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La serie sísmica de Granada pone sus fallas bajo la lupa: así vigila el CSIC cada terremoto

El CSIC abre al público una herramienta que permite seguir los terremotos de la Vega de Granada prácticamente a medida que se registran y relacionarlos con las fallas activas del territorio. La secuencia ha incluido dos seísmos de magnitud 4,8 Mw y ha llevado a científicos y servicios de emergencia a reforzar una vigilancia que sirve para interpretar qué está ocurriendo, pero no para anticipar el próximo terremoto.

La serie sísmica de Granada pone sus fallas bajo la lupa: así vigila el CSIC cada terremoto

Serie sísmica de Granada: la noticia relevante no es únicamente que el CSIC haya estrenado un visor. Lo verdaderamente significativo es que una secuencia que afecta a un territorio densamente poblado de la Vega pueda observarse ahora combinando sismicidad, geología, imágenes de satélite y fallas activas. Es convertir un catálogo de terremotos en una herramienta para interpretar qué sucede bajo el terreno.

El contexto explica la movilización científica. Los registros oficiales del Instituto Geográfico Nacional (IGN) recogen un terremoto de magnitud 4,8 Mw al nordeste de Alhendín durante la madrugada del 15 de agosto, con intensidad máxima V-VI, al que se sumó otro 4,8 Mw al noroeste de Villa de Otura el 18 de agosto, localizado a siete kilómetros de profundidad y también con intensidad V-VI. Poco menos de una hora después de este último, el IGN registró otro movimiento de magnitud 4,2 Mw al nordeste de Alhendín, a cinco kilómetros de profundidad.

No se trata, por tanto, de observar un único terremoto aislado. El interés científico está en cómo se distribuyen los eventos, a qué profundidad ocurren, cómo cambia su frecuencia y qué relación espacial mantienen con las estructuras tectónicas conocidas. Esa fotografía dinámica es la que puede ayudar a determinar cómo evoluciona la secuencia.

La serie sísmica de Granada puede verse casi terremoto a terremoto

El nuevo instrumento incorpora los datos del IGN cuando se abre la aplicación y permite representarlos sobre mapas geológicos y de satélite. A ello suma información histórica del Centro Sismológico Euro-Mediterráneo (EMSC) correspondiente al periodo 2015-2026.

Esta combinación introduce una diferencia importante: un terremoto deja de aparecer como un simple punto acompañado de una magnitud. Puede compararse con los movimientos anteriores y situarse dentro de un escenario geológico mucho más amplio.

Los registros del IGN muestran precisamente esa complejidad espacial. Durante estos días aparecen eventos en los entornos de Villa de Otura, Alhendín, Gójar, La Zubia, Armilla, Dílar, Cájar, Huétor Vega, Ogíjares y Granada, entre otros puntos. Algunos han sido muy superficiales y otros se han localizado a varios kilómetros de profundidad.

La serie sísmica de Granada revela por qué las fallas importan tanto

Una de las mayores aportaciones del visor es la incorporación de las principales fallas activas mediante QAFI, la base de datos desarrollada por el IGME-CSIC. Superponer terremotos y estructuras geológicas permite estudiar si existe una relación espacial entre ambos elementos y cómo cambia a medida que se producen nuevos movimientos.

El GADE del CSIC analiza precisamente la distribución, profundidad y evolución temporal de los terremotos y emplea modelos para estudiar las réplicas y valorar una eventual activación de fallas próximas. Esa información científica se traslada a las autoridades responsables de gestionar la emergencia.

Pero hay una frontera que conviene remarcar: una falla cercana a varios epicentros no significa automáticamente que pueda atribuirse a ella toda la secuencia. Determinar qué estructuras están interviniendo requiere análisis geológicos y sismológicos mucho más precisos. El visor ayuda a formular y examinar esas relaciones; no convierte una coincidencia cartográfica en una conclusión científica.

La serie sísmica de Granada no permite saber cuándo llegará el próximo terremoto

Esta es probablemente la conclusión más importante para la población. Los terremotos no pueden predecirse actualmente indicando con precisión fecha, lugar y magnitud, y disponer de más información en tiempo real no cambia esa limitación científica.

Sí es posible hacer algo muy diferente: estudiar cómo decae o evoluciona una secuencia, analizar estadísticamente sus réplicas y observar posibles cambios en su distribución. Es exactamente ahí donde adquiere valor la movilización del GADE, coordinado por Inés Galindo y Juan Carlos García y formado por especialistas del IGME-CSIC, ICMAN-CSIC y el Instituto Eduardo Torroja.

El propio registro reciente demuestra por qué hay que evitar interpretaciones simplistas. Tras movimientos pequeños pueden producirse otros mayores y después continuar numerosos eventos de menor magnitud. La existencia de réplicas o de una sucesión intensa de terremotos no constituye por sí sola una señal inequívoca de que vaya a producirse un seísmo mayor.

La serie sísmica de Granada convierte la prevención en la verdadera herramienta frente al riesgo

Aquí aparece la lectura que trasciende la actualidad inmediata. El objetivo final no debería ser únicamente conocer dónde ha temblado hoy, sino reducir las consecuencias del terremoto que algún día pueda producirse. Y en ese terreno entran la calidad de las construcciones, el conocimiento del territorio, los planes de emergencia y la preparación ciudadana.

El terremoto de 4,8 Mw del 18 de agosto, por ejemplo, alcanzó una intensidad máxima V-VI según el IGN. El dato recuerda una distinción fundamental: la magnitud mide el tamaño físico del terremoto, mientras que la intensidad describe sus efectos y cómo se percibe en diferentes lugares.

Por eso, la utilidad pública del visor será mayor si sirve también para extender una cultura de prevención. No podemos impedir que la corteza terrestre libere energía ni saber exactamente cuándo lo hará; sí podemos conocer mejor dónde vivimos y estar preparados para reducir sus consecuencias. Esa es la diferencia entre observar un fenómeno natural y gestionar realmente el riesgo.

Conclusiones

La serie sísmica de Granada ha convertido durante unos días algo invisible —la deformación y liberación de energía bajo nuestros pies— en una preocupación cotidiana para miles de personas. La respuesta científica aporta ahora una ventana inédita para seguirla: cada nuevo evento puede contemplarse dentro de su contexto geológico y temporal, mientras los especialistas estudian si la secuencia pierde intensidad, cambia de distribución o muestra relaciones que merezcan una vigilancia especial.

Pero el mensaje más importante del nuevo visor quizá sea precisamente aquello que no puede mostrar: el terremoto del futuro. Frente a esa incertidumbre, el verdadero salto adelante consiste en combinar ciencia abierta, vigilancia instrumental, edificios preparados, planes de emergencia y ciudadanos informados. Granada no puede saber cuándo volverá a temblar; sí puede estar mejor preparada cuando ocurra.

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