por motivos de seguridad.

El agua sigue bajando

El 22 de mayo, el embalse almacenaba 389 acre-pies y ya estaba por debajo del 1 % de su capacidad. Menos de dos meses después quedaban 215,5 acre-pies, según la estación oficial del USGS. Equivalen a unos 266 millones de litros, una cifra que parece enorme, pero resulta mínima dentro de uno de los mayores embalses de Arizona.

La comparación desde el espacio resulta difícil de ignorar. Donde en 2023 se veía una amplia superficie azul, ahora aparece el canal natural del río Gila rodeado de vegetación que crece sobre terrenos antes cubiertos por el agua. Y eso se nota incluso sin acercarse a la orilla.

NASA Earthdata volvió a observar el embalse el 23 de junio y lo situó alrededor del 1 %. Su producto OPERA distingue el agua superficial con una resolución de 30 metros y permite seguir estos cambios cada pocos días. No es una estimación basada solo en fotografías tomadas desde tierra.

La nieve falló

El problema comenzó muchos kilómetros aguas arriba. En 2026, la nieve acumulada en la cuenca del río Gila se quedó en apenas el 2 % de la mediana de marzo del periodo 1991-2020. Con tan poca reserva en las montañas, el caudal de abril alcanzó solo el 39 % de lo normal.

En los años húmedos, la nieve de las montañas Mogollon y Black Range se derrite durante la primavera y alimenta el río Gila. Ese pulso ayuda a rellenar San Carlos antes del calor más duro del desierto. Esta vez, el depósito natural del invierno llegó casi vacío.

A esa falta de aportaciones se sumaron las salidas de agua destinadas a los cultivos situados aguas abajo. No conviene reducir la historia a una sola causa, porque el embalse sirve precisamente para almacenar y repartir agua en una región seca. En la práctica, la combinación de sequía y demanda agrícola dejó muy poco margen para la vida acuática.

Por qué murieron los peces

Los peces no necesitan únicamente que quede agua. También necesitan oxígeno disuelto, el que extraen mediante las branquias, y una caída extrema provoca hipoxia. Cuando un lago se vuelve poco profundo, cálido y estancado, los animales quedan concentrados en charcas cada vez menores y pueden morir por falta de oxígeno.

Entre las especies presentes había lubina negra, crappie negro, pez sol, bagre de canal y bagre de cabeza plana. También se habían introducido truchas marrones y arcoíris. Las autoridades estimaron que la mortandad afectó a casi toda la población.

El Departamento de Recreación y Vida Silvestre de San Carlos cerró el lago el 5 de junio hasta nuevo aviso. Los peces en descomposición podían crear riesgos para quienes intentaran pescar, navegar o acercarse a la zona afectada. Por eso se restringieron la pesca y otras actividades recreativas en el embalse.

Un desastre repetido

San Carlos ya había alcanzado niveles extremos otras veces. Según la información recopilada por la NASA, el embalse se ha quedado sin agua al menos 20 veces desde que se llenó por primera vez en 1930. También sufrió grandes mortandades de peces en 1976 y 2018.

El episodio de 1976 acabó con más de cinco millones de peces. El ecosistema tardó alrededor de cinco años en recuperarse, una referencia que permite entender la dimensión del daño actual. Que haya ocurrido antes no hace que sea menos grave.

Además, recuperar agua y recuperar un ecosistema no son exactamente lo mismo. Primero deben mejorar el volumen y la calidad del agua, después habrá que comprobar qué organismos han sobrevivido y qué actuaciones son necesarias. El lago puede volver a verse azul antes de volver a funcionar como una pesquería.

Qué puede pasar ahora

La llegada del monzón de verano abre una pequeña puerta. El Servicio Meteorológico Nacional calculó una probabilidad de entre el 33 % y el 50 % de precipitaciones superiores a lo normal en casi todo Arizona durante julio, agosto y septiembre de 2026. Un periodo lluvioso podría elevar el caudal del Gila y aliviar la situación.

Pero una probabilidad no es una promesa. Las tormentas del monzón pueden descargar con fuerza en un punto y dejar casi seca otra parte de la cuenca, por lo que importa cuánto llueve, dónde lo hace y qué cantidad llega realmente al embalse. Una tarde de tormenta no arregla por sí sola meses de déficit.

Mientras tanto, el dato que conviene vigilar es el almacenamiento publicado por el USGS. También hay que respetar el cierre y consultar las actualizaciones del Departamento de Recreación y Vida Silvestre de San Carlos antes de desplazarse. El riesgo no termina cuando dejan de verse peces flotando.

La lección de San Carlos

Este episodio muestra lo delicado que puede ser el equilibrio entre agricultura, reservas de agua y biodiversidad en una región árida. El daño ecológico puede comenzar mucho antes de que el último litro desaparezca. Basta con cruzar un umbral en el que el agua deja de ser habitable.

A simple vista, un embalse con algo de agua todavía parece un lago. Para un pez, la diferencia entre poca agua y agua útil está en la temperatura, el espacio y el oxígeno. Esa es la parte del desastre que una imagen de satélite necesita contexto para explicar.

La actualización oficial de las imágenes ha sido publicada por NASA Earthdata.

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