Naturaleza

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad: un año entre parques reduce el aislamiento un 16,8 %

Un estudio con 320 adultos de barrios vulnerables de Barcelona concluye que las actividades sociales vinculadas a espacios naturales urbanos pueden reducir significativamente la soledad y mejorar el bienestar emocional.

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad: un año entre parques reduce el aislamiento un 16,8 %

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad. Un estudio del ISGlobal revela que conectar con la naturaleza y la comunidad combate eficazmente la soledad urbana. La investigación se realizó en Barcelona y demostró que existen mejoras considerables en el bienestar emocional de los adultos residentes en barrios desfavorecidos.

La intervención redujo el aislamiento en toda la muestra un 10,5 % a los tres meses, alcanzando un 16,8 % al año. No obstante, las dinámicas grupales guiadas resultaron sustancialmente más efectivas para quienes padecían de una mayor carencia afectiva.

Por su parte, los participantes con menor aislamiento inicial obtuvieron beneficios idénticos mediante recomendaciones sencillas que les indicaban que debían realizar actividades al aire libre de forma autónoma. Esto evidencia que cada tratamiento requiere un enfoque personalizado según las necesidades, para lograr tener una vida saludable.

Las conclusiones apuntan a que combinar el apoyo mutuo con entornos verdes empodera a las comunidades y fortalece la salud mental. Este hallazgo respalda la prescripción médica de que disfrutar de la naturaleza puede ser una herramienta clave para revitalizar el tejido social urbano.

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad: lo dicen los médicos

La prescripción social basada en la naturaleza (PSBN) y la comunidad reduce de forma notable la soledad y mejora el bienestar emocional en personas adultas de entornos urbanos vulnerables, según concluye un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad. La investigación, realizada en el marco del consorcio europeo RECETAS y publicada en la revista The Lancet Regional Health – Europe, evalúa la eficacia del modelo entre 320 personas adultas de 12 barrios socioeconómicamente vulnerables del área metropolitana de Barcelona.

La mitad de ellas asistió a sesiones grupales semanales de dos horas acompañadas por facilitadores en espacios naturales urbanos, mientras que la otra mitad recibió una entrevista motivacional de media hora e información sobre recursos naturales locales para realizarlos de forma independiente.

Resultados preliminares de los estudios

Los resultados mostraron una disminución de la soledad en la totalidad de la muestra del 10,5 % a los tres meses y del 16,8 % al cabo de un año, aunque el análisis pormenorizado reveló que el acompañamiento guiado benefició significativamente más a las personas con mayores carencias emocionales de partida.

«El programa combina distintas estrategias: crea grupos con apoyo entre iguales, ofrece oportunidades de socialización reforzadas por experiencias en la naturaleza y un proceso de empoderamiento», explica la primera autora del estudio, Laura Coll.

La investigación muestra, además, que las personas con menores niveles de soledad obtuvieron reducciones similares mediante la orientación breve para realizar actividades autónomas, lo que demuestra que las vías de prescripción social deben adaptarse a la situación inicial de cada individuo.

«Nuestros resultados aportan nuevos conocimientos que contribuirán a impulsar la prescripción social basada en la naturaleza como estrategia para reforzar los activos comunitarios y mejorar la salud social en las poblaciones urbanas», concluye la investigadora de ISGlobal y coautora del ensayo Jill Litt.

Una receta eficaz

La naturaleza puede convertirse en una receta contra la soledad y los resultados obtenidos en 12 barrios socioeconómicamente vulnerables de Barcelona aportan cifras para sostener esa idea: la soledad disminuyó un 10,5 % a los tres meses y un 16,8 % después de un año.

Pero el hallazgo más interesante está en quién necesita qué. Las personas con mayores carencias emocionales obtuvieron más beneficio del acompañamiento grupal en espacios naturales, mientras quienes partían de niveles menores de soledad consiguieron resultados similares con una orientación breve para realizar actividades por su cuenta.

La investigación de ISGlobal, publicada en The Lancet Regional Health – Europe, plantea así una medicina social que no termina en la puerta del centro sanitario. Parques urbanos, relaciones entre iguales, comunidad y naturaleza pueden convertirse en activos complementarios para mejorar el bienestar, siempre que la intervención se adapte a cada persona.

Frente a una epidemia silenciosa como la soledad urbana, quizá una parte de la respuesta no esté encerrada en un botiquín: puede estar esperando fuera, entre árboles y otras personas.

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