Un equipo de paleontólogos ha descrito una nueva especie de carnívoro extinto a partir de fósiles recuperados en el yacimiento de Els Casots, en Subirats, dentro de la cuenca del Vallès-Penedès. Se llama Paludocyon moyasolai y vivió hace unos 15,9 millones de años, cuando esta zona de Barcelona era un paisaje cálido, húmedo y con lagos poco profundos.
La historia tiene un detalle importante. Aunque se le conoce de forma popular como «perro oso», no era ni un perro ni un oso como los actuales. Pertenecía a los anficiónidos, una familia ya desaparecida de mamíferos carnívoros que tuvo un papel muy importante en los ecosistemas del Cenozoico. Y eso cambia bastante la forma de mirar este fósil.
Un carnívoro olvidado
Los anficiónidos fueron depredadores muy variados. Algunos tenían una dentición más preparada para triturar alimentos, mientras que otros estaban más adaptados a comer carne. En el caso de Paludocyon, los investigadores hablan de una dentición relativamente hipercarnívora, con molares superiores fuertes y premolares reducidos.
En la práctica, esto significa que estamos ante un animal que probablemente cazaba con eficacia. El ICP explica que Paludocyon moyasolai habría sido un carnívoro de tamaño mediano y seguramente rápido, más pequeño y ágil que otro anficiónido del tamaño de un leopardo que también habitaba Els Casots, pero que todavía no ha sido descrito.
¿Qué comía? Los científicos apuntan a herbívoros de tamaño pequeño o mediano, como algunos ciervos, bóvidos y suidos pequeños. Dicho de otra manera, no era un gigante, pero sí uno de esos depredadores capaces de marcar el ritmo de un ecosistema. No es poca cosa.
Los dientes dieron la pista
El material que ha permitido describir la nueva especie incluye un cráneo parcial, bastante aplastado pero con buena parte de la dentición conservada, y un segundo molar inferior aislado. Los restos están depositados en el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, en Sabadell.
Aquí está la clave del hallazgo. Los paleontólogos no se han fijado solo en el tamaño del cráneo, sino sobre todo en la forma y proporción de los dientes. En P. moyasolai, el segundo molar superior era más ancho que el primero y el tercer molar superior estaba más desarrollado de lo habitual.
Estos rasgos no se habían visto en otras especies conocidas de Paludocyon. Por eso los investigadores concluyen que no se trata de un ejemplar raro de una especie ya descrita, sino de una especie nueva. A veces, una pieza dental pequeña cuenta una historia enorme.
Els Casots, una ventana al pasado
El yacimiento de Els Casots es uno de los grandes puntos de referencia para entender los vertebrados del Mioceno en el sureste de Europa. Fue descubierto en 1989, tuvo excavaciones sistemáticas hasta 1994 y los trabajos se retomaron en 2018. Desde entonces, el lugar ha seguido dando sorpresas.
Hasta ahora se han recuperado más de 5.000 restos de macrovertebrados, que representan cerca de 80 especies. Hay peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Es decir, no estamos ante un fósil aislado, sino ante una ventana bastante completa a un mundo que ya no existe.
El paisaje tampoco se parecía mucho al actual. La fauna, la flora y los sedimentos indican la presencia de un lago de agua dulce poco profundo, muy cerca de la costa y bajo condiciones cálidas asociadas al Óptimo Climático del Mioceno. De ahí viene también el nombre Paludocyon, que significa «perro de los humedales».
No era un simple apodo
Llamarlo «perro oso» ayuda a imaginarlo, pero también puede confundir. Estos animales no eran una mezcla entre perro y oso, ni un antepasado directo de ambos. Formaban su propia familia extinta dentro del orden de los carnívoros.
El apodo viene de su aspecto general y de algunas similitudes funcionales. Podían recordar a un cánido por ciertas proporciones del cuerpo y a un oso por otros rasgos, pero su historia evolutiva fue distinta. Algo parecido ocurre con muchos animales fósiles que reciben nombres populares para que podamos entenderlos mejor.
El problema es que esos nombres sencillos esconden una realidad más compleja. En este caso, los dientes muestran que Paludocyon moyasolai encaja dentro de una línea de anficiónidos con características propias. La etiqueta llama la atención, pero la ciencia está en los detalles.
El árbol familiar cambia
El estudio no se queda en describir una especie nueva. También revisa las relaciones evolutivas entre Paludocyon y Cynelos, otro género de anficiónidos que durante años ha agrupado especies con rasgos muy distintos.
El análisis filogenético indica que Cynelos es parafilético. En palabras más sencillas, eso significa que no todas las especies colocadas bajo ese nombre forman una familia evolutiva natural. Algunas estarían más cerca de Paludocyon que de otros Cynelos.
Por eso, el hallazgo obliga a ordenar mejor el árbol familiar de estos depredadores. Paludocyon moyasolai aparece como el miembro más antiguo y basal conocido del grupo Paludocyon. Es como encontrar una pieza que estaba en la caja equivocada y que, al colocarla bien, cambia parte del dibujo.
Un homenaje con historia
El nombre de la especie también tiene carga humana. moyasolai rinde homenaje a Salvador Moyà-Solà, una figura clave en la paleontología de vertebrados en la península ibérica y director fundador del ICP hasta 2017.
Además, su vínculo con Els Casots no es solo simbólico. Moyà-Solà impulsó las primeras campañas sistemáticas del yacimiento tras su descubrimiento, y los restos del cráneo que han permitido describir la nueva especie fueron recuperados en 1991, durante aquellas intervenciones iniciales.
Los autores lo resumen como un reconocimiento a su «maravillosa contribución al desarrollo de la paleomastología europea». Es una frase breve, pero dice mucho. Detrás de un fósil siempre hay roca, tiempo y también personas que supieron mirar donde otros solo veían piedras.
El estudio completo ha sido publicado en Journal of Mammalian Evolution.











