Naturaleza

Microorganismos terrestres podrían sobrevivir en la Luna: la sombra cambia lo que creíamos imposible

La NASA localiza pequeños refugios en el polo sur lunar donde bacterias y hongos podrían resistir días o semanas: las futuras huellas humanas incluso podrían fabricar nuevos escondites para la vida.

Microorganismos terrestres podrían sobrevivir en la Luna: la sombra cambia lo que creíamos imposible

¿Y si los microbios de nuestras botas conquistasen la Luna antes que los propios astronautas? Un hallazgo científico acaba de desmontar la idea de que la superficie lunar es un desierto totalmente infértil e infranqueable, en el que no cabe ningún tipo de forma de vida.

La NASA ha descubierto que el polo sur esconde diminutos refugios sombreados capaces de esquivar la fortísima radiación solar. En estas grietas, tanto bacterias como hongos altamente resistentes podrían mantenerse en estado de latencia.

Lo preocupante es que estemos contaminando el cosmos sin saberlo, porque el verdadero peligro no es que estos especímenes muten o proliferen, sino que queden preservados intactos, quién sabe por cuánto tiempo.

El programa Artemis enfrenta ahora un dilema ético y científico sin precedentes. La huella humana en la Luna ya no solo se compone de metal y goma, sino que también dejará un rastro de vida invisible y quizá… indestructible.

Microorganismos terrestres podrían sobrevivir en la Luna y la misión Artemis se enfrenta a un dilema por ello

Si hubieran preguntado a un astrobiólogo hace unos años si alguna forma de vida terrestre sería capaz de sobrevivir en la superficie de la Luna, probablemente su respuesta habría sido que las condiciones —caracterizadas por una radiación ultravioleta implacable, el vacío de espacio y oscilaciones térmicas extremas— constituían una barrera insuperable.

Sin embargo, un nuevo estudio detallado de las condiciones ambientales en el polo sur de la Luna sugiere que este entorno podría ser considerablemente menos estéril de lo proyectado para ciertos microorganismos acompañantes de la exploración humana.

El trabajo, publicado recientemente en la revista Science Advances, ha sido liderado por un equipo de investigadores del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Utilizando modelos topográficos de alta resolución obtenidos mediante altimetría láser y mediciones térmicas del instrumento Diviner a bordo de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), los científicos simularon los niveles de radiación ultravioleta (UV) y temperatura a escala local.

Al cruzar estos mapas con los límites conocidos de tolerancia para cinco especies microbianas asociadas habitualmente a hábitats espaciales y salas limpias (entre ellas las bacterias Bacillus subtilisDeinococcus radiodurans y Staphylococcus aureus, así como los hongos Aspergillus niger y Fusarium), el equipo identificó áreas con sombra persistente y temperaturas moderadas donde estas especies podrían resistir.

La sombra que permitiría la ‘latencia’

La clave radica en la geometría solar de los polos lunares. Al incidir el Sol con ángulos muy bajos respecto al horizonte, la topografía de los cráteres crea microentornos donde la dosis acumulada de luz ultravioleta es drásticamente menor. En estos nichos protegidos, microorganismos resistentes como el hongo Aspergillus niger podrían sobrevivir durante varios días e incluso semanas en un estado de latencia.

El estudio subraya una distinción fundamental: supervivencia no equivale a crecimiento. En ausencia de agua líquida estable y una atmósfera densa, las células no pueden multiplicarse ni desarrollar metabolismo activo.

Sin embargo, la persistencia de células viables o esporas en el terreno implica que la vida microbiana introducida inadvertidamente durante las misiones podría conservar su capacidad reproductiva si fuera reubicada posteriormente en condiciones habitables.

“Comprender la existencia de estos nichos potencialmente aptos para la supervivencia microbiana es crucial para diseñar estrategias de exploración que protejan la integridad científica de la Luna”, señala Prabal Saxena, investigador del Centro Goddard de la NASA y autor principal del estudio.

“A medida que nos preparamos para una presencia humana continuada en el polo sur mediante el programa Artemis, el riesgo de contaminación orgánica cruzada cobra una relevancia sin precedentes”.

La misión Artemis y sus implicaciones

Las áreas evaluadas en la investigación incluyen sitios de aterrizaje candidatos para la misión Artemis III de la NASA, como las regiones de Nobile Rim y Connecting Ridge. En estas zonas, incluso las pequeñas depresiones creadas por huellas de botas, ruedas de rover o excavaciones de regolito podrían generar sombras a escala submétrica capaces de albergar microorganismos a salvo de la radiación directa.

Este hallazgo cuestiona los modelos tradicionales de contaminación hacia adelante en la Luna y sugiere la necesidad de revisar los protocolos de protección planetaria en las denominadas Regiones Sombra Permanente (PSR).

La presencia de material biológico latente o biomoléculas asociadas a la actividad humana podría dificultar la búsqueda de volátiles primordiales y compuestos orgánicos prebióticos preservados en el hielo lunar.

Al mismo tiempo, los autores destacan que estos nichos ofrecen una oportunidad única para estudiar la resistencia del material biológico en entornos extraterrestres como paso previo a la exploración de Marte.

La paradoja de que los microorganismos terrestres podrían sobrevivir en la Luna

La paradoja resulta extraordinaria: Microorganismos terrestres podrían sobrevivir en la Luna no porque nuestro satélite haya dejado de ser hostil, sino porque unos centímetros de sombra pueden cambiar radicalmente las reglas. Cráteres, depresiones e incluso futuras huellas de astronautas o ruedas de rovers podrían reducir la radiación ultravioleta hasta crear diminutos refugios para bacterias, hongos o esporas. No crecerían allí, pero sobrevivir ya sería suficiente para obligarnos a reconsiderar la imagen de una superficie lunar absolutamente estéril.

Y esa posibilidad llega justo cuando Artemis pretende devolver seres humanos al polo sur. Cada astronauta, vehículo o excavación llevará consigo una variable invisible: la contaminación biológica terrestre. Si esos microorganismos permanecen viables, podrían interferir en futuras investigaciones sobre hielo, moléculas orgánicas y compuestos prebióticos lunares.

El próximo gran desafío de la exploración quizá no consista únicamente en encontrar vida fuera de la Tierra, sino en algo mucho más delicado: asegurarnos de no confundir con vida extraterrestre la que nosotros mismos llevamos hasta allí.

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