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Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva: cianuro, tomates y un misterio en Kenia

Hembras adultas y crías mueren tras sufrir parálisis bajo la sombra del Kilimanjaro. Las autoridades señalan a un pesticida con componentes de cianuro, pero comunidades masái y guardabosques cuestionan esa hipótesis mientras emerge el temor a una enfermedad todavía desconocida.

Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva: cianuro, tomates y un misterio en Kenia

Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva. La misteriosa muerte de una veintena de elefantes en el parque nacional keniata ha desatado una intensa polémica regional. Las autoridades gubernamentales apuntan al envenenamiento por cianuro como la causa principal del desastre.

Los guardabosques y las comunidades locales rechazan categóricamente la versión oficial sobre el uso de pesticidas agrícolas. Los agricultores consumen los mismos cultivos junto a su ganado sin registrar daño alguno en la zona.

Los pobladores locales sospechan que una patología desconocida está atacando de forma exclusiva a las hembras adultas y sus crías. Los análisis independientes no han encontrado sustancias químicas tóxicas en las fincas colindantes.

El Parque nacional de Amboseli alberga una valiosa reserva donde los paquidermos han prosperado durante décadas. La comunidad internacional exige esclarecer este enigma antes de que la mortandad amenace a la supervivencia de la especie.

Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva

El misterio y la polémica envuelven la muerte de al menos 18 elefantes en el famoso ecosistema de Amboseli, en el sur de Kenia, en un caso que las autoridades atribuyen a un envenenamiento por cianuro, versión cuestionada por guardabosques y comunidades locales, que apuntan a una posible enfermedad aún desconocida y elevan la cifra de paquidermos muertos.

Un elefante mutilado yace en el suelo del santuario de Kimana después de que las autoridades le practicasen una autopsia tras una muerte que tardó días en llegar y estuvo acompañada de una parálisis parcial, destino que ya han sufrido una veintena de paquidermos de la zona desde el 24 de junio.

Mantos de nubes cubren el monte Kilimanjaro, al otro lado de la frontera con Tanzania, el más alto de África y perfectamente visible en un día despejado, como si el propio ecosistema estuviese de luto por una enigmática tragedia que afecta principalmente a hembras adultas y a sus crías.

«Este es uno de los casos. Creemos que hemos perdido 20 en casi dos meses, lo cual es muy triste. Es un incidente que aún no hemos esclarecido«, lamenta el jefe de operaciones de las tierras comunitarias de Olgulului, Patrick Papatiti, mientras enseña los restos del cuerpo.

El Servicio de Vida Silvestre de Kenia

Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva. El Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS, en inglés) ha informado en las últimas semanas de que las pruebas de laboratorio que ha realizado a los cadáveres muestran indicios de envenenamiento por un pesticida con componentes de cianuro usados en cultivos de la zona.

Las imágenes tomadas por el KWS de uno de los estómagos de los elefantes, en las que se pueden ver restos de tomates, que son plantados por las comunidades locales.

Sin embargo, los propios agricultores rechazan esta explicación y niegan los envenenamientos, al argumentar que otros animales salvajes, su ganado y ellos mismos consumen estos frutos, sin que hasta ahora se hayan registrado otras muertes similares.

«Esto ha sido refutado por un organismo gubernamental que controla las plagas y todos los químicos que se usan para rociar verduras», cuyos expertos fueron a Amboseli, asegura Papatiti.

«Hicieron sus investigaciones y no pudieron rastrear (ningún producto) hasta las granjas de la zona», añade, al apuntar como explicación alternativa a una posible enfermedad que aún no se ha detectado y que afecta solo a los elefantes.

Además, reivindica que las comunidades locales han protegido y convivido con los animales salvajes «durante generaciones», pese a haber perdido familiares y propiedades por sus acciones.

Se sospecha de los tomates

En una aldea local de la comunidad masái donde se planta una gran cantidad de tomates, varios vecinos, incluidos niños, se comen estos frutos y se los dan a sus animales, para demostrar que no conllevan peligro.

«La gente los come y no les hacen daño a nadie. No usamos pesticidas dañinos, usamos pesticidas que nos ayudan a deshacernos de las plagas«, afirma Nanyu Oldikirr, un hombre masái que trabaja en estos cultivos.

«Ni siquiera nosotros entendemos la razón por la que mueren estos elefantes. Llevamos mucho tiempo cultivando. Si fuera algo malo, nos habría dañado a nosotros. Desde que somos niños comemos este tomate y no nos hace daño. Y nuestras vacas también lo comen», agrega.

Por su parte, el portavoz del KWS, Duncan Juma, declara que «respetan» estas discrepancias con sus conclusiones, guiadas «por la evidencia científica y los resultados de las investigaciones» y que aún no se han dado por concluidas.

Diferentes organizaciones conservacionistas preguntadas al respecto no quisieron pronunciarse, en medio de la polémica desatada por el tema.

El famoso ecosistema de Amboseli

Esta Reserva de la Biosfera, así reconocida por la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), tiene una gran importancia para la comunidad local, tanto por ser un «valioso tesoro» como una «fuente de ingresos» para las familias, según Papatiti. «No se trata solo de un elefante, sino de un recurso que ha beneficiado a la comunidad desde siempre», señala.

Kenia se enfrentó entre 1979 y 1989 a un «alarmante declive» de población de estos paquidermos a causa de la caza furtiva para la obtención del marfil, lo que redujo su número de 170.000 a 16.000 ejemplares, según datos del KWS.

Los elefantes de Amboseli están muriendo sin una explicación definitiva. Sus principales amenazas en África son la pérdida de sus hábitats y la caza furtiva incentivada por la demanda del marfil, procedente sobre todo de algunos países asiáticos.

En 1989, los Estados partes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) incluyeron al elefante africano y prohibieron el comercio internacional de marfil.

Pero esto no ha impedido que el número de estos animales en África haya disminuido un 60 % durante los últimos 50 años, lo que empujó a declararlos en peligro de extinción.

A pesar de ello, el ecosistema de Amboseli, uno de los más visitados de Kenia y que incluye una población de elefantes de aproximadamente 1.500 ejemplares, según el proyecto de investigación Amboseli Trust for Elephants, ha resistido, con un crecimiento «constante» de sus paquidermos desde la década de 1970.

Por todo ello, Papatiti concluye que su protección es «importante para el mundo entero».

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