El SDDR alcanzará el 90 % de recogida de envases en la UE en 2029, según las previsiones de la Asociación Europea de Sistemas de Depósito y Retorno (EDRSA).
Países como Dinamarca o Eslovaquia ya superan esa cifra, mientras España intensifica su preparación para desplegar un modelo que promete impulsar la economía circular y reducir el abandono de residuos.
El SDDR funciona mediante un pequeño depósito económico que el consumidor paga al comprar una bebida envasada y que recupera al devolver el envase vacío en los puntos habilitados.
La implantación generalizada del SDDR permitirá mejorar significativamente la calidad del material recogido, ya que los envases se recuperan de forma separada y en mejores condiciones para su reciclaje.
El SDDR alcanzará el 90 % de recogida de envases en la UE en 2029 y marca el ritmo de la economía circular
El sistema de depósito y retorno se consolida en Europa mientras España acelera su preparación para implantarlo a nivel nacional.
La tasa promedio de recolección de envases a través del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) alcanzará el 90 % en la Unión Europea en 2029, según las previsiones del presidente eslovaco de la Asociación Europea de SDDR (EDRSA), Marián Áč.
Países como Dinamarca o Eslovaquia ya superan de hecho este porcentaje, mientras que otros como Hungría, Austria, Rumanía o Irlanda «están cerca de lograrlo», ha certificado Áč durante el VIII Congreso de Desarrollo Sostenible organizado en Madrid por la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC) y la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB).
Este mecanismo de gestión de residuos cobra una pequeña fianza al consumidor por cada envase que adquiere y se la reintegra cuando devuelve el envase vacío en máquinas o establecimientos autorizados, lo que «fomenta la economía circular y reduce el abandono de residuos» en un proceso que «puede parecer sencillo pero en realidad es un proceso muy complejo que necesita mucho trabajo y organización».
Dinamarca y Eslovaquia ya superan el objetivo
El SDDR funciona desde hace decenios en algunos puntos de Europa como Noruega o Suecia mientras que todavía no está desplegado en otros a nivel nacional como sucede en España, aunque el país «se prepara intensamente» para ponerlo en marcha, según Áč.
Aunque los consumidores «tienden a colaborar y devolver las botellas», el presidente de EDRSA considera que «es importante persuadirlos no solo con la motivación financiera, sino por el valor ambiental adicional».
En ese sentido, el 87 % del material reciclado a través del sistema SDDR a lo largo de 2025 se destinó a la producción de nuevos envases y un 75 % a la producción de latas, ha añadido.
Establecer el valor adecuado del depósito es crucial para el correcto funcionamiento del sistema pues «en Noruega por ejemplo tienen un problema debido a la inflación y el precio del producto es muy superior al del depósito», lo que «reduce la motivación para el reciclaje».
El papel clave del consumidor y el valor del depósito
Países como Dinamarca o Eslovaquia ya superan esa cifra, mientras España intensifica su preparación para desplegar un modelo que promete impulsar la economía circular y reducir el abandono de residuos.
En realidad, «sin la colaboración del consumidor, no se puede alcanzar la eficiencia, ya sea con el SDDR o con cualquier otro sistema», ha apuntado en el mismo congreso el presidente de la FIAB, Mauricio García de Quevedo.
En el mismo foro, la exministra de Pesca, Agricultura y Medioambiente española, Isabel García Tejerina, se ha referido al reciente cambio de rumbo de la UE respecto al Pacto Verde Europeo (PVE) al asegurar: «La brújula de la competitividad le ha tomado el relevo, aunque manteniendo los objetivos y esperemos que el mismo grado de ambición».
Presentado en 2019 con el objetivo de que Europa pudiera ser el primer continente climáticamente neutro para 2050, el PVE impulsó a su juicio «una sostenibilidad imperfecta», ya que «relegaba todo lo demás a un segundo plano, cuando algo que caracteriza la sostenibilidad es el equilibrio entre los aspectos económicos, medioambientales y sociales».
De ahí el cambio de orientación por parte de Ursula von der Leyen, dice Tejerina, «que intenta corregir esa sostenibilidad desequilibrada» para potenciar una «prosperidad no solo sostenible, sino competitiva».
Para García Tejerina, el principal desafío europeo en este campo es ahora la electrificación de la economía, en busca de «la autonomía estratégica en materia energética en un contexto de incertidumbre agravado por la guerra» en Oriente Medio que entre otras cosas ha cerrado el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial.
De cara a 2029, el reto principal será coordinar normativas, infraestructuras y campañas de sensibilización en todos los Estados miembros. Seguir leyendo en RECICLAJE Y RESIDUOS.



















